Hablar de sexualidad con los hijos: amor sin cigüeñas

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familia feliz en un parque

Hablar de sexualidad con los hijos pequeños es cada vez más importante para una educación plena. Las imágenes de cigüeñas y abejas ya no sirven. Para contrarrestar la visión sórdida o ideologizada de la sexualidad, los padres deben enseñar a amar a sus hijos sin esperar a la adolescencia, a través de su ejemplo y sin limitarse a dar lecciones de anatomía.

Por José Antonio Méndez

Aquella mañana, Javi, de 9 años, volvió del recreo aturdido. Mientras jugaban, su compañero Daniel le había contado un montón de cosas sobre sexo de una forma tan sórdida y explícita que hasta incluía la dirección de varias web pornográficas. Al volver a su clase de 3.º de Primaria, Javi sintió la necesidad de desahogarse, así que se lo contó todo a Lucas, su compañero de pupitre, que se quedó tan impactado como él. El resto del día, ninguno de los dos logró concentrarse en clase. Cuando llegaron a casa estaban tan raros que, esa misma tarde, sus madres lograron que les contasen qué había pasado.
Aunque hayamos cambiado el nombre de los niños, el caso es real y ocurrió hace unas semanas en Zaragoza. Tan real como el caso de Pablo, a quien el curso pasado, cuando no había cumplido 7 años y estaba en 1.º de Primaria, le dieron una charla sobre “sexualidad y género”  en su colegio de Madrid. Sus padres no habían sido informados antes, ni después, y solo se enteraron porque Pablo les dijo que quería ir disfrazado al cole porque una profe les había dicho que podían vestirse  “como les diera la gana”  sin que  “nadie se lo pudiera impedir” . Cuando su madre habló con la tutora para pedir explicaciones, descubrió, además, que las charlas en 5.º y 6.º  habían incluido dinámicas sobre transexualidad, y que nadie del centro le podía dar detalles porque quienes habían impartido esas charlas habían pedido a los tutores salir del aula  “para no cohibir a los niños” .
La moraleja de ambas historias reales la resume el psicólogo Giovanni Alario, experto en educación afectivo y sexual en la infancia y director de Formación e Innovación Educativa en el colegio San Ignacio de Loyola, de Torrelodones (Madrid):  “Los padres tenemos que tener claro que no podemos esperar a la adolescencia para educar a nuestros hijos en afectividad y sexualidad, porque si no, otros lo harán en nuestro lugar” .
Y como en el caso de Javi, Lucas o Pablo, lo más probable es que si los padres no toman la iniciativa, los niños se verán asaltados (e indefensos) ante una visión reduccionista de la sexualidad, asilvestrada, puramente genital o permeada de ideología, en lugar de descubrir  “a través del ejemplo de cómo se aman sus padres, y de experiencias cotidianas, que la sexualidad es la experiencia más bella del ser humano y la expresión más alta del amor, que las personas queremos con el cuerpo porque el cuerpo no es un objeto ni un mero accidente, y que a través de la mirada amorosa de sus padres sobre ellos y sobre el mundo pueden comprender su dignidad, su valor y el sentido de su vida, que es querer y ser querido” , destaca Alario.
11 mensajes para enseñarles a amar. La educación de la afectividad y de la sexualidad no es un compartimento estanco, sino que se enmarca en la educación para el amor y “se basa en la sencillez de los hechos cotidianos, en la naturalidad y verdad del diálogo con los niños, y en la transmisión de medidas preventivas”, explica la doctora Nieves González Rico. Y propone 11 mensajes que los hijos van interiorizando:

  1. La vida es un regalo.
  2. Tus besos y tus abrazos valen infinito.
  3. Tu cuerpo es un tesoro y los tesoros se protegen.
  4. Nadie debe tocar tus genitales salvo el médico, y delante de los papás.
  5. Hay niños y niñas, y la diferencia es una suerte.
  6. No te quejes, mejor dime lo que necesitas.
  7. Tener un amigo es tener un tesoro.
  8. Puedes hacer muchas cosas buenas por los demás.
  9. En casa todo se puede hablar.
  10. Es de mayores y de valientes pedir ayuda.
  11. Cada día podemos volver a comenzar.
 
