La gran aventura familiar de Rita Irasema

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Hablar de Rita Irasema es hablar, ineludiblemente, de la familia Aragón, la saga de artistas españoles más influyente en nuestro país, cuya historia bien podría definirse como la trama central de una novela de aventuras. La primera pregunta tiene que ver con su nombre artístico, y no se la hago yo, sino la fotógrafa.

Por Jesús García-Colomer
Fotografía: Miriam Robledo

¡Es mi nombre! Irasema es el nombre propio de una actriz que, profesionalmente, le gustaba mucho a mi padre, y me lo puso. Me llamo Rita Irasema y me apellido Aragón Álvarez.
En su familia, el mundo del espectáculo es lo cotidiano.
¡Claro! Por parte de abuelo paterno, somos la quinta generación, y por parte de abuela paterna, la octava.
Su padre, Miliki, fue de los pocos españoles conocidos que a ningún compatriota cayó mal.
Mis tíos y mi padre aprendieron a hacer un humor nada ofensivo. Nunca se metieron con nadie, ni con su orientación política, ni con sus defectos, ni con sus gustos… siempre pusieron mucho cuidado en hacer reír sin molestar.
¿Cómo es tener a un payaso como padre?
En casa era “padre”, pero siempre fue un hombre muy alegre, muy positivo, y eso que su vida no fue fácil. Se quedó huérfano de madre siendo niño, y de padre, con quince años. Se pasó la vida trabajando, viajando sin parar. Primero, se fue de España porque no había trabajo y después, de Cuba, por el castrismo. Luego salimos pitando también de Colombia, de México, de Nicaragua…Por eso, cuando formó su familia con mi madre, siempre quiso que estuviésemos muy unidos y que nuestra casa fuese nuestro remanso de paz.
¿Lo consiguió?
Sí, lo logró.
Con una vida tan itinerante como la suya y con cuatro hijos, ¿cómo lo hizo?
Proponiéndoselo. Para él fue una prioridad que estuviésemos muy unidos. Se empeñaba en que, cuando él estuviera en casa, estuviésemos con él. Pero no era agobiante. Él siempre estaba pendiente de qué nos gustaba y nos acompañaba en nuestras aficiones. Salvo con la música, que sí que fue un poco empeño suyo, y hoy se lo agradezco.
¿Recuerda algún elemento o momento que su padre usara para que pudiesen estar todos juntos?
Muchas cosas. La música, por ejemplo. Y ahora que lo pienso, me acuerdo de la comida. La gastronomía fue un punto de unión en casa. Compartir el rato de la comida, disfrutarlo… Le gustaba mucho cocinar y le gustaba mucho comer.
¿Cómo se conocieron sus padres?
Un día, en La Habana, una tía materna celebró una fiesta en casa. Allí estaba mi madre, con 12 años, y Miliki también andaba por allí, con 17. Ese día se conocieron. Años más tarde se enamoraron y se casaron. Ella tenía 18 y él, 23.
¡Qué jóvenes!
En aquella época era así, y yo creo que es lo ideal, porque te da tiempo a todo.
Lo que nos dicen ahora es que eso ha de ser casi lo último.
Yo creo que ha de ser lo primero, porque si tienes a tus hijos joven, tienes la energía y la fuerza suficiente para sacarlos adelante, y una vez que ya están un poco creciditos, cuando tienes cuarenta años y la experiencia de vida que te han dado la maternidad y la familia, puedes hacerlo todo, de verdad.
Lo dice una mujer que lleva trabajando desde niña.
Sí, y que ha sido esposa y madre jovencita, trabajadora, artista, que ha estudiado y que luego ha sido empresaria. Por eso te digo que, al final, si eres madre antes, te da tiempo a todo y disfrutas de la vida muchísimo más. Es mi opinión.
No ha perdido el tiempo en su vida.
¡Nosotros hemos sido unos currantes! Pero te digo que la mejor inversión de tiempo es la del que se dedica a los demás, en servicio a los otros y a tu familia.
Usted y dos de sus hermanos nacieron en La Habana, y la pequeña, en Chicago. ¿Se puede decir que su familia ha sido una familia de aventuras?
Diría que formar una familia es la aventura más maravillosa que puedes emprender. Yo soy hija de Miliki, pero mi aventura fue formar mi propia familia.
Pero hoy es muy difícil.
Lo sé, es complicado, pero mi padre, y seguramente los tuyos, tampoco lo tuvieron fácil. En realidad, no hay que preocuparse mucho. Hay que afrontar esta aventura con la confianza, en Dios y en la propia vida, de que las cosas se van sacando adelante, de verdad; no sin esfuerzo, pero sí con mucha alegría y con mucha satisfacción.
Ahora ya disfruta de ser abuela.
