Amigos de verdad en la época de WhatsApp

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De izquierda a derecha, Fernando, José, Pedro, Santiago y José María.
De izquierda a derecha, Fernando, José, Pedro, Santiago y José María.

Los datos muestran que, aunque estamos más conectados que nunca gracias a las tecnologías, en realidad nos sentimos solos e infelices. En la raíz del problema, dicen los expertos, está que los adultos hemos dejado de cultivar las verdaderas relaciones de amistad. Reconocer y cuidar a los auténticos amigos es una fuente de felicidad personal y social que no puede sustituir ningún contacto virtual.

Por José Antonio Méndez
Fotografía: Bespoke23

La muerte de su padre ocurrió en unas más que dramáticas circunstancias, que obligaron a Santiago a desplazarse desde Madrid hasta un inhóspito paraje de la serranía andaluza. “Para mí fue durísimo, porque además de perder a mi padre de una forma muy dolorosa, mi situación familiar estaba llena de heridas que volvieron a abrirse en ese momento”, cuenta para Misión. Pero, tan pronto como añade el siguiente detalle, la mirada se le ilumina: “Ese día, en el entierro de mi padre, cuando estaba totalmente hecho polvo, miré hacia atrás… y estaban ellos. Habían venido a toda prisa desde Madrid un día entre semana para no dejarme solo”. Ellos son Pedro, José María, José y Agustín, sus amigos desde hace décadas, con quienes come semanalmente para compartir su vida. Los mismos que le esperan a la mesa el día que nos cuentan su testimonio de amistad, y que entre risas de complicidad le ofrecen cuando llega un platito de queso… porque saben que es alérgico.
José María, Santiago y Pedro son amigos desde hace más de 30 años. Hace 12 se les sumó José, y Fernando hace algo más de dos. La verdadera amistad es selecta, “pero se alegra cuando llega un nuevo amigo que comparte lo que ya compartimos”, afirma el profesor Miguel Ortega.
Epidemia de soledad
La conversación que desgranamos con este grupo de amigos –en el que falta mencionar a Fernando, que aún no se había unido a ellos en las fechas de la muerte del padre de Santiago– muestra hasta qué punto es cierto que  “tener una buena amistad es una de las experiencias que más llena de plenitud a las personas, porque a un nivel profundo los buenos amigos nos enseñan a conocernos mejor, nos apoyan en los momentos de necesidad y nos dan seguridad”, en palabras de la psicóloga clínica María del Castillo.
Ahora bien, aunque todo el mundo reconoce lo bueno que es contar con amigos, los expertos alertan de que las redes sociales y los grupos de WhatsApp están sustituyendo, también entre los adultos, a las verdaderas amistades. Como resultado, hoy nos sentimos más solos, aislados y deprimidos.
Dos datos: según la OMS, España es ya el cuarto país de Europa con más casos de depresión, y países de nuestro entorno como Reino Unido han tenido que crear un Ministerio de la Soledad para abordar el aislamiento de sus ciudadanos.  “En teoría –apunta del Castillo, a la que siguen miles de personas en su cuenta de Instagram @mariadelcastillo.es por sus consejos sobre psicología–, las redes sociales vinieron para facilitarnos el cuidado de nuestras amistades, pero se ha demostrado que necesitamos el contacto directo con nuestros amigos. Solo así podemos sentirnos realmente, y no virtualmente, acompañados, queridos y apoyados”. Y añade:  “Cultivar la amistad es uno de los grandes antídotos contra la enfermedad del siglo xxi: la depresión”.

