Virgen de covadonga, asturias, España

Con motivo del centenario de la coronación de la Virgen de Covadonga, en 1918, Asturias acoge a los peregrinos que deseen ganar la indulgencia plenaria y recordar, desde este enclave excepcional, que María es reina de nuestra vida.

Por Margarita García

 

Cuando el cardenal Roncalli, antes de ser Juan XXIII, peregrinó a Covadonga, definió este paraje como una  “una sonrisa de la naturaleza”. Y quien ha viajado hasta allí comprueba que este lugar es un derroche de belleza.
Así lo confirma el millón de personas, entre creyentes y no creyentes, que peregrinan cada año a este santuario en Cangas de Onís.
Pero este año Asturias se viste de fiesta por una triple razón: el centenario de la coronación canónica de la Virgen de Covadonga y del Niño que porta en brazos, el 1300 aniversario de la batalla de Covadonga que inició la reconquista, y el centenario de la declaración de las Montañas de Covadonga como Parque Nacional. Tres efemérides que han hecho de una celebración local una cita internacional. 
“Covadonga es un imán, porque aquí se bebe de la fuente original que es Jesucristo, y de su Madre”, señala el abad del santuario de Covadonga, Alfonso Mariño, e insiste en que “aquí nos espera nuestra Madre, que es como aquella que no ve a sus hijos durante el año, pero llegada la Navidad o el verano, ahí está aguardando”.
Para la archidiócesis de Oviedo, este Año Jubilar es un revulsivo y “una forma de potenciar nuestro trabajo, todo lo que siempre hemos hecho al amparo de María”.
El 8 de septiembre de 1918 fue coronada la Virgen de Covadonga junto con el Niño Jesús que porta en brazos. Fue el mismo año en que se cumplían 1200 años de la Batalla de Covadonga.
Según la tradición, la Virgen de Covagonda ayudó a los cristianos que, capitaneados por don Pelayo, luchaban contra las tropas musulmanas en la batalla que inició la reconquista y la posterior recuperación de los reinos cristianos de la Península. 
En Covadonga, hasta el 8 de septiembre, tenemos la posibilidad de ganar el jubileo con los requisitos que pide la Iglesia: peregrinar a la santa cueva, hacer una confesión, comulgar y orar por las intenciones del Papa.

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