Economistas, escritores y periodistas alzan su voz contra la eutanasia: Los españoles no quieren que nadie les mate

A pesar de que el rodillo de la cultura de la muerte pretenda imponer de nuevo su ideología a través de su aparato mediático y silencie las voces discrepantes, la realidad es que la eutanasia no solo no goza de respaldo social en España sino que suscita un rechazo mayoritario. En Misión hemos querido dar voz a personalidades del panorama mediático español para lanzarles dos preguntas:

1. ¿Qué le parece que la eutanasia sea un derecho en España, financiado por la Seguridad Social?

2. ¿Qué riesgos cree que puede promover tener esa nueva ley?

Por José Antonio Méndez e Isabel Molina Estrada

Miguel Aranguren, escritor

1. Buena parte de nuestros legisladores pretende tomarse con arrogancia la capacidad de decidir acerca de determinados “derechos”, como si el hombre –en este caso, el político español– pudiera construir una nueva moral fundamental con la que se arroga la decisión de quién debe morir y cuándo se puede matar. Si yo decidiera quitarme la vida y para lograrlo me asomara a un viaducto, la policía y los bomberos harían lo posible por no respetar mi decisión. Tratarían de salvarme. Por eso, una ley que legalice la eutanasia no se soporta en el sentido común. La vida es el principal bien, origen y sustento de todos los demás. Por tanto, debe ser cuidado y respetado, incluso cuando el sujeto pierde la esperanza. Aquí no sobra nadie. Nadie tiene derecho a que acaben con él, ni siquiera a causa de una reclamación social mayoritaria (que en la eutanasia no se da ni por asomo, como en su día no se dio con el aborto). Es grave que, además, los contribuyentes vayamos a pagar los venenos, a los envenenadores y a las comisiones que deciden a quién aplicar el veneno.

2. Las leyes antinatura pervierten a la sociedad, adocenan a los ciudadanos y atentan contra la moral individual y colectiva. Lo legislado pasa a ser la verdad para la mayoría, sin que apenas quepa lugar para la réplica, que se considera cuasidelictiva. Una ley que legaliza la eutanasia ampara a quien quiere suicidarse y a quien con su participación hace posible ese suicidio (que no es tal, pues se trata de un homicidio consentido por la víctima). La eutanasia es un suma y sigue. Nos lo dicen los países que la permiten: primero es solicitada por el sujeto, después, decidida en nombre de quienes han perdido las facultades físicas y mentales, más tarde, para los niños… ¿Qué será lo siguiente? Da miedo pensarlo.

“El contribuyente va a pagar los venenos, a los envenenadores y las comisiones que deciden a quién aplicar el veneno”

Irene Villa, periodista y víctima de ETA

1.

Creo que habría que poner más atención en los cuidados paliativos. Siempre defiendo la vida, creo que en toda situación hay que luchar hasta el final. Sin embargo, hubo una mujer estadounidense recién casada cuya historia me llegó al alma. Decía: “No hay nada en mí de suicida, sé que mi enfermedad no tiene cura, así que esta decisión creo que es la menos dramática para morir de forma digna”. Sin duda es una dura decisión, siempre y cuando existan unos condicionantes irrevocables. Pero la verdad es que mientras hay vida, hay esperanza.

2. El principal riesgo es perder el valor del gran regalo que es la vida, tengas o no una enfermedad o una discapacidad. En los peores momentos de mis ingresos en el hospital, operaciones o infecciones, también descubrí que el espíritu humano es inquebrantable y eso no lo puede cambiar ninguna ley. Por supuesto que hay casos extremos en los que ninguno querríamos vernos, pero hay que ser muy cauteloso incluso en estos casos.

“Hay que poner más atención en los cuidados paliativos”

Leopoldo Abadía, economista

1. Después de matar niños con tranquilidad durante años, hay que equilibrar las cuentas. Fijándome solo en las pensiones, necesitamos jóvenes que paguen las pensiones de los viejos. Hay muchos jóvenes con remuneraciones precarias. Los viejos aguantan cada día más. Si faltan los “suministradores de dinero” y los que hay “suministran” menos, no salen las cuentas. Es el momento de hablar de la eutanasia. Argumentos, los que hagan falta: la inutilidad social de una persona con enfermedad terminal; la imposibilidad de atender a esa persona en casa; los gastos que produce a la Seguridad Social; mi “libertad” para hacer lo que yo quiera con mi cuerpo…

2. En el aborto, se habla del derecho de la mujer sobre su cuerpo. En la eutanasia, se trata también del “derecho” al propio cuerpo, que da por supuesto que puedo suicidarme o hacer que “me suiciden” cuando las cosas se pongan feas. Se trata también del “derecho de la sociedad” sobre mi cuerpo, cuando esa sociedad decida que se puede gastar conmigo una determinada cantidad de dinero y, una vez gastada, solo queda dinero para pagar la inyección letal. Por tanto, ya se ve que no soy nada partidario de esta ley, porque considera al hombre como un elemento que hay eliminar obligatoriamente cuando deja de ser útil a la sociedad.