“Necesitamos el contacto directo con nuestros amigos. Solo así podemos sentirnos realmente, y no virtualmente, acompañados, queridos y apoyados”

Amigos, no conocidos
El profesor Miguel Ortega de la Fuente, experto en antropología, profesor de Humanidades y vicedecano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Francisco de Vitoria, matiza que merece la pena pararse a pensar si nuestros amigos lo son de verdad o si son amistades de bajo grado:  “Si lo que comparto es que vivo en el mismo edificio, que somos del mismo equipo de fútbol o que nuestros hijos van a la misma clase, pero nada más, nuestra amistad es muy pequeña. Y tener solo amistades superficiales va configurando personalidades complejas, en las que el centro es uno mismo y los demás se van convirtiendo en competidores. Sin amigos de verdad, la persona tiende a cerrarse sobre sí misma y a generar un mundo interior paralelo al real, en el que suele vivirse el resentimiento, la envidia, la profunda tristeza y la frialdad del corazón”.
Frente a esto, Ortega apuesta por atreverse a poner en juego las motivaciones profundas de nuestra vida: “Las grandes amistades se fraguan en torno a los grandes ideales y las grandes experiencias. Si lo que comparto es un gran ideal, aquello que me hace vibrar por dentro, lo que más me ilusiona y me hace feliz, entonces ese es mi gran amigo”.  “Por eso –añade– las amistades que surgen en torno a una vivencia y un compromiso serio con la fe son las amistades más fuertes, verdaderas y sanas”.
Agustín (izquierda) falleció hace dos años, tras sufrir un infarto cerebral que le dejó, primero en coma, y luego con una amnesia severa e irreversible. Durante sus últimos meses de vida, sus amigos le visitaban con frecuencia, se turnaban para estar con él y para cuidar de su hijo enfermo, y cada semana después de comer juntos, José María (derecha) iba a verle para contarle los detalles de la reunión.
Ingredientes de la amistad
Ese es el tipo de amistad que une a los amigos con quienes Misión se sienta a la mesa para preparar este reportaje. Y entre chascarrillos y anécdotas (como el día en que Pedro, aparejador, tuvo que dar a última hora una charla sobre “La Nulidad matrimonial en el Derecho Canónico”  ya que Santiago, abogado, no llegaba a tiempo para impartirla), van surgiendo los ingredientes que constituyen la auténtica amistad.
“Los amigos de verdad –explica Pedro– son una de las patas que sostiene tu vida. Una amistad auténtica, no de pacotilla, es capaz de decir y de escuchar todo, también lo incómodo. Un amigo de verdad es sincero no  porque diga lo primero que le venga a la cabeza, sino porque busca lo mejor para ti y porque no siempre te dice lo que quieres oír, sino lo que te va a construir mejor como persona”.  Y lo ilustra con un ejemplo:  “Si alguno cuenta algún problema de su matrimonio, ninguno de nosotros malmete contra su mujer, ni habla sin respeto. Al contrario, tratamos de que cada uno viva mejor su vocación”.
“Y para eso –añaden a dos bandas José y Fernando (ambos sacerdotes)– tienes que ser capaz de dos cosas: primero, abrir el corazón y contar las cosas profundas de tu vida, sin querer dar una imagen idealizada de ti; y segundo, acoger con muchísimo respeto lo que el amigo te cuenta. No puedes tratar una confidencia como si fuese una cosa de poca monta, ni puedes ir contándolo a otros”.
José María apunta otro matiz:  “Con un amigo de verdad te ríes y lo pasas bien, pero también puedes hablar de las cosas serias. Y al hacerlo, sabes que se va a interesar, pero no a entrometer. Un amigo se interesa por ti, pero no hurga para cotillear, ni trata de sonsacarte. A veces solo basta una mirada y ya lo entiendes todo”.

“Los buenos amigos nos dan seguridad, nos enseñan a conocernos y nos apoyan en la necesidad”

¿Cómo reconocer una amistad sana?
Muchas personas dejan de cultivar amistades por malas experiencias del pasado. Y no es extraño, porque hay ocasiones en las que una amistad deriva en una relación tóxica, de excesiva dependencia o con límites poco claros.
La psicóloga María del Castillo explica que “una amistad sana se puede reconocer con relativa facilidad con tres preguntas:
1. ¿Me siento libre? Las personas con las que tengo miedo a ser yo mismo o a expresar lo que pienso no se pueden considerar amistades verdaderas.
 2. ¿Me ayuda a crecer y a ser mejor persona? Si la relación se limita solo al intercambio de intereses, no es amistad plena, que requiere que ambas partes crezcan y se ayuden a ser mejores.
3. ¿Disfruto con esa persona? Un amigo te recarga las pilas. Puedes llegar apagado y saldrás confortado y con fuerzas renovadas. Si sientes un desgaste de energía (y no por el cansancio del plan compartido, sino a un nivel profundo), no estás ante un auténtico amigo”.

