En la relación con la familia del cónyuge a veces se crean tensiones que, aunque no salten en público, generan conflictos entre los esposos. Teresa Díez, experta en asesoramiento familiar, da las claves para afrontar esas “dificultades que yo encuentro con tu familia y que tú encuentras con la mía”, para que siempre salga ganando la unidad matrimonial.

Por Isabel Molina Estrada

Pocas cosas duelen tanto en el diálogo con el cónyuge como cuando uno de los esposos critica a los padres o a los hermanos del otro, o cuando juzga el modo en el que este vive la relación con su familia:  “¡Vaya con tu madre!”… “¡No eres capaz de pedirle a tus padres que se marchen a su casa!”… “¡Tu hermano le ha hecho un feo al niño!”…
Para afrontar estas pequeñas dificultades que pueden minar el amor matrimonial, Teresa Díez, coautora de Manzana para dos (Planeta 2015), sugiere una regla de oro: “Ante cualquier ataque al matrimonio –como puede ser la presión de los padres de los cónyuges–, la clave está siempre en cultivar la unidad matrimonial. Desde el momento en que lo lleváis juntos, todo ataque a la pareja deja de serlo”.
Para fortalecer esa unidad, Díez recomienda aplicar dos estrategias: la primera,  “dialogar mucho; tanto como se pueda”, también para expresarse de las dificultades que cada uno encuentra en la relación con la familia del otro.
Y la segunda, ponerse totalmente en la piel del cónyuge:  “Si has aceptado a tu esposo o esposa en su totalidad –que es el paso definitivo para casarte, como decía san Juan Pablo II–, has aceptado también que  ‘mi marido (o mi mujer) es una pasada, pero no sabe echar a sus padres de nuestra casa’. Entonces, juntos, vamos a sobrellevar esa dificultad y nos lo tomaremos con humor”.
Unidad ante las presiones
Lo importante, insiste, es que en todo momento los esposos afronten unidos cualquier conflicto, pues el cónyuge nunca es el enemigo.  “Tampoco su familia es la enemiga, pero puestos a que hubiera enemigos, los enemigos siempre están fuera de la pareja”.
Díez asegura contundente que la unidad lleva a los esposos a fundirse de tal modo que se hacen realmente una sola persona, una sola carne:  “Y un solo proyecto, una sola alma, una sola agenda, incluso una sola cuenta corriente…”.
Más aún, cada uno desaparece para ser el otro: “El día que me casé e intercambiamos alianzas, en la mía no ponía Teresa, en la mía ponía Alfonso, con lo cual yo ya no me llamo Teresa, me llamo Alfonso. Y de la misma forma que nadie se critica a sí mismo, no podemos criticar a nuestro cónyuge ni criticar a su familia.  Y si yo excuso a mi marido porque yo soy Alfonso, excuso a sus padres, porque habitualmente yo, a mis padres, también los excuso”, apostilla.
Querer a la familia del otro
Díez recuerda el proverbio castellano  “Quien quiere a la col, quiere a las hojas de alrededor”, para explicar que nadie puede querer a su cónyuge, de verdad, sin querer a sus padres y a sus hermanos. Por eso se debe amar a la familia del otro tal y como es, y no pretender cambiarla, de igual manera que no podemos cambiar a nuestro cónyuge: “Yo entendí pronto que, si quería a Alfonso de verdad, su madre tenía que tener una parte importantísima en mi corazón.
Además, antes de casarme, mi madre me dijo:  ‘Yo sé que tú me quieres, no me lo demuestres; pero a la madre de Alfonso se lo tienes que demostrar’”.
Siete consejos para guiar la relación de los hijos casados con sus padres
José María Viñas García, director del COF Regina Familiae de Alcalá de Henares, advierte de que “no hay recetas mágicas pues cada familia es un mundo”. Sin embargo, da siete pautas para guiar la relación de los hijos casados con sus padres.
1. Tus padres no son las personas adecuadas para desahogarte emocionalmente de los defectos de tu esposo o de tu esposa, porque creas alianza con ellos en detrimento de la unión esponsal y minas el afecto que le tienen a tu cónyuge.
2. Ante los conflictos, los límites los pones tú, como hijo, con tu familia. No tu cónyuge.
3. Establece límites siempre con respeto, valorando primero lo mucho que has recibido de tus padres: “Papá, te agradezco que… pero en esto te pediría que…”.
4. Nunca podrás ser feliz de espaldas a los que te han dado la vida.
5. No es necesario caer en la crítica a tus padres. Es más constructivo mostrar lo que sientes y piensas sobre el tema en cuestión.
6. No prives a tus hijos de sus abuelos, incluso en situaciones dolorosas. Los abuelos son importantes para tus hijos, por su paciencia, afecto y ternura, y por lo que supone de testimonio generacional, cultural y de fe.
7. Ante cualquier situación crítica, como en cualquier relación, siempre tienes la posibilidad de perdonar y de pedir perdón. Perdonar es una decisión y supone volver a creer en ti y buscar restablecer la alianza.
“Elige entre tus padres y yo”
Ahora bien, aceptar al otro en totalidad no quiere decir dar la espalda a los retos objetivos que se presenta en la relación con la familia política.
Hay padres que son absorbentes con sus hijos casados y no consiguen romper el cordón que les une. En estos casos, Díez aconseja tomar juntos decisiones al respecto.  “Para nosotros, el primer fruto de nuestra unidad consistió en que antes de casarnos decidimos irnos a vivir a otra ciudad. Al estar lejos, solo nos teníamos el uno al otro”, explica.
Eso no quiere decir que todos los matrimonios tengan que irse lejos de sus familias, pero sí poner los medios para no enfrentarse nunca a los padres. Si la relación con la familia no es buena,  “discretamente puedes establecer pautas para verlos poco, o para no comer con ellos en día fijo, pero no puedes romper con ellos, ni siquiera si tu marido o tu mujer te lo pide: ‘Elige entre tus padres y yo’. Esa elección nunca se la puedes pedir a tu cónyuge. Jamás”, afirma.
En definitiva, Díez recuerda que lo normal en un amor sano es que no haya que elegir:  “El amor al cónyuge, y el amor a mis padres o a los suyos, no pueden ser contradictorios, aunque ocupen lugares diferentes. Pero, ante la duda, es siempre prioritario tu marido o tu mujer” , concluye.
En resumen
Unidos. Ante un ataque al matrimonio, mantén la unidad con tu cónyuge, sin considerar un enemigo a la familia política.
Acepta. No puedes amar de verdad a tu cónyuge sin querer a sus padres y hermanos. Acepta y ama a tu cónyuge, incluso en las carencias que tiene con su familia.
No rompas. Si la relación con tus padres o con tus suegros no es buena, establece distancia con discreción, pero sin romper la relación con ellos.

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