Abuso sexual infantil : es posible sanar las heridas

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Reconocer que existe el abuso sexual infantil es el primer paso para erradicarlo. Las víctimas han de saber que sí pueden curar sus heridas. Hay que mantener la esperanza.

Por Margarita García

Uno de cada cinco niños en Europa sufre algún tipo de agresión sexual. Este escalofriante dato se desveló en el último estudio del Consejo de Europa en materia de explotación y abuso sexual infantil, realizado en el año 2012. En España, el Ministerio del Interior reveló en el año 2011 que un 27 por ciento de las denuncias infantiles estaban relacionadas con las agresiones sexuales. Si estas cifras ya dan miedo, desgraciadamente solo conocemos entre un 10 y un 20 por ciento del total de los datos reales, sostiene Javier Urra, autor del libro SOS…Víctima de abusos sexuales (Ed. Pirámide).
Estaríamos, por tanto, ante una herida más grande de lo que pensamos, un delito que deja infancias rotas y rompe vínculos familiares. Porque, si hay algo en lo que coinciden todas las investigaciones es que entre el 85 y el 90 por ciento de los casos se producen en el entorno familiar. Según la psicóloga experta en sexualidad y relaciones de pareja, Olga Hernica, los culpables son hombres con apariencia normal, de entre treinta y cincuenta años, muchos de ellos víctimas, a su vez, de violencia o de abusos sexuales; o que han sufrido la ausencia de padre o han tenido una madre omnipresente. María José Mansilla, presidenta de Spei Mater, una asociación pública de fieles que ha iniciado un camino de sanación para las personas que ha sufrido este tipo de agresiones, va más allá: La mayoría de los abusadores surgen de la pornografía que es la que convierte al otro en un objeto y hace entender el sexo como violencia y posesión. Lo que está claro es que detrás del abusador hay una herida afectiva, y las consecuencias pueden salir por cualquier parte; el problema es que pocos piden ayuda”, sostiene Hernica.
Hablamos de un padre, un abuelo, un tío o, como le ocurrió a Víctor, que generosamente ha contado su testimonio a Misión, un primo, que fue el que abusó de él cuando tenía tan solo seis años.
Transmisión generacional
El abuso infantil tiene dos aliados: el silencio y el secreto, de ahí que ocurra como con los malos tratos y se dé un fenómeno de transmisión generacional que agrava el problema. Así lo cuenta Mansilla:  “Cuando en tu entorno familiar has vivido una manera de entender las relaciones familiares, inconscientemente buscas lo mismo en tu pareja. Una de las chicas a las que estoy acompañando se casó con un hombre que abusó de su hija; ella había sufrido abusos y su madre también, hasta que un día rompió con este círculo de horror. A esta mujer le extrañaban ciertas actitudes de su marido hacia su hija desde hacía meses, por ejemplo, que quisiera cambiarla siempre él. Fue el día en el que su marido le pegó cuando se le cayó la venda de los ojos. Bastaron un par de evidencias para confirmar que el padre estaba abusando de su propia hija de dos años.
Spei Mater ofreció a esta mujer un camino de sanación, no una terapia, indica Mansilla. La ayudamos a dar sentido al sufrimiento, a experimentar la mirada de Dios, a volver a quererse a sí misma.
Verdad y perdón
Una vez van saliendo los recuerdos, si no perdonas, la que está encadenada al abusador eres tú. El perdón es independiente de que el otro lo acepte o no, y, por supuesto, no tiene que ver con que el agresor vaya o no a la cárcel. Esto es lo que vivió Víctor cuando acudió a reconciliarse con su primo: Me dijo que el culpable era yo, pero en ese momento yo ya no necesitaba que él aceptara mi perdón, necesitaba liberarme del odio y del rencor que sentía hacía él.