 

De derecha a izquierda, Fernando, José María, Pedro, Santiago y José. Desde hace años quedan semanalmente a comer para compartir su vida (y también su vida de fe).
Amigo real, tiempo real
El profesor Miguel Ortega destaca que, en plena era de lo virtual, “la amistad necesita tiempos reales. Es verdad que hay amigos que por circunstancias uno deja de ver en mucho tiempo y al verlos parece que estuviste ayer con ellos, pero eso implica que les has dedicado tiempo: a estar con ellos, a vivir experiencias con ellos y a sentir con ellos”.
La última palabra del grupo de amigos que nos ha sentado a su mesa se la brindamos a Agustín, que falleció hace algo más de dos años, después de un fatal accidente que le privó de la memoria en sus últimos meses de vida. Durante aquel tiempo, sus amigos estuvieron junto a él y su familia. Ahora, todos ellos coinciden en que  “Agustín es el que mejor hace lo que hacen los buenos amigos, los de verdad: nos cuida, se preocupa por nosotros, nos echa una mano… y nos pone delante de Dios”.

“Un amigo se interesa por ti, pero no hurga para cotillear, ni trata de sonsacarte. A veces solo basta una mirada y ya lo entiendes todo”

6 consejos para esta Navidad
La psicóloga María del Castillo y el profesor Miguel Ortega dan 6 consejos para cuidar a tus amigos esta Navidad:
1. Acepta sus límites. Ayúdales a ser mejores, pero no trates de cambiarlos. Disfruta con ellos tal como son. Sus características únicas enriquecen la relación que tenéis.
2. Dónate: La Navidad pasa volando y todos queremos tiempo para nosotros. Pero es un momento ideal para reforzar estos vínculos. No te encierres en ti mismo y recupera aquellas relaciones que no has podido cuidar últimamente.
3. Pide perdón: A veces no llamamos a una persona porque nos sentimos culpables de no habernos puesto en contacto durante mucho tiempo. Pero eso no arregla nada. Lo mejor es pedir disculpas y retomar la relación.
4. Ábrete: Para tener vínculos profundos no puedes dar solo tu parte superficial. Cuando veas que la persona es digna de confianza, arriésgate y muéstrate como eres. Las amistades que solo se mantienen en los buenos momentos no construyen vínculos profundos.
5. Recuerda para afianzar: Decía C.S. Lewis que “la amistad nace cuando una persona dice a otra: ¿Qué? ¿Tú también? Pensé que era el único”. Comparte con tus amigos algún momento en que ese “tú también” fue especial entre vosotros.
6. Comparte proyectos: La amistad no implica solo recordar el pasado, sino compartir el futuro. Hazles partícipes de tus decisiones para el nuevo año. Tal vez encontréis ocasión de hacer planes juntos.

 

Los amigos de mamá y papá
Cuando hablamos de cuidar las amistades solemos asociarlo a la niñez, la adolescencia o la juventud, cuando la vida social está más ligada al ocio y al sentimiento de grupo. Sin embargo, Miguel Ortega recuerda que cultivar las amistades es igual de importante cuando se es adulto. “En determinadas épocas se complica dedicar tiempo a los amigos, sobre todo cuando los hijos son pequeños. Pero en ese momento la amistad sigue siendo importante. Una casa en la que, habiendo niños, los amigos, con o sin hijos, son algo habitual, está preparando a los hijos a las amistades sanas”. Y lo mismo ocurre con el testimonio que dan los padres mayores a sus hijos adultos. El secreto está en que, en cada etapa de la vida, “hay que ser un poco creativos para buscar los momentos. Si el matrimonio ha entendido en plenitud lo que significa estar casados, es decir, crear una realidad abierta a otros, los amigos estarán presentes siempre”.

Puedes encontrar este artículo en el número 54 de la revista Misión.

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