Andorra es un lugar lleno de naturaleza y cultura donde, además, se encuentra uno de los cinco puntos de la Ruta Mariana: el Santuario de Meritxell. Misión ha recorrido, de la mano de Turismo y Peregrinaciones 2000, Ruta Mariana y Andorra Turismo, los encantos de este pequeño gran país.

Por Marta Peñalver / Fotografía: Javier Flamarique

El Principado de Andorra, en el corazón de los Pirineos, es el más grande de los Estados europeos pequeños. A pesar de ser conocido principalmente por el turismo de nieve y por constituir un paraíso para las compras, Andorra ofrece mucho más a sus visitantes: naturaleza, cultura y espiritualidad completan la oferta de este singular país.
Enclave cultural
Andorra sorprende por su gran riqueza cultural. A través de sus museos y monumentos podemos conocer su historia, sus tradiciones y su lado más espiritual.
Nuestra primera parada es la Casa de la Val, sede del Parlamento de Andorra hasta 2011, reconvertido hoy en un singular museo. En él destacan unos murales del siglo xvi donde se representa la Pasión de Cristo, así como una preciosa cocina original de la misma época que se conserva casi intacta.
A pesar de que Andorra ha sido tradicionalmente una región rural, en ella también se levantaron algunas majestuosas construcciones señoriales, como la casa museo de Areny-Plandolit, único ejemplo de este tipo de vivienda que se ha preservado hasta nuestros días, y que es hoy uno de sus museos más emblemáticos.
De la mano de sus estancias y su mobiliario podemos conocer los usos y costumbres de los nobles andorranos del siglo XVII.
Por su situación geográfica, Andorra ha sido durante muchos siglos un lugar de paso y, por ello, de intercambio y mezcla de culturas y estilos artísticos. Esto otorga al país un cariz único por la unión de influencias locales y foráneas.
Deporte todo el año
El enclave privilegiado en el que se encuentra Andorra permite practicar, todo el año, deportes de montaña como el esquí, el senderismo o la pesca, en unos parajes incompara­bles que ofrecen unas condiciones climáticas ideales: inviernos suaves y veranos templados.
Durante el verano, los tres dominios esquiables, Vallnord, Grandvalira y Naturlandia se convierten en escenarios ideales para las actividades de senderismo, bicicleta o vuelo libre. Además, para quienes quieran recorrer a fondo el país, Andorra cuenta con una red de refugios, en su mayoría gratuitos, donde los excursionistas pueden pasar la noche antes de continuar con su ruta.
Y para rematar un viaje diez, nada mejor que disfrutar de alguno de los famosos balnearios y baños termales del principado, o pasar un día de compras para aprovechar los precios ventajosos que ofrecen sus comercios.
Andorra es un destino maravilloso que vale la pena visitar para disfrutar de su naturaleza, su cultura y del Santuario de Meritxell, que ha sido, para Misión, el gran descubrimiento en este encantador país.
Patrimonio espiritual
Dentro de las fronteras del principado podemos encontrar más de 40 iglesias románicas, como la de Sant Martí de La Cortinada o la de Sant Corneli y Sant Cebrià, que conservan pinturas y retablos románicos originales del siglo XII.
Una de estas iglesias es la joya de corona del país: el Santuario de Meritxell, una obra maestra que fusiona el románico tradicional con la arquitectura moderna, y que es uno de los cinco templos de la Ruta Mariana junto a los del Pilar, Montserrat, Torreciudad y Lourdes.
Situada en el valle de Ordino, la basílica original dedicada a la patrona de Andorra ardió en 1972, y junto a los restos que aún se conservan de ella se levantó el templo actual, declarado basílica menor en 2014 por el Papa Francisco.
Cuenta la leyenda que un pastor encontró bajo un rosal una bella imagen de la Virgen y la llevo a una parroquia cercana. Por la mañana, la talla había desaparecido y la encontraron de nuevo bajo el rosal. Este hecho se repitió varias veces y los andorranos entendieron que aquel lugar era donde la Virgen quería estar, de modo que levantaron allí el santuario de Meritxell.
La iglesia original, un humilde templo románico de una sola nave, del que hoy se conserva una fachada y parte de los cimientos, dio paso al majestuoso santuario que podemos visitar hoy. Una preciosa construcción que se integra en el paisaje y que se configuró sobre tres pilares: fe, identidad y cultura. Su diseño está inspirado en varias corrientes artísticas: el toque románico, heredado del antiguo templo, se mezcla con el románico monumental de las regiones vecinas y con los vestigios del Renacimiento, que se adivinan por el blanco y el negro predominantes en el interior y por la distribución de la nave en forma de cruz griega.
El interior de la basílica es, si cabe, más impresionante que el exterior. La claridad de su construcción y la luz que se cuela por sus inmensos ventanales trasladan al visitante, como su propio nombre indica (la traducción de Meritxell es María del Cielo), al mismo cielo.
Pero lo que termina de conquistar a quienes visitan el santuario es sin duda la talla de la Virgen de Meritxell. A pesar de ser una reproducción de la original, ya que aquella que encontró el pastor se quemó en el incendio, la imagen es una maravilla del románico que no deja indiferente.

 

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