Amar y ser amados
Ahora bien, ¿cómo se habla de sexualidad y afectos a niños pequeños? La regla de oro es no conformarse con ejemplos sobre cigüeñas y abejas, o con una lección de ciencias naturales:  “La educación afectiva y sexual no se limita a conocer la anatomía masculina y femenina o la procreación, sino que trata de mostrar a los hijos que nacemos para amar y ser amados. Por eso, coincide con la educación para la auténtica felicidad, y hablamos de ella con nuestra vida y con el modo de relacionarnos con ellos, aunque no nos demos cuenta”, explica la doctora Nieves González Rico, médico, máster en Sexología, directora académica del Instituto Desarrollo y Persona de la Universidad Francisco de Vitoria y creadora del Programa Aprendamos a Amar, que llega cada año a más de veinte mil alumnos.
González Rico recuerda que los padres educan, sobre todo, con el ejemplo de cómo se relacionan con sus hijos y cómo se quieren entre sí:  “¡Afortunados los niños que, en medio de tantas rupturas, ven besándose o abrazados a sus padres! Al hacerlo, los padres les pueden decir: ‘Estoy en el mejor lugar de la casa (junto a papi o mami)’. Si son pequeños querrán introducirse en el abrazo, y si son más mayores, mirarán con discreción. Pero a los hijos siempre les hace bien ver que sus padres se quieren” . Eso sí,  “también hemos de propiciar momentos de diálogo sereno, breve, y aprovechar circunstancias cotidianas –como el rato del baño, un nuevo embarazo o una escena de la tele– para ir dándoles criterios y responder a sus dudas, apunta González Rico.
 
Educar con la vida
El psicólogo Jaime Serrada, experto en educación afectiva y sexual de la fundación Gift&Task, matiza que “la educación afectiva y la educación sexual deben ir de la mano, pero no son lo mismo” .  “La sexualidad no es un mero dato informativo que yo coloco, y ya está, sino que define mi forma de ser humano: soy varón o soy mujer, y lo soy para siempre y en todas mis dimensiones, mi forma de actuar, sentir, relacionarme… Y educar la afectividad es ordenar lo que te afecta: tus sentimientos, lo que te hace sufrir, lo que te hace feliz, qué decides hacer en cada momento…” , explica.
Serrada destaca que  “los afectos no están bien ordenados en los niños, por eso lo quieren todo y lo quieren ya, quieren comerse todo el chocolate sin compartir, jugar hasta que se caigan de sueño… La forma de educar sus afectos es a través de la experiencia:  ‘¿Ves qué bueno es esperar, ves qué bueno es que compartas, ves qué bueno es cuando perdonas, ves cómo sufres cuando te frustras…?  Nuestra tarea es ayudarles a que hagan experiencia de sus afectos e interpretarles sus actos, también en relación con los demás” . Por eso, señala Serrada, “es tan bueno educar los afectos en familia: lo que haces, aunque lo hagas solo, afecta al resto: si te saltas las normas de casa afecta a tus hermanos, si compartes tu alegría, la contagias, etc. ” . Una lección, claro, que deben aplicarse primero los propios padres.
Grandes errores. El psicólogo Giovanni Alario señala errores que transmiten una imagen incompleta del amor y los afectos.