¡Sí, tengo dos nietos! Ahora que soy abuela, me paro a pensar y veo la belleza del poder que nos ha dado Dios de crear vida. Yo no digo que sea fácil, lo que digo es que se puede y que te da la mayor de las felicidades. Si tu meta es tener una familia, no te preocupes. Se puede. Con dificultad, como nos ha pasado a todos, pero teniendo la fuerza de la juventud, se disfruta mucho y se aprende y se ama mucho. Es difícil, pero el poder del amor puede con todo.
Antes me ha hablado de la confianza en Dios. ¿Qué significa la fe en su vida?
¡Todo! Dios lo es todo ahora mismo. Es lo que soporta y ordena mi vida. Yo tengo la experiencia suficiente para decir que la paz es un don de Dios. Si echamos a Dios de nuestras vidas, empiezan a pasar cosas anormales y perdemos la paz.
Entrevista a Rita Irasema en la revista Misión. Fotografía: Miriam Robledo
Su momento preferido del día: ¡Todos!
Un lugar que le gustaría visitar y no lo haya hecho: Montmichelle, en Francia, y Cassia, ciudad de Santa Rita.
Su mayor atrevimiento en la vida: ¡Han sido muchos! Hay que ser atrevido.
De haber ejercido otra profesión, ¿cuál le hubiera gustado?: Yo estoy muy contenta con la que he ejercido. Le doy muchas gracias a Dios porque me ha hecho música.
Un recuerdo de su infancia: Debutar en televisión con mi padre. Tenía 4 años. Fue en Cuba.
Una comida: Arroz con frijoles, picadillo y tortilla española.
Un payaso: Mi padre y mis tíos,
y también Laurel y Hardy.
Su mayor deseo en la vida: Hacer las cosas bien para el Señor y que nos veamos todos en el Cielo.
Los payasos de la tele marcaron a una generación entera de niños españoles allá por las décadas de los setenta y ochenta. Gaby, Fofó y Miliki fueron, en realidad, la séptima generación de una saga de artistas que se remonta a los inicios del siglo XIX. Pompoff, Thedy y Emig son los tíos y el padre, respectivamente, de los payasos de la tele, quienes recorrieron España y parte de Europa con diferentes espectáculos circenses a principios del siglo XX.
En 1939 se formó el trío de Gaby, Fofó y Miliki –hijos de Emig–, pero en la posguerra española no había trabajo y se fueron a Cuba. Un contrato de cuatro meses se convirtió en 27 años de trabajo ininterrumpido. En 1973 regresaron a España y se convirtieron, gracias a la televisión, en un fenómeno social.
A sus espectáculos se fueron incorporando sus hijos. Los más conocidos son Emilio Aragón y Rita Irasema, que con el paso del tiempo desarrollaron su carrera profesional en otras facetas del mundo del espectáculo, siempre vinculados a la televisión y a la música.
¿Siempre tuvo esa fe?
Creer en Dios siempre creí, pero la práctica de la religión era otra cosa. Todo cambió en el año 2000.
¿Qué pasó entonces?
Le pedí ayuda a la Virgen María. Clamé al Cielo, porque me moría, y la Virgen me dijo que Ella me sacaría de mi tristeza.
¿Qué tipo de tristeza?
Un vacío espiritual. A mí me iba muy bien en la vida. Tengo un marido extra­ordinario que siempre me ha amado mucho, unos hijos sensacionales, yo trabajaba entonces con mi padre… En fin, todo bien. Pero desde que tenía unos quince años, siempre fui muy infeliz por un vacío muy grande. Hasta que no pude más y la Virgen me respondió.
Lo dice como si la llamase al teléfono o entrase en su cocina a tomar un café.
¿Cómo es eso de que la Virgen María le respondió?
Ella tiene sus maneras de hacerse oír, pero lo primero es abrirse a Ella.
¿Cómo se produjo su vuelta a la práctica de la fe?
En ese año, empecé una travesía muy dura, en un desierto. Poco a poco, el Señor me fue dando algunos detalles y signos, personas que me hablaban de la alegría de ser cristianos. Me ayudó mucho el Diario de la Divina Misericordia, de santa Faustina. Más tarde, en 2004, fui a Medjugorje y allí te das cuenta, recibes la sabiduría necesaria para tomar conciencia de algo muy grande.
¿Qué es?
La acción de Dios, la presencia real y tangible de Cristo, la alegría de la Madre. Es impresionante, algo que todo el mundo debería conocer. Aunque también lo pasé muy mal antes de ir. Tuve muchas tentaciones de todo tipo.
¿Por qué?
Porque el demonio sabe que si vas a Medjugorje, te ha perdido. La Virgen gana esa batalla.
¿Cómo llevan sus hijos que su madre rece tanto?
Bien. Me ven más alegre, más disponible. Solo este hecho, el que se te vea más alegre, ya es un testimonio.
¿Cuál es el mayor testimonio que podemos dar los cristianos?
El amor es el testimonio. Y la alegría. Si tú amas mucho, los demás se van a pegar a ti, se van a dar cuenta, y te van a preguntar de dónde sacas esa forma de vida. Por tanto, para dar testimonio, ¿qué tengo que hacer? Amar.
¿Cómo se consigue eso?
Orando. La oración es la fuente del amor, porque es donde Dios nos llena de Su presencia.

 

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