Hernica es también la directora del centro de orientación familiar Reina de las Familias, en Las Rozas (Madrid), y, como terapeuta, no solo se encarga de que las personas descubran la mirada de Dios, sino también de tratar los daños colaterales de los abusos. De hecho, insiste Hernica, muchas de las personas que llegan a su consulta lo hacen por alguno de los problemas derivados de los abusos como trastornos en la alimentación o adicción o aversión al sexo, pero en ningún caso asocian estos trastornos con un abuso, casi siempre, porque ni siquiera los recuerdan. Pero empiezas a tirar del hilo y estos episodios salen a la luz, como si fueran un flashback.
Lo que ocurre después está relacionado con el trastorno de estrés postraumático. Las personas deben enfrentarse a esos recuerdos que la mente, por el trauma, ha dejado dormidos. En ese momento, el papel del terapeuta es clave. Hay que dar mucha confianza y estar cerca de estas personas”, añade Hernica, porque, al aflorar los recuerdos, sufren un proceso de revictimización, sienten lo mismo que vivieron en su día pero solo enfrentándose a la verdad se pueden curar.
Lo siguiente es tra-tar de perdonar a la madre que no vio o no quiso ver; al agresor, y, en muchos casos, reconoce Mansilla, incluso hay que ayudarles a perdonar a Dios, que permitió que eso sucediera en sus vidas. Otro de los mo-mentos clave es el perdón a uno mismo, pero, ¿por qué se sienten culpables las víctimas? En algunos casos, porque el propio agresor las hace sentir así con un si no fueras tan guapa…; en otros, por no haberlo denunciado por vergüenza o porque pensaban que nadie las creería; también, porque, al haber sido hiperestimuladas sexualmente tan pronto, no saben relacionarse con el otro sexo de otra forma. Sienten tal confusión que llegan a sentirse sucias y muy culpables, como si en el fondo lo hubiesen buscado.
Toda esta ruptura interior también la padecieron grandes santas de la Iglesia católica: santa Josefina Bhakhita, que fue maltratada y abusada, santa María Goretti, que recibió catorce puñaladas por resistirse a su abusador –a quien perdonó públicamente antes de morir–, o la niña beata Laura Vicuña, quien ofreció su vida y el acoso que sufría por parte de su padrastro para la conversión de su madre. Ellas, a pesar del dolor, vieron en su sufrimiento una íntima unión con Cristo y nos descubren, en el perdón al enemigo, su misión en este mundo.
No hay indicios indiscutibles que revelen el abuso sexual, pero, en general, estas son algunas de las conductas a las que debemos estar atentos:
1. Juegos que presenten conductas sexuales impropias para su edad, como tocamientos continuados de los genitales.
2. Retroceso en el comportamiento, por ejemplo, el niño que vuelve a hacerse pis encima después de mucho tiempo.
3. Cambios extremos en el comportamiento, como la pérdida de apetito, exceso de pesadillas, miedo a la oscuridad, agresividad poco común…
4. Bajo rendimiento escolar.
5. Rechazo enérgico a ir a la escuela o a algún lugar al que antes acudía sin problema.
6. Autolesiones o accidentes frecuentes.
7. Autoestima baja, dificultades para hacer amigos o miedo a los hombres sin razón   
Spei Mater es la asociación provida de la Iglesia católica con proyectos de curación del síndrome posaborto, así como con un servicio de acompañamiento a mujeres embarazadas en dificultades. Sin embargo, hace unos años, cuenta su presidenta, María José Mansilla, se dieron cuenta de que «cada vez que dábamos una charla sobre el síndrome posaborto, se acercaban varias personas pidiéndonos ayuda en cuanto a abusos sexuales». Es entonces cuando iniciaron este camino de oración asistida: “Los recuerdos que van saliendo y que tanto cuesta pronunciar surgen en la oración y, luego, los interpretamos en una sesión; el paso siguiente es todo el proceso de perdón». También algunas diócesis españolas, como la de Alcalá de Henares (Madrid), han puesto en marcha un servicio de asistencia pastoral para las posibles víctimas de abusos sexuales, vinculado al Centro Diocesano de Orientación Familiar. Más información: www.speimater.com y www.cofalcala.com.

 

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