Mi bebé: sus primeros sabores

El bebé cumple 6 meses y… ¡empieza la variedad! ¿Cómo introducir la pirámide alimenticia en su dieta, de modo que las comidas sean un momento de disfrute y no de estrés? Para ayudarte a lograrlo, hemos hablado con el Dr. Jorge Martínez, pediatra del Hospital Niño Jesús de Madrid.

Por Margarita García

Tras meses alimentándose solo de leche materna –o artificial, o ambas–, al medio año llega el momento de introducir en la dieta del bebé los demás alimentos que necesita para su crecimiento, y que al principio complementan al alimento principal que sigue siendo la leche.

Como explica el doctor Jorge Martínez, pediatra del Hospital Niño Jesús de Madrid, en su primer año de vida el bebé triplica su peso y crece unos 25 centímetros.

Para ayudarle en su desarrollo, a partir de los 4 meses algunos pediatras ya introducen papillas de cereales sin gluten o de frutas. Y a los 6, cuando el bebé sujeta la cabeza y es capaz de tragar sin problema, ya puedes sentarlo seguro en la trona y prepararle ricos purés.

Frutas y verduras.  “Por la tendencia del ser humano a este tipo de nutrientes, lo primero que debemos introducir serán los azúcares presentes en la fruta”, explica Martínez. Y después, las verduras. Ambos alimentos se introducen de forma progresiva, de uno en uno, y dejando de 3 a 5 días entre un alimento y otro para comprobar las posibles  intolerancias del bebé.

Más tarde, al puré le añadiremos proteínas en forma de carne, empezando por la ternera, que aporta más hierro que el resto de carnes. Disuelto en leche o junto con las frutas, se introducen entonces los cereales con gluten y los arroces.

La transición del triturado al sólido la va marcando el propio bebé por su manera de agarrar los objetos, si traga bien… Y pronto podrás probar a darle trozos grandes de algunas frutas o verduras, como el aguacate, que contiene gran aporte calórico y es muy tierno. Así le irás preparando para cuando llegue el momento de olvidarse de las papillas.

Sin agobios. El primer día no se tomará el puré entero… ni el segundo ni el tercero; por eso, no te agobies, mantén como base la leche y, progresivamente, pasará de 2-4 cucharadas al día a ¡varios purés y papillas al día!

Aprovecha y come sano. Aprovecha para darle a tu bebé incluso alimentos que a ti no te gustan y evita caer en la rutina de poner siempre patata y zanahoria. Algunos expertos explican que ofrecer al bebé un mismo alimento entre 10 y 15 veces es suficiente para que reconozca cada sabor.

Sal y azúcar. Cuanto más natural, mejor. El bebé está desarrollando sus papilas gustativas y necesita reconocer el sabor real de los alimentos para descubrir si le gustan. La sal y el azúcar transforman el sabor y además no son saludables a estas edades.

Potitos: alternativa ocasional

Una tarde con los abuelos o unas vacaciones en las que cocinar es tu última opción… ¿Son buena elección los preparados de fábrica?

Los potitos son “la respuesta de la industria a una necesidad –señala el pediatra Jorge Martínez, del Hospital Niño Jesús–, y los alimentos que llevan están sometidos a muy importantes controles de calidad. Por tanto, son una alternativa perfectamente válida”.

Algunos pediatras observan que los potitos son demasiado dulces o harinosos, pero la ley prohíbe que lleven sal o azúcares, y obliga a la industria a ajustarse a una receta, por lo que la dulzura vendrá del propio proceso de cocción de la fruta.

Con todo, el pensamiento más común es que cuantos menos potitos, mejor; sin embargo, el pediatra recomienda ajustar la frecuencia a las circunstancias.

Cocinándolos en casa se hace algo personalizado y más sano, pero “a veces, el punto del potito es el que gusta a nuestro hijo” y no hay que sentirse culpable por utilizarlos.

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