Dimitri Conejo: “Cuando veo un mendigo me conmuevo porque veo de lo que Dios me ha sacado”

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Dimitri Conejo
Dimitri Conejo, desarrollador web y emprendedor. Fotografía: Dani García.

Dimitri Conejo tiene 30 años. Cuando cumplió 8, vivía en un orfanato ruso, y aquel mismo día le sucedió algo que cambió su vida por dentro. Esta es una historia sobre cómo Dios consigue tener ‘soldados’ en terrenos como el diseño y el desarrollo web. Dimitri es consciente de que lo suyo no es normal: “Desde fuera, alguien puede mirar mi historia y pensar: ¡qué barbaridad! Yo veo mi vida como un verdadero regalo; Dios me ha acompañado desde pequeño. Ha tenido muchísimos detalles conmigo”. 

Por Carmen Seara
Fotografía: Dani García
Tenía seis años cuando entró en un orfanato ruso. Hasta entonces, vivía en la calle con su hermana en una pobreza extrema. Sus padres biológicos eran alcohólicos y eso le obligaba a mendigar en el mercadillo a diario. Una profesora los encontró y se los llevó a aquel centro para menores, donde permaneció cuatro años, víctima de los malos tratos. Finalmente, un matrimonio español los sacó de aquella pesadilla. Dimitri es hoy un emprendedor católico que ha puesto al servicio de la Iglesia su talento como desarrollador web. Ha impulsado el banco de fotos gratuito cathopic.com, la web de consagración al Inmaculado Corazón de María matercoeli.com, y holydemia.com, su última gran apuesta, un portal de cursos online para la formación de los católicos. De por qué decidió dedicarse profesionalmente a la evangelización y de cómo Dios y la Virgen María intervinieron con fuerza en su vida nos habla a corazón abierto. 
¿Cuál es su primer recuerdo relacionado con Dios?
En el orfanato tuve mi primer encuentro con el Señor, un encuentro muy guay. Vino un pope para dar una charla voluntaria y yo quise asistir. Recuerdo su aspecto imponente, muy serio, con su gran barba. Éramos muy pocos. Nos habló sobre un Padre que nos amaba y yo pensaba: “¿Cómo puede amarnos, si se ha olvidado de nosotros? Estamos aquí muertos de asco; nos pegan todos los días…”. Me dio unas estampas con unos iconos –más tarde supe que era la Virgen– y me dijo: “Reza a Dios cada noche. Pídele lo que quieras y Él te lo dará”.
 ¿Le hizo caso?
Sí. Empecé a rezar todas las noches en un baño, porque en Rusia no se veía bien lo de rezar; estábamos saliendo del comunismo. En realidad, no tenía fe; quería ver si pasaba algo “mágico”, pero no pasaba nada. Hasta que un día, una de las profesoras me dijo: “Mañana es tu cumpleaños”. Yo no entendí a qué se refería, así que me lo explicó. Esa mañana dejé que todo el mundo saliera de la habitación y algo me llevó a arrodillarme. Por primera vez le pedí al Señor una cosa en serio: “Dios, si existes, te pido que cuando cuente hasta tres aparezca una tarta, y a cambio creeré siempre en ti”.
«Esa mañana dejé que todo el mundo saliera de la habitación y algo me llevó a arrodillarme. Por primera vez le pedí al Señor una cosa en serio».

Dimitri Conejo

Conté hasta tres y en ese momento llamaron a la puerta. Había venido mi madre biológica con una tarta. Entonces lloré. La tarta me daba igual. Y, claro, siguió pidiendo milagros… Más bien, a partir de ese día, mi vida cambió. Mi ambiente seguía igual de mal, pero ese “estoy aquí” del Señor me llenó de esperanza. Me lo dio todo. Alguien que me estaba escuchando; cada noche se convirtió en mi descanso y pasaba un montón de tiempo en el baño rezando. Pedí con insistencia que nos sacaran a mi hermana y a mí de aquel infierno. Recuerdo que, cuando nos comunicaron que íbamos a ser adoptados, empecé a llorar en una acera. Imagínate: ¡toda tu vida persiguiendo algo y un día ocurre! ¡Me daban la oportunidad de vivir y de tener una familia! 

