Covadonga O’Shea, periodista, escritora y asesora de moda. “La forma de vestir refleja tu modo de pensar y de vivir”

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Fotografías: Dani García

Siempre elegante, de sonrisa franca, y con ese aire inconfundible del norte. Es Covadonga O’Shea a quien este verano visitamos en su casa de Madrid para repasar su vida, comenzando por sus inicios en el periodismo como directora de la revista Telva. Pero su auténtico leitmotiv son las personas con las que se ha cruzado y, sobre todo, sus amigos, entre los que se han contado personajes tan diversos como Amancio Ortega o Maria-Antonietta Macciocchi. No sorprende que su vida derribe prejuicios de un plumazo: se puede vestir bien y no tener ni un ápice de superficialidad; tener 82 años y estar llena de proyectos; o hacer buen periodismo sobre lo más trascendente del alma humana.

Por Isabel Molina Estrada
Covadonga O’Shea se ha codeado con personajes tan emblemáticos como Golda Meir o Margaret Thatcher. Y con otros tan decisivos para el rumbo de la historia del siglo XX como san Juan Pablo II o santa Teresa de Calcuta. De Bilbao, donde creció, se fue a La Sorbona (París). En ese momento no intuía el vuelco que daría su vida al regresar a España para estudiar Periodismo en Pamplona. Fue allí donde Dios la llamó para que le entregara su vida por completo:  “Todo el mundo sabe que soy del Opus Dei. Mi vocación la vi clarísima. Aunque ya tenía todo preparado para casarme, me lancé. De no haber sido así”, continúa, “seguiría tan tranquila en Las Arenas (Bilbao)”.
Al acabar la carrera de Periodismo le llamaron para trabajar en Telva.
Me animaron para venir a ayudar en Telva. Les dije: “¡Ni hablar! Una revista para la mujer no la voy a hacer”. Lo veía como algo ñoño porque venía de estudiar con chicos toda la carrera. Entonces los empresarios me  “engañaron”  diciéndome que iba a ser la subdirectora. Así que pensé:  “Lo de dirigir ya es otra cosa…”.  Yo había estudiado en París y conocía Marie Claire, Paris Match… Veía que se podía hacer una revista para la mujer que no fuera una cursilería. Lo que nunca pensé es que terminaría por meterme de cabeza.
Así que se enganchó…
Sí, porque era empezar algo que no existía y que yo conocía bien. Seguía la prensa de Francia, EE.UU., Inglaterra… y me encantaba. Y luego, en el 75, enfrentamos un gran desafío: hasta entonces Telva, que era única en España, ve cómo empiezan a llegar revistas como Elle, Vogue y Marie Claire  a  “comérsela” y todas con dinerales que nosotros no teníamos. Entonces dije:  “¡Más ingenio que dinero!”, y pusimos gente a pensar. Así nacieron los premios de moda que se dieron a todos los grandes del sector hasta hace poco.

“Cuando llegaron Elle, Vogue y Marie Claire, con dinerales que Telva no tenía, dije: ‘¡Más ingenio que dinero!’. Y pusimos gente a pensar”

Covadonga O’Shea posa para la revista Misión en el jardín de su casa en Madrid. Foto: Dani García
Además del ingenio, ¿cuál fue el secreto para sacar adelante una publicación femenina en los convulsos años de Mayo del 68?
El trabajo en equipo. Y buscar siempre lo mejor. Dábamos temas de interés general: cultura, viajes, cocina (que gustaba tanto a hombres como a mujeres)… Decíamos: “Telva es la revista que compra la mujer y lee el hombre”. El éxito era el contenido. La moda entonces era distinta. Empezamos a viajar a las pasarelas de París, de Londres… Lo que siempre agradeceré a la educación que recibí es que nunca vi el mundo con fronteras.
¿Cómo fue esa educación?
Tuve una madre a la que le interesó todo en la vida. En todo momento estaba con un libro en la mano. Nos empujó a aprender inglés, francés… Éramos siete hermanos; yo era la segunda. Mis padres me dieron una gran libertad, pero con la exigencia de aquel momento. No tuvimos ni medio capricho. Al mismo tiempo, recuerdo mi infancia y mi juventud como algo apasionante. A mi padre lo adoraba; me divertía muchísimo con él. Pienso que soy una mezcla entre la rama de origen irlandés de mi padre –divertido y simpático– y la rama intelectual de mi madre.
¿Qué más recuerda? ¿Cómo era el ambiente en su casa? 
Recuerdo una casa siempre llena de gente, entre nuestros amigos y los suyos…
Quizá ahí nació su pasión por las personas… Ha entrevistado a grandes personajes. ¿Alguno que le impactara especialmente?
Dorothy Crowfoot Hodgkin, Premio Nobel de Química en Londres. Una mujer Nobel ahora es normal, pero hace 55 años, no. Le dije que le quería hacer una foto y me dice: “¿A mí? No. El Premio me lo han dado a mí, pero lo hemos ganado todo el equipo. Si me hace la foto con ellos, entonces sí”. Recuerdo su cara, su gesto… Fue una de esas lecciones que se te quedan. Ahora quiero tener tiempo para repasar todos los Telva, desentrañar estas entrevistas, y preparar un libro con personajes de los siglos XX y XXI.
Veo que no para de trabajar…
Antes de la pandemia todas las maña­nas iba a mi estudio. Tengo varias ideas en la cabeza. Quiero rescatar esas entrevistas que hice a personajes tan interesantes como Margaret  Thatcher, antes de ser primera ministra del Reino Unido, o Louis Pauwels, director del Figaro Magazine, quien tenía una historia de conversión impresionante.
También habla a menudo de Coco Chanel. ¿Llegó a entrevistarla?
No llegué a entrevistarla. La vi un día detrás de los cristales de la que fue su primera tienda en París. Fue una ilusión verla porque es la modista a la que más admiro. Hizo una moda absolutamente femenina porque tenía un gran respeto a la mujer. En esa época hubo muy buenos creativos de moda, pero ella tenía un sentido profundo de la belleza. En su costura no había nada que desluciera. Por algo el estilo Chanel se mantiene.