“Después de matar los niños, hay que equilibrar las cuentas”

Jesús Sánchez Adalid, escritor y sacerdote

1. La eutanasia, como el aborto, es una falsa conmiseración que busca un camino fácil, egoísta y cómodo para resolver los problemas, en vez de cuidar al enfermo. El planteamiento es: mejor es convencerlo de que se suicide, de que esos pocos días que le quedan no son dignos de ser vividos, y de que su propia desesperanza puede hacer infelices a aquellos que deberían dedicarle tiempo, afecto y fortaleza.

Lo más preocupante es que, una vez más, se hace visible la política meramente formal: un Gobierno recién instalado en los resortes del poder arroja a la sociedad temas polémicos y estresantes.

Simplificando, es como si dijeran: “Menos mal que estamos aquí nosotros para evitar vuestro sufrimiento final”. Es una estrategia para llegar a las elecciones con el diseño de grandes polémicas que sirvan en una política retórica.

Mi humilde experiencia me ha mostrado que no existen vidas inútiles que sean cargas para otros; y toda persona tiene el deber de respetar, valorar y defender la vida.

Creo que habría que poner más atención en los cuidados paliativos. Siempre defiendo la vida, creo que en toda situación hay que luchar hasta el final. Sin embargo, hubo una mujer estadounidense recién casada cuya historia me llegó al alma.

Decía: “No hay nada en mí de suicida, sé que mi enfermedad no tiene cura, así que esta decisión creo que es la menos dramática para morir de forma digna”. Sin duda es una dura decisión, siempre y cuando existan unos condicionantes irrevocables. Pero la verdad es que mientras hay vida, hay esperanza.

2. La legislación en favor de la eutanasia es una invitación formal al suicidio de las personas que por su estado de salud se consideran una carga para la familia y la sociedad. Es necesario pensar que los enfermos y los inválidos necesitan más atención y cariño por parte de la familia y las personas que les rodean.

En nuestra sociedad el número de ancianos y enfermos crónicos irá en aumento, por lo que se ha de temer que, aceptadas las bases para legalizar la eutanasia, tarde o temprano llegará un momento en que podría hacerse obligatoria; es decir, se podrá llegar a una “planificación legal de la muerte”.

“Tarde o temprano la eutanasia podría ser obligatoria”

Cristina López-Schlichting, periodista

1.Es un reclamo electoral que constituye una desfachatez. En España lleva mucho tiempo planteada una ley de cuidados paliativos, reclamada por el personal sanitario, que es sistemáticamente desatendida. Sin aprobar una ley de cuidados paliativos, pasar a la eutanasia es una desvergüenza.

Donde se invierte en eutanasia disminuye la inversión en cuidados paliativos porque matar con una sustancia letal es más barato que cuidar y acompañar a un enfermo. Pero la gente, incluso los enfermos terminales, quiere vivir sin dolores, no morir cuando los sufre; y hoy todos los dolores pueden ser controlados sin precipitar la muerte de la persona.

Creo que habría que poner más atención en los cuidados paliativos. Siempre defiendo la vida, creo que en toda situación hay que luchar hasta el final. Sin embargo, hubo una mujer estadounidense recién casada cuya historia me llegó al alma.

Decía: “No hay nada en mí de suicida, sé que mi enfermedad no tiene cura, así que esta decisión creo que es la menos dramática para morir de forma digna”. Sin duda es una dura decisión, siempre y cuando existan unos condicionantes irrevocables. Pero la verdad es que mientras hay vida, hay esperanza.

2. El primero, desplazar la atención sobre los cuidados paliativos: más de 250.000 personas lo pasan mal en el momento de morir porque no las estamos atendiendo bien. Y en segundo lugar, el desamparo de la persona que no tiene un entorno que le ayude a seguir luchando, a evitar el sufrimiento y a defenderse frente a un Estado que le propone el suicidio.

“La gente quiere vivir sin dolores, no morir cuando los sufre”

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