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Aunque la incultura religiosa se empeñe en presentar a Jesucristo como un mito religioso, la arqueología y la ciencia demuestran que existió, y que su Pasión, Muerte y Resurrección, como el resto del Evangelio, lejos de ser un invento, son hechos históricos, verosímiles y razonables.

Por José Antonio Méndez. Con la asesoría de Chema Alejos, profesor de Teología y Antropología de la Universidad Francisco de Vitoria

¿Hay pruebas de que Jesús fue real, o es un mito religioso como otros?

Ningún historiador duda de la existencia de Jesús. Además de las fuentes cristianas, historiadores paganos de los siglos I y II como Flavio Josefo (judío), los romanos Tácito, Suetonio y Plinio el joven; el griego Celso o el sirio Mara Bar-Serapión; textos no cristianos como el Talmud; y numerosos hallazgos arqueológicos confirman que existió y que sus seguidores lo consideraban el Mesías, en griego, Cristo.

¿Su nacimiento virginal es histórico o “cristianizó” una idea pagana?

En otras culturas hay mitos que nacen de una virgen o sin contacto sexual, pero con enormes diferencias respecto a Jesús: hijos de dioses inseminados a través de la lluvia (Perseo), bebés que surgen espontáneamente (Shiva y Mitra), hijos de diosas que resucitan a sus maridos y quedan embarazadas (Orus)…

Para los judíos, el nacimiento virginal del Mesías estaba profetizado en Isaías. Lo excepcional en Jesús es que este hecho fue verificable por las primeras comunidades, pues María vivía con ellos, y la concepción virginal de Jesús no es una idea tardía, sino presente ya entre los primeros cristianos, vecinos y familiares de la Virgen.

¿Su pasión, muerte y resurrección pueden ser invento de sus seguidores?

De no haber ocurrido, sería ilógico que sus seguidores hubiesen presentado a un Mesías derrotado, condenado por hereje y ejecutado como un criminal; que sostuviesen un discurso tan increíble como la resurrección, hasta ser capaces de morir por ello; y que pasasen del miedo al riesgo de la predicación.

Además, los judíos no creían en la resurrección “individual”, sino colectiva, por lo que su discurso no entraba en su tradición religiosa.

¿Pero hay pruebas de la resurrección?

Creer en la resurrección de Jesús es el fundamento de la fe cristiana y, por tanto, no es evidente por sí mismo: exige dar el salto de “creer”. Sin embargo, no es una creencia absurda: de no haber resucitado Jesús y no haberse presentado ante numerosos testigos oculares (miles, según el Evangelio), ¿habrían llegado los apóstoles hasta el martirio?, ¿habrían perdido el miedo a anunciar el Evangelio por todo el mundo?, ¿habrían conservado reliquias de la Pasión y mantenido el culto donde mataron a Jesús, como si hoy conservásemos las balas que mataron a un ser querido? Y eso, excluyendo la Sábana Santa como posible prueba científica.

¿El Evangelio es histórico o alegoría?

Los Evangelios son textos históricos, pero no como un libro actual de Historia: contienen datos históricos, geográficos y culturales, pero no buscan aportar simple información, sino que recogen lo que los apóstoles estaban transmitiendo de forma oral, para dar a conocer lo que sucedió en un tiempo determinado, en una zona concreta, alrededor de una persona real.

Arqueología y ciencia, ¿desmontan o confirman los Evangelios?

La arqueología ratifica los lugares históricos donde sucedieron los hechos narrados en los Evangelios, y también que existen en ellos vestigios de culto cristiano, contemporáneos incluso de los apóstoles. Así ocurre en el Cenáculo, el lugar de la crucifixión, la aldea de Nazaret, descubierta hace pocas décadas…

Por ejemplo, el dato arqueológico de la cueva de Belén lo regalaron los romanos que buscaban acabar con el cristianismo: al ver que los cristianos peregrinaban a una gruta de Belén, construyeron sobre ella un templo a Apolo, marcando el lugar exacto donde, siglos después, se halló el primitivo lugar del nacimiento.