“Con la ropa que llevas das sentido a lo que haces y muestras respeto por las personas”

A veces tendemos a ver la moda como algo superficial. ¿Por qué es importante vestir bien?
La moda no es solo dinero. Es buen gusto, es ganas de agradar a los demás. Una persona bien vestida y sencilla refleja una personalidad equilibrada. Hace muchos años nos pasábamos el verano ayudando a familias que no tenían de nada. ¿Pues cómo ibas allí? Con un vaquero, pero bien. No roto, porque les haces de menos. Con lo que llevas das sentido a lo que haces y muestras respeto por las personas. Si vas a ver a personas mayores, les encanta que vayas con cosas alegres. Así como la cara es reflejo del alma, la forma de vestir refleja tu modo de pensar y de vivir.
También conoció de cerca a grandes santos de nuestro tiempo: san Juan Pablo ii, santa Teresa de Calcuta y san Josemaría Escrivá. Este último incluso la asesoró en los comienzos de Telva.
San Josemaría Escrivá era lo más simpático que ha hecho Dios. Lo conocí mucho. Siempre que iba a las colecciones a Milán, pasaba por Roma. Era una persona abierta, a la que le interesaba todo. Decía cosas muy divertidas. Y le parecía que la moda era muy importante para mostrar el valor de la mujer.
En su libro La herencia de un santo (Temas de Hoy, 2006) sobre san Juan Pablo II, destaca que él daba la impresión de que “jamás había sentido temor a no caer simpático”. ¿De dónde le venía esa seguridad para no “pactar” con el mundo?
Primero, de su santidad.  Yo seguí su biografía y estuve en Polonia hablando con mucha gente que lo conoció. También hablé dos o tres veces con él.  Querría haberle hecho un libro entrevista, pero me dijeron que no. Me enfadé con toda la curia, pero entonces me dediqué a leer todo lo que había escrito y ahí se ve su forma de pensar, de actuar. Él iba siempre con la verdad por delante. Venía de un país comunista, así que sabía lo que era seguir la verdad, pasara lo que pasara. Y, luego, de la forma como rezaba. Esa simpatía y seriedad al mismo tiempo te mostraba que estaba absolutamente metido en Dios. Muchas veces, cuando lo buscaban, lo encontraban rezando. Pasaba noches enteras delante de la Virgen de Czestochowa tumbado en el suelo. Fue un personaje que Dios necesitó en ese momento de la Historia y él respondió.

Hemos repasado su faceta de periodista, de escritora… Luego creó una escuela de moda. ¿Cómo comenzó aquella aventura?
Cuando dejé Telva quería dedicarme a escribir, pero me llamaron de la Universidad de La Coruña para que les ayudara a preparar un máster de moda. Yo conocía a todos los modistos, los directivos de las empresas… Me pasé aquel año yendo y viniendo de Galicia. Un día, hablando con Amancio Ortega, me dice:  “Sería más fácil que hicieras esto en Madrid o en Barcelona”.  Y pensé:  “¿Por qué no?”. Llegué a Madrid y monté el Instituto Superior de Empresa y Moda (ISEM). ¡Una gozada!  Después de 12 años le dije a la Universidad de Navarra:  “Os dejo este legado”, y ellos lo cogieron.
Precisamente, uno de los libros con los que más se la identifica es la biografía autorizada de Amancio Ortega. ¿Conserva la amistad con él?
Le tengo un cariño inmenso y un enorme agradecimiento. Hace un gran bien a la sociedad ayudando a vestir a tanta gente, preparando a personas… Es un hombre generoso y con mucha cabeza. El día de su cumpleaños, 28 de marzo, le llamo siempre y nos reímos un rato. Este año lo noté pensativo. Le han criticado gentes –no digo nombres–, pero es un hombre de una gran sencillez. Durante la crisis sanitaria paró su producción y se puso a hacer mascarillas y uniformes para los sanitarios porque es consciente de que tiene que servir a la sociedad.

“Lo importante para hacer cosas que valgan la pena es que Dios te ayude. Yo sola no habría podido hacer nada”

Foto: Dani García
Antes de terminar, permítame preguntarle: una mujer tan ocupada, ¿de dónde saca tiempo para rezar?
Para rezar, ¡levántate pronto! Si te das cuenta de lo importante que es empezar tu día pidiendo fuerza a Quien te la puede dar, Le buscas.
Así que Dios ocupa su primer pensamiento cada día…
Dios me ha ayudado a entender que lo más importante para hacer cosas que valgan la pena es que Él te ayude. Yo sola no habría podido hacer nada. Por otro lado, eres muy feliz cuando Él es lo primero en tu vida. Yo he teni­do la suerte de hacer trabajos que me apasionaban y he trabajado con gente extraordinaria. Pero es cierto eso de que cuando haces lo que Dios quiere, te da el ciento por uno en esta vida, y luego en el Cielo (para esto espero tardar todavía un poquito). A mí el ciento por uno aquí ya me lo ha dado sin duda.
Puedes encontrar este artículo en el número 57 de la revista Misión.
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