Cuando la cigüeña llega antes de tiempo

El 3 de diciembre se celebra el Día del Niño Prematuro. Por el tiempo que les falta de desarrollo intrauterino, estos pequeños se enfrentan a la amenaza de tener discapacidades físicas, neurológicas, de aprendizaje… Sin embargo, esta situación se afronta cada vez con mejores resultados.

Por Blanca Ruiz Antón

Todos esperaban a Rafa, pero nadie imaginó que llegara tan pronto. Ni siquiera su madre, Rocío Docavo, que dio a luz a su hijo de 25 semanas de gestación, cuando los médicos indican que el límite de la viabilidad de un neonato fuera del útero son 24 semanas.  “Se me rompió la bolsa, ingresé en el hospital y en cuestión de cuatro días Rafa ya había nacido. Pesó 850 gramos”, cuenta Rocío a Misión.

Así comenzó para el pequeño una carrera de fondo en la que, como precisa Rocío, “ha sido fundamental el apoyo de mi marido, de nuestras familias… y de Dios. Gracias a ellos siempre hemos podido pensar que Rafa saldría adelante, a pesar de todas las dificultades”.

Su hijo es uno de los 15 millones de niños que, cada año, nacen en todo el mundo antes de la semana 37 de gestación. Según la Organización Mundial de la Salud no es posible predecir un parto prematuro porque se desconocen las causas exactas que lo provocan. Lo que la Medicina sí tiene claro son los riesgos a los que se enfrentan estos bebés, a los que la cigüeña trae antes de lo previsto.

Lactancia de Oro

Si para cualquier bebé la leche de su madre es el mejor alimento posible, para un prematuro “se trata de oro”, dice Rocío Docavo. Y por eso reclama “un mayor apoyo a la lactancia” y “que en los hospitales se enseñe a las madres a dar el pecho a sus hijos que son tan pequeños, porque en muchos casos necesitan oxígeno mientras comen y no es nada sencillo”, asegura.

Hasta el oxígeno daña

Cuando un niño nace antes de la semana 37 (al nacer en la 25, Rafa fue extremadamente prematuro), su organismo no está desarrollado ni preparado para la vida extrauterina.

Según explica Valentí Alsina, pediatra de la Clínica Universidad de Navarra, “los principales problemas a los que se enfrentan estos niños provienen de la inmadurez de sus órganos. Esto hace que sean más sensibles a los estímulos externos, e incluso el oxígeno ambiental puede dañarles”. La falta de maduración pulmonar, la formación deficiente de la retina, o la deformación de la cabeza son problemas muy frecuentes.  Y junto a los riesgos por el bajo peso, estas situaciones pueden provocar la muerte del bebé.

Rocío explica que durante “los primeros días, los médicos te recuerdan que el bebé puede morir en cualquier momento, y te hablan de las posibles secuelas. Tienen que advertirte porque es su obligación, y esto te causa un sufrimiento enorme”. Por eso, tras el nacimiento de Rafa, Rocío fundó la Asociación de Padres de Niños Prematuros de Almería (APREAL) para proporcionar la información y el apoyo que ella no encontró y, “sobre todo, para animar a los padres y decirles que, a pesar de las dificultades, el niño también puede salir adelante”.

 

Dios en el día a día

Para Rocío y su marido, “la fe fue determinante, porque sabíamos que la vida de Rafa estaba en manos de Dios y no en las nuestras. Rezamos muchísimo y siempre confiamos en que todo saldría bien, a pesar de que las noticias no siempre eran alentadoras. Podía pasar cualquier cosa, incluso Rafa se podía morir, pero mantuvimos la esperanza porque Dios sabe más”. Ahora recuerda que “ese tiempo fue durísimo, pero me enseñó a no sufrir por adelantado, sino a vivir (y sufrir) el presente, que ya es bastante. Abandonarnos nosotros, y a nuestro hijo, que es lo que más queremos, en las manos de Dios y en su amor, fue clave”, recuerda.

Además, Rocío subraya la importancia del apoyo de su familia y amigos, que “crearon en torno a nosotros una red en la que todos estaban siempre dispuestos a lo que hiciera falta”.

Así, el matrimonio pudo centrarse en Rafa, pues junto al tratamiento médico, en las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales se recomienda que “los padres se involucren en el cuidado del niño, aunque a veces les dé miedo”, asegura el doctor Alsina. “Es muy importante hacerles partícipes y que colaboren en cambiar pañales, alimentarlo…Y también aplicar el método canguro, que pone a la madre o al padre en contacto directo con el bebé, calma al niño y evita que tenga apneas”, afirma el pediatra.

“Una de las cosas en las que más hincapié hacemos en la Asociación –explica Rocío–, es que la zona de las incubadoras sea un lugar acogedor, en el que poder estar tranquilo con tu bebé, que es quien más te necesita”. Un lugar en el que también recordar, en esos momentos de gran desgaste para la familia, que la vuelta a casa cada día está más cerca.

 

La vuelta a casa

Rafa estuvo tres meses en el hospital hasta que le dieron el alta definitiva. Aunque “ya pesaba 2,5 kilos, aún necesitaba oxígeno cuando comía, porque no coordinaba bien”, explica Rocío. Hoy madre e hijo posan para Misión juntos y sonrientes en su casa de Almería, donde ella pone en práctica los ejercicios de estimulación temprana que le recomiendan en las sesiones de rehabilitación a las que Rafa va cinco días por semana.

“Muchas secuelas que hace pocos años eran permanentes –explica Alsina–, hoy se superan con una buena estimulación sensorial, auditiva, psicomotriz…”.  Y las sonrisas de Rafa y Rocío son el mejor testimonio de que, con los cuidados necesarios y el amor de los padres, un bebé prematuro puede ser tan sano y feliz como cualquier niño.

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