¿De cuándo es la copia más antigua que tenemos de los Evangelios?

La copia completa más antigua es el Códice 01 Sinaítico, escrita entre el 330 d.C y el 350 d.C. Sin embargo, hay miles de fragmentos datados en fechas muy próximas a Jesús. Estudiosos como O’Callaghan y Thiede afirman que en el año 50 ya había textos de san Pablo y de los Evangelios entre la comunidad cristiana; y, por ejemplo, el Papiro P52 de Qumrán, con el texto más antiguo del Evangelio de Juan, es ¡como mucho! del año 125.

¿Esa distancia entre la vida de Jesús y los escritos más antiguos es normal?

Por desgracia, no conservamos los originales completos de los Evangelios, como ningún otro original del mundo antiguo (de Aristóteles, Sócrates, Julio César…), pues el papiro es un material muy frágil.

Pero si contrastamos los escritos más antiguos del Evangelio, los Hechos o las cartas de Pablo, la distancia, en muchos casos, es de solo 30 años respecto a la muerte y resurrección de Jesús, mientras que, por ejemplo, la distancia de los textos de Homero con su época es de 400 años, o 1.200 años para Platón.

¿Las diferencias entre los Evangelios les restan veracidad?

En unos pocos pasajes hay diferencias porque están escritos por personas distintas, igual que unas vacaciones entre amigos pueden ser contadas de forma diferente por cada uno. Además, esas contradicciones se consideran una prueba de veracidad.

Por ejemplo, en el relato de la resurrección, las diferencias muestran que ni los evangelistas ni la primera comunidad “confabularon” para inventar un relato verosímil, pudiendo hacerlo, sino que se limitaron a recoger lo que transmitían los protagonistas y los testigos de esos hechos, que convivían con ellos y desmentían o rechazaban las versiones falsas o exageradas que no respetasen lo que pasó de verdad.

¿Quiénes fueron los cuatro evangelistas?
MARCOS, ayudante de Pedro. El más antiguo.

El joven Juan Marcos del que hablan Lucas en los Hechos, y Pablo y Pedro en sus cartas. Conoció a Cristo a través de Pedro, a quien ayudaba en Roma y cuya predicación puso por escrito. Su Evangelio es el más antiguo, junto a la “Fuente Q” (una recopilación de dichos de Jesús nunca encontrada). Es el más corto y su datación va del año 40 al 75. Lo empezó por la Pasión, por ser lo más importante, y plantea la pregunta: ¿Quién es Jesús?

MATEO, uno de los Doce. El más judío.

Recaudador de impuestos, conocido como Leví, que se subió a un árbol para ver a Cristo. Jesús le invitó a ser uno de los Doce y dejó todo para seguirle. Escribió su Evangelio entre los años 64 y finales de los 70. Se dirige a los judíos para explicarles en qué se diferencia de ellos y que Jesús es ¡por fin! el Mesías que esperan.

LUCAS, médico griego. El más mariano.

Médico griego, seguramente de Antioquía. Escribe para cristianos que vienen del paganismo. También escribió los Hechos. Su Evangelio es posterior al de Marcos y Mateo, en torno al 80-90, y reconoce que ha investigado escritos sobre Jesús.

Él incorpora material nuevo, de fuentes orales. Tuvo contacto con los apóstoles, con san Pablo y con María, cuya importancia realza.

JUAN, el discípulo fiel. El más teológico.

El “discípulo al que amaba Jesús”, el más fiel, que lo acompañó hasta la cruz y cuenta su primer encuentro señalando la hora. Es el último en escribir, en torno al año 90. Como ya existían otros Evangelios, no busca plasmar los hechos, sino explicar su significado profundo, por lo que usa más símbolos y un lenguaje más teológico.