Cine: Fátima y Pinocho

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Por Juan Orellana

FÁTIMA

El director italiano Marco Pontecorvo dirige la enésima adaptación cinematográfica de las apariciones de la Virgen en Fátima (Portugal) en 1917. Supone una actualización sincera de aquellos sucesos milagrosos, contados a través del profesor Nichols, un personaje agnóstico que interpreta Harvey Keitel, y que mantiene una serie de conversaciones con una anciana sor Lucía,encarnada por Sonia Braga. Esta coproducción entre Portugal y EE.UU. recrea con clasicismo y devoción nada dulzona la moderna tensión entre religiosidad y positivismo, entre fe y laicismo, en un contexto político e ideológico tan extremado como el de aquellos años.
La española Stephanie Gil interpreta con naturalidad y empatía a la pequeña pastora Lucía, y el veterano actor luso Joaquim de Almeida al párroco de la aldea. La elegancia de la película también se plasma en la dirección artística de época, muy cuidada por Cristina Onori –decoradora de la serie Roma–, y en la fotografía de Vincenzo Carpineta, que combina el naturalismo con cierto halo de misterio.
No podemos pasar por alto a Barbara Nicolosi, la coguionista del filme junto a Valerio D’Annunzio. Es una de las guionistas católicas más activas de Hollywood. Fue consultora de Mel Gibson para La pasión de Cristo, guionista de la aún no estrenada María, madre de Cristo, y organizadora de un sinfín de seminarios y charlas de prestigio internacional. Es una alegría que se estrene una película familiar que aborde sin complejos ni concesiones a la galería una historia que ha generado una de las devociones marianas más importantes en la Iglesia contemporánea.  

PINOCHO

Se estrena otra película también recurrente en la historia del cine. Esta adaptación del clásico cuento de Collodi cuenta con un director que sorprende, Matteo Garrone, asociado a un cine social duro. Garrone consigue que Pinocho, sin dejar de ser un cuento moral infantil, tenga una entidad narrativa y dramática nada pueril.
El diseño imaginativo de los personajes, animados digitalmente, es brillante y creativo, especialmente en el caso del propio Pinocho. Personajes como el Grillo se distancian enormemente de la imaginería clásica de Walt Disney, y la compañía de marionetas es francamente original. Pero lo que satisface especialmente es la elección de Roberto Benigni para el papel de Geppetto, ya que logra transmitir la sencillez de alma de un hombre pobre y solitario, la ternura de un buen padre y el corazón agradecido de quien no tiene nada propio. La película nos cuenta, en Geppetto, lo que es un educador, siempre dispuesto a acoger y perdonar; y en el hada, lo que es la dinámica de la gracia, que nos permite siempre volver a empezar. Para toda la familia.
Puedes encontrar este artículo en el número 57 de la revista Misión.
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