Protección y cuidados para tu audición

 

La irritabilidad, la ansiedad y la agresividad son algunas de las principales consecuencias de soportar ruidos por encima de 65 decibelios, según un estudio elaborado por GAES.

Por Margarita García

Audición

¿Subes con frecuencia el volumen del televisor? ¿Comienzas a no entender las conversaciones con ruido de fondo? Puede que sea el momento de revisar tu audición, y da igual la edad que tengas porque, según Beatriz Villarreal, Técnico en Audiología Protésica de GAES, hasta hace poco las revisiones se recomendaban a partir de los 60 años, y “cada vez más personas acuden a revisarse con 40 años”.

 

Hablamos demasiado alto

Según el último estudio sobre el ruido en España, elaborado por GAES, para un 77 por ciento de los encuestados, los españoles hablamos demasiado alto, por lo que la principal recomendación para el día a día es bajar el volumen de voz.

Aunque no lo parezca, sonidos tan cotidianos como el del secador de pelo o el del tráfico van mellando poco a poco nuestra audición.

Estos ruidos no solo afectan a nuestra capacidad auditiva, sino que, como confirman 1 de cada 3 encuestados, inciden en el ánimo. Y los expertos están de acuerdo: los sonidos por encima de 65 decibelios –el máximo recomendado por la OMS– incrementan la irritabilidad, pueden causar ansiedad, “afectan a nuestra capacidad de atención y provocan trastornos en el aprendizaje y la memoria”, afirma Francesc Carreño, director de audiología y calidad de GAES.

Del estudio también se desprenden datos como que los ruidos más odiados por los encuestados son las obras de la calle y las llevadas a cabo por vecinos, y el tráfico; mientras que los más relajantes y que afectan positivamente al estado de ánimo son el mar, la montaña… y el silencio.

 

Prótesis

Cuando la pérdida de audición es una realidad irreversible, lo mejor es recurrir a unas prótesis auditivas. En estos casos, lo más importante, señala Beatriz Villarreal, es un diagnóstico lo más precoz posible, pues “este déficit sensorial repercute directamente en el lenguaje y condiciona nuestra vida personal y social; de manera especial en los niños, ya que dificulta su desarrollo lingüístico y su formación académica”.

 

Evita tocar el claxon

Desde GAES, la invitación es adquirir hábitos que ayuden a disminuir los niveles de ruido en el día a día, y protegernos, por ejemplo, con tapones, siempre que sea necesario, para “preservar nuestra capacidad de audición y el buen estado de ánimo”, señala Carreño.

Hay muchas conductas que podemos –y debemos– cambiar, por ejemplo, no tocar el claxon salvo cuando sea imprescindible, cuidar el volumen de la música durante una celebración en casa, o moderar el tono de las conversaciones en la oficina para evitar molestar y distraer a los compañeros de trabajo.

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