Chispazos de esperanza: canciones para romper el aislamiento

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Cuando el miedo y la incertidumbre intentaban apoderarse de nosotros, y las barreras del espacio y la distancia parecían muros infranqueables, miles de personas en España y alrededor del mundo levantaron su corazón, sus brazos y su voz para reinventar las formas de estar juntos, acompañar a quienes estaban solos y entregar su talento y su tiempo. Misión ha recogido esas  historias que han hecho relucir la grandeza humana. Historias para recordar.

Por Isabel Andino
¿Cómo llegar a los fieles cuando no pueden acudir a Misa? Por suerte, Dios se manifiesta sirviéndose de los canales más insospechados. Esto lo sabe muy bien Gabriel Benedicto, párroco de la iglesia Virgen de la Paloma, de Madrid. “El Señor nos abrió nuevos espacios y, cuando la gente nos pidió crear el canal de YouTube, me dije: ‘Veremos si Dios lo bendice’”, comenta. Y lo hizo: cerca de 5.000 personas confinadas por el coronavirus se han conectado diariamente a la Eucaristía, al Rosario, a las Vísperas y… ¡a los conciertos! Sí, porque, ¿qué mejor forma de llevar la alegría a los que tienen que vivir aislados que la música?
Eso pensó el padre Gabriel el primer día que los ciudadanos salieron a los balcones a ovacionar al personal sanitario. “A los sacerdotes esto nos sorprendió gratamente. Te da un vuelco el corazón y reconoces algo que nos une: estamos juntos dando gracias, cuando siempre estamos separados y quejándonos. No tuve duda de que era algo que venía de Dios. Me levantó el ánimo y así surgió la idea de sumarnos a esta acción de gracias que está por encima de diferencias y partidismos, que es auténtica, que sale del corazón. Y dijimos: tenemos que cantar”, explica.
“Se iban sumando los vecinos que nos acompañaban y nos hemos ido uniendo más a través de esta mirada” 
A partir del día siguiente, guitarra en mano, con micrófonos y atriles para las partituras de un amplio repertorio musical, los sacerdotes Gabriel Benedicto y Alejandro Aravena, y el joven Samuel Galindo comenzaron a salir cada tarde a los balcones y a la puerta de la iglesia a darlo todo en estos miniconciertos, que después han ofrecido en versión más larga y divertida desde dentro de la parroquia. Un gesto que ha traspasado fronteras, y que ha sido noticia incluso fuera de España.
“La respuesta vecinal ha sido de agradecimiento. Se iban sumando los vecinos que nos acompañaban y nos hemos ido uniendo más a través de esta mirada. Era un momento bonito que rompía el aislamiento, la tristeza y el cansancio, y que de alguna manera nos decía a todos que no estamos solos”, asegura el sacerdote, que confía en que esta iniciativa haya ayudado a los vecinos “a esperar otro mañana y a confiar más en Dios y en la Virgen”.

Puedes encontrar este artículo en el número 56 de la revista Misión

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