Arte: Las Edades del Hombre

En los tiempos de Instagram y WhatsApp, la exposición de Las Edades del Hombre, este año bajo el título “Reconciliare”, es un aldabonazo a la conciencia, por su propuesta de contemplación silenciosa.

Por Santiago Menor

La muestra, que se puede disfrutar en la localidad segoviana de Cuéllar hasta el 12 de noviembre, invita a abandonar el postureo para mirarse en serio a sí mismo, al otro y a Dios a través de las mejores piezas del arte sacro de Castilla y León.

Las expertas en arte sacro Isabel Fernández Abad y María Eugenia García Bermejo, presidenta y responsable de formación de Nártex respectivamente, nos desvelan las características catequéticas de dos piezas esenciales de esta muestra: el Cristo del Perdón, de Luis Salvador Carmona, y una anónima Magdalena Penitente del siglo XVII.

Para abrazar con el corazón

Se considera al escultor Manuel Pereira creador de esta iconografía, que parece derivar de una estampa del Varón de Dolores grabada por Durero. No conservamos el original de Pereira, pero Luis Salvador Carmona nos dejó tres exquisitas versiones: las de La Granja (Segovia), Nava del Rey (Valladolid) y esta, de Atienza (Guadalajara).

La talla es considerada como un itinerario de la Pasión del Señor y, aunque no fue concebida para procesionar, su expresividad mueve tanto a la devoción que ha salido como paso a la calle. Puede ser contemplada desde numerosos puntos de vista, lo que invita a rodear la imagen, a abrazarla con la mirada y con el corazón para profundizar en su iconografía.

El verdadero discípulo

La Iglesia siempre ha venerado a los personajes evangélicos próximos a Jesús, entre ellos a santa María Magdalena. Hasta la Edad Media, la tradición cristiana occidental funde tres figuras: la Magdalena, a la que Jesús expulsó siete demonios y que asistiría a su crucifixión, sepultura y resurrección; la hermana de Marta y Lázaro, que ungió con perfume a los pies de Cristo; y la pecadora desconocida que también ungió a Jesús.

Esta obra anónima, llegada de la capilla de La Magdalena de la iglesia de San Miguel y San Julián de Valladolid, se asemeja a la famosa Magdalena penitente de Pedro de Mena. Muestra que un discípulo de Cristo es quien, consciente de su debilidad, tiene la humildad de pedirle ayuda, y de ahí nace la experiencia de ser curado por Él y el deseo de ser su testigo. Sumergirnos en su presencia es lo que nos hace cambiar, como a le sucedió a la Magdalena.

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