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¿Cómo recuerda su llegada a España?
Yo venía con la idea de que bastaba pedir para tener de todo y no fue así. Mis padres me querían educar bien, y me decían: “No es problema de dinero; es que no es bueno para ti”. Creo que uno de los fallos que cometen los padres adoptivos es pensar “pobrecito, por lo que ha pasado”, y darle todo lo que pide. 
¿Le ha dejado huella todo ese sufrimiento?
En realidad, doy gracias a Dios por todo lo que he vivido. Cuando lo tienes todo, vives ajeno a la realidad, y la realidad es que hay mucho sufrimiento. Cuando veo un mendigo me conmuevo, porque veo lo que yo era antes y de lo que Dios me ha sacado. Nuestra sociedad ve el sufrimiento como algo que hay que evitar. Para mí, el sufrimiento es sinónimo de amor, aunque se pase mal. He tenido situaciones en las que he sufrido mucho, también aquí en España. Sin embargo, no tiene sentido sacar el sufrimiento fuera del amor. ¡Mi vida es una pasada!
“Rezaba todas las noches en el baño del orfanato, porque en Rusia no se veía bien lo de rezar; estábamos saliendo del comunismo”.

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Al pasar los años y mejorar su vida, ¿siguió teniendo aquella fe?
Del Bautismo y la Comunión solo me interesaban los regalos. De mi Confirmación sí recuerdo las palabras del sacerdote: “Vais a ser soldados de Cristo”, que hoy en día me siguen sirviendo. Pero mis encuentros más importantes con el Señor han sido cuando Él ha querido, donde Él ha querido y respetando mis tiempos. Es increíble el respeto que siempre me ha mostrado, porque la verdad es que yo estaba “a por uvas”. Como ya lo tenía todo, era como si ya no necesitara a Dios. Y llegué a alejarme totalmente de Él: guardé los iconos del pope… y tuve una adolescencia horrible. Hice sufrir mucho a mi madre: fiestas, chicas, malas compañías… Todo lo que te puedas imaginar lo viví. Aun así, el Señor me protegió “a saco”, porque nunca llegué a las drogas ni a la prostitución, algo muy frecuente entre mis compañeros del ejército, donde estuve dos años. Doy gracias a Dios, porque me habría hecho tanto daño que no sé si hubiera sido capaz de superarlo. 

¿Cómo descubrió que tenía que ser emprendedor?

Después del bachillerato tecnológico, entré en Telecomunicaciones. Teníamos una clase de formación con empresarios. Uno de ellos nos dijo: “Si sois capaces de descubrir una necesidad en la sociedad y sabéis cubrirla, no tendréis que preocuparos nunca más por el dinero”. Una noche empecé a estudiar HTML, y así me fui enamorando del mundo web, que me daba la libertad que yo estaba buscando. Quería saber hacer las cosas, no que me las dieran hechas. Quería construir. Dejé la carrera, monté una empresa y –para tranquilidad de mis padres– hice un grado superior de desarrollo web. Y llegó Cracovia…
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En la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia sentí una llamada fuerte del Señor, que me invitaba a dedicar todos mis dones a Él. En aquella época utilizaba para mi trabajo bancos de fotos gratuitos. Me daba cuenta de que estaban muy bien hechos, pero ninguno era católico. Y pensaba: ¿por qué no presentamos nuestra fe de una manera atractiva, con profesionalidad? La Iglesia ha sido pionera en el arte durante siglos, los artistas católicos creaban tendencia… Sin embargo, en Internet nos hemos quedado atrás. ¡Con las posibilidades que ofrece! Entonces lo vi claro: “Tengo que estar ahí para renovar todo esto”. Así nació Cathopic, una web con miles de imágenes de gran calidad, que ya tiene 25.000 usuarios. 
«Pensaba: ¿por qué no presentamos nuestra fe de una manera atractiva, con profesionalidad? La Iglesia ha sido pionera en el arte durante siglos, los artistas católicos creaban tendencia…»