  • Pensar que la educación afectivo-sexual se desarrolla solo en “charlas” puntuales, en lugar de hacerlo a través de las experiencias positivas vividas en la familia.
  • Creer que la educación afectivo-sexual es necesaria solo para nuestros hijos, pero que nosotros, como padres, ya estamos suficientemente formados. ¡Es un gran error!
  • Delegar tu responsabilidad en el colegio, en otros profesionales, en los influencers, en los youtubers… Si renuncias a educar, el mensaje que tú no trasmitas alguien se lo dará.
  • Transmitir una visión negativa de la sexualidad, concebida como un problema y teñida de aspectos negativos, miedos y preocupaciones excesivas.
  • Reducir la sexualidad al sexo y a las relaciones sexuales, a conductas morales o a exigencias de comportamiento para evitar riesgos.
  • Creer que solo es importante la sexualidad cuando se acerca la adolescencia, y resaltar solo la función procreativa de la sexualidad, sin su función unitiva en el matrimonio, como expresión física del amor.
  • Descuidar la comunicación corporal con nuestros hijos, sin poner atención a la expresión afectiva y a las emociones que ellos viven con el cuerpo.
  • Inhibir las expresiones de amor y los gestos físicos de afecto de los padres ante los hijos.
  • Evitar temas de conversación vinculados a la sexualidad, a la experiencia afectiva, al enamoramiento, a la atracción física… O bien, no responder a sus preguntas directas sobre la sexualidad, mentir y no ser honestos en nuestras respuestas.
  • Exponer a los hijos a personas desnudas, a imágenes o a vídeos con contenido afectivo y sexual sin un control sobre si el contenido es adecuado para su edad
niÒo niÒo lindo en mono azul de pie en la alfombra y tocar la cig¸eÒa decorativa aislado en blanco
Preparar la adolescencia
Ocuparse así de la educación afectiva y sexual desde la niñez ayuda a que el aterrizaje en la adolescencia sea lo más suave que permita el baile de hormonas.  “Al llegar la pubertad, si se ha educado de este modo, la pregunta ya no es qué hago con mi cuerpo y con el cuerpo del otro, sino quién soy yo y a qué estoy llamado: ¿a satisfacer mis deseos?, ¿solo a no cometer riesgos?, ¿a una continencia sana para un bien mayor?, ¿a usar a los demás en mi beneficio?, ¿a amar con generosidad?”, explica Jaime Serrada.
Y añade una idea básica para los padres que se sienten abrumados por la responsabilidad de enseñar a amar a sus hijos:  “Tú no tienes la respuesta total a la felicidad de tu hijo, porque no la tienes ni para ti mismo. Así que pide ayuda a la Gracia. Aunque te hayas formado y pidas ayuda a profesionales, cuando veas que no puedes más, delega en el Espíritu Santo, que es una fuerza que actúa de verdad. Tienes oportunidades nuevas para educarles durante toda la vida” .
En algún momento de la etapa que va de los 3 a los 9 años, suelen surgir “las cinco grandes preguntas” que todo niño se plantea con respecto a la sexualidad. Para que sepas responder sin enredarte, la doctora Nieves González Rico, autora de Hablemos de sexo con nuestros hijos (Palabra, 2008), da respuestas cortas con mensajes claros: 1. Mamá, ¿por qué los niños tienen colita y las niñas no tenemos? “Es verdad que los niños tienen una ‘colita’, que se llama ‘pene’ (combinamos su lenguaje coloquial con el científico), que les permite hacer pis con facilidad y algún día ser padres. Tú no tienes esa colita y nunca te va a salir, porque en tu cuerpo ya existen muchas cosas que se ven menos, que parecen un poco más escondidas, pero que son preciosas. Tienes también un agujero por el que sale el pis y, sobre todo, dentro de la barriga, bien guardado para que no se pueda dañar, tienes una especie de cuna preciosa, que se llama ‘útero‘, que algún día guardará durante nueve meses un bebé y te permitirá ser mamá”. 2 ¿De dónde vienen los niños? “El bebé es como una semilla que comienza a crecer en el cuerpo de la mamá, en esa cuna que se llama útero, muy cerca de su corazón”. 3 ¿Por dónde salen los bebés de la barriga? “Salen por un agujero especial que tenemos las madres que se llama ‘vagina’. La vagina es muy elástica, puede abrirse mucho para que nazca el niño y, luego, se queda de nuevo como estaba, como la goma del pelo de tu hermana, que puede abrirse y, si no tiene nada dentro, se queda más pequeña”. 4 ¿Y por dónde ha entrado en la barriga? ¿La semilla te la tragas? “No hijo/a, la semilla no se traga. Lo que sucede es que papá y mamá, como nos queremos mucho, nos abrazamos. Y, a veces, de un abrazo muy especial comienza a crecer dentro del cuerpo de la mamá la semillita”. Esta niña un día va paseando por el parque con su madre y ve a una pareja abrazándose y besándose, y ella comienza a gritar contenta de saber mucho: “¡Mira, mamá, están haciendo un niño!”. Y tú vas completando la información: “No están haciendo un niño, porque para eso hace falta que los dos estén desnudos y que el papá, con mucho cariño, dé a mamá un abrazo acercando el pene a su vulva. Papá dejará una semillita que subirá corriendo por la vagina de la mamá hasta encontrar a la que esta tiene guardada en su interior”. 5 ¿Por qué se besan? “Quizá esas preguntas (‘¿Qué hacen?’, ‘¿Por qué se besan?’) surgen en medio de los dibujos animados que está viendo en televisión, al aparecer una escena inapropiada que anuncia la película de la noche. La reacción nunca debe ser inicialmente: ‘¡Una cochinada!’, ya que transmitimos una visión negativa y represiva de la sexualidad. Siempre remitiremos a la verdad de una sexualidad plena: ‘Se besan porque se quieren y eso es muy bonito”. Y luego, con tranquilidad, si no nos parece oportuna la televisión, propondremos un cambio de actividad: ‘¿Te parece que nos pongamos a pintar unas escayolas?’. Seguro que, feliz, dirá que sí’.

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