

No se desanime ante un mal momento, querido lector. ¿Quién no pasa por situaciones difíciles, trágicas e inexplicables? La muerte de un hijo, una terrible enfermedad, soledad... Son miles los males que nos rodean, y todos, sin excepción, tendremos que llevar una cruz en la vida. No olvide que Jesús la cargó... Sin ella no entraremos en el Cielo. Como cristianos, jamás debemos desanimarnos por un mal momento, pues junto a Dios surgen con frecuencia las más gloriosas victorias de aparentes derrotas. Tome en sus manos un crucifijo y fije sus ojos en Jesús. Él venció a todas las maldades del mundo clavado en una cruz mientras una muchedumbre le juzgaba como pura escoria. Imagino a los pobres apóstoles en ese terrible momento, pensando que todo estaba perdido. Sin embargo, la voluntad de Dios Padre (a veces imposible de entender desde nuestra pobre humanidad) es siempre mejor que la nuestra. Él siempre SABE MEJOR lo que nos conviene.
Hay una leyenda cristiana muy hermosa que ilustra lo que le digo. Cuenta que había una vez tres árboles en un bosque frondoso, y cuando la brisa mecía sus ramas, compartían sus sueños. El primer árbol dijo: "Yo un día seré un gran cofre y custodiaré el mayor tesoro que exista en el mundo". El segundo dijo: "Pues yo seré una nave grandiosa y llevaré al rey más importante del mundo. En mí surcará aguas violentas, pero ni la más horrible tormenta me hundirá". Y el tercero añadió: "Yo haré con mi madera algo tan importante que el mundo entero me venerará por siempre. Hasta las astillas querrán arrancar para conservarlas como algo único". Un día llegaron unos leñadores, talaron los árboles y vendieron la madera a un carpintero, que con el primer árbol hizo un pesebre, lo llenó de paja y lo colocó en una humilde cueva para resguardar animales. Con el segundo elaboró una barca que había encargado una familia de pescadores. Y del tercero hizo unos simples tablones, que abandonó al fondo de la carpintería y de los que nadie se acordó en muchísimos años. Los sueños de aquellos tres árboles se habían desmoronado... Todo parecía indicar que nunca servirían para nada importante.
Pasaron algunos años, y un día, un matrimonio muy humilde se refugió en la cueva donde se había colocado el pesebre para alimentar animales. La esposa, llamada María, estaba a punto de dar a luz. El esposo, José, muy pobre, no pudo encontrar un lugar digno para que naciera el Niño más importante de la humanidad: el hijo de Dios hecho hombre, Jesús de Nazaret. Y cuando al fin nació, su madre lo colocó en ese pobre pesebre. Pasaron 30 años, ese bebé creció y se hizo amigo de unos pescadores que habían heredado la barca hecha con el segundo árbol. Jesús subió muchas veces en ella, navegó y la utilizó para llevar al mundo el mensaje más importante de la historia: el de la eternidad junto a Dios.
Pero al poco tiempo, Jesús comenzó a ser odiado y calumniado... Y los hombres decidieron matar a Aquel que solo había traído luz al mundo de una manera horrible: haciendo una cruz y clavándolo en ella... Alguien dijo: "¡En casa de mi tío hay unos maderos abandonados! ¡Cojámoslos y crucifiquemos a este bandido! Total, no sirven para nada..." Y Jesús, Rey de Reyes, cargó con esa cruz, fue terriblemente clavado en ella y toda la humanidad fue salvada.
Querido lector: a veces somos esos árboles y creemos que solo servimos para leña... Pero nunca olvide que Dios nos ama tal y como somos. Solo abandónese en sus manos: Él sabrá hacer de usted su plan perfecto.