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Ahora tiene un nuevo proyecto, Holydemia. ¿De dónde nace?
Tengo un “listado de ideas secreto”. Cada vez que el Señor me inspira algo, lo apunto. Hace tiempo escribí: “Holydemia: una plataforma que sirva a los instructores para dar cursos y a los alumnos para recibir formación”. Veía cómo gente de mi entorno, incluso familiares católicos de toda la vida, se iban alejando de Dios. Y me preguntaba por qué… Hoy veo que no es por falta de fe, sino de formación. De alguna manera, se habían dejado manipular por los medios o los prejuicios. Pensamos que con la fe basta, y la fe es muy importante, pero tiene que ir acompañada de la razón. El Señor dice: “Si uno construye una casa de paja, viene el viento, sopla y se la lleva”. La formación hace que la fe madure y no se quede sin argumentos. 

 

 

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¿No es increíble que hasta ahora nadie haya pensado algo así?
Se generan muchos contenidos, pero es difícil encontrarlos. Cada movimiento u organización tiene su propia forma de enseñar y sus cursos, pero está todo disperso. A la vez, hay muchas personas que tienen conocimientos de sobra, pero les cuesta llegar a un público más extenso. Si la gente busca la flexibilidad que da internet y podemos facilitarles las cosas, ¿por qué no hacerlo? 
«Veía cómo gente de mi entorno, incluso familiares católicos de toda la vida, se iban alejando de Dios. Y me preguntaba por qué… Hoy veo que no es por falta de fe, sino de formación».

Dimitri Conejo

¿Exactamente qué ofrece?
Se basa en el microlearning. Los vídeos duran menos de 15 minutos, porque los jóvenes queremos aprender rápido. Los temas son muy variados, desde cómo tocar el bajo en un coro hasta cómo descubrir la belleza de la fe. Hay un equipo de sacerdotes encargado de revisar previamente cada vídeo para ver si cumple con la doctrina de la Iglesia. Si la incumple en algo, pedimos al instructor que lo revise y, una vez hecho, se publica. 
Dimitri Conejo
¿Cuál es la mayor dificultad que ha afrontado como emprendedor?
Hay un concepto muy extendido entre los creyentes: que todo lo relacionado con Dios es gratuito. Eso no es realista. El desarrollo web conlleva muchísimo trabajo. Yo creo que una tarea bien hecha, con calidad profesional, tiene un precio: en el Cielo, un precio infinito; y aquí en la tierra… también se tiene que reconocer su valor. En su momento, me planteé crear un modelo de negocio para Cathopic, pero, rezando, me di cuenta de que había nacido como un servicio y tenía que ser gratuito. Holydemia, en cambio, es una empresa. No queremos hacernos millonarios, pero sí poder vivir de nuestro trabajo. San Pablo decía: “El que no trabaje, que no coma”. En Holydemia, cada instructor establece el precio de su curso, y la plataforma cobra una comisión. Somos meros intermediarios entre el instructor y el alumno. Nuestro propósito es evangelizar y ofrecer herramientas de alta calidad para la Iglesia católica. 
¿Cómo entra Dios en todo esto?
Mi oración ahora mismo es el trabajo. Cada día, todo lo que hago es para su gloria. Pero cuando hago oración –la de verdad–, es muy sencilla. Me siento delante y Le miro. Muchas veces no sé qué decir. Comparo el sagrario con el sol. Tú cuando vas a la playa estás delante del sol y el sol te va tostando. El Señor quiere que simplemente estés allí, y de pronto un buen día te regala “una perla”. 
Puedes encontrar este artículo en el número 57 de la revista Misión.
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