Cada vez son más los católicos que se dan cuenta de que la sociedad no va bien; sin embargo, aún no son tantos los que se ponen manos a la obra sin esperar a que “otros lo arreglen”. Misión ha hablado con varios pioneros del siglo xxi que apuestan de forma valiente por un cambio de rumbo en la cultura, el ocio o las relaciones sociales, y que, sobre todo, están dispuestos a protagonizarlo, empezando por su entorno cercano.

Por Blanca Ruiz Antón

Los jóvenes dan un paso al frente, con una sonrisa

La falta de compromiso de los jóvenes (y de los no tan jóvenes) es uno de los más penosos frutos de la cultura hedonista en que vivimos. Algo que se ve muy a las claras en las estadísticas matrimoniales, pero también en la implicación de los ciudadanos en plataformas de la sociedad civil. Y allí donde la responsabilidad personal desaparece, entran de lleno el Estado o ciertos grupos de presión ideológica.

Sin embargo, como en los cómics de Astérix, a veces la resistencia más exitosa tiene forma de pequeño grupo. Es el caso de los jóvenes valencianos que han creado el proyecto Terapia de Sonrisas, a quienes no les ha importado la falta de experiencia o carecer de apoyos para crear su propia organización de voluntariado. Ana López, coordinadora de este proyecto, cuenta a Misión cómo empezó su aventura: “Nos dimos cuenta de que haciendo muy poquito podemos mejorar la vida de muchas personas, y que no nos conformábamos cuando algunas asociaciones nos ponían dificultades para colaborar con ellos porque algunos éramos menores de edad”.

Lejos de cruzarse de brazos, se pusieron manos a la obra: comenzaron a contactar una por una con las asociaciones que consideraban más afines, explicándoles su proyecto y las características de los voluntarios.

“Ofrecemos varios tipos de voluntariado: campamentos o actividades con niños que tienen distintas necesidades; asistencia en centros de personas con discapacidad; ayuda en comedores sociales; reparto de comida; o colaboración en eventos solidarios”, explica López. Además, organizan charlas de formación que invitan a la acción y al compromiso.

La voz se fue corriendo y, poco a poco, eran amigos de amigos los que pedían colaborar con ellos. Hoy, estos jóvenes reparten sus sonrisas en Valencia, Murcia y Pamplona, porque el ejemplo ha cundido entre amigos, conocidos y familiares cercanos.

“En la sociedad hay cosas buenísimas y otras que hay que mejorar, y para cambiarlas, cada uno tiene que aportar lo que tiene. Si no ayudamos nosotros, ¿quién lo hará?”, concluye.

“Haciendo muy poquito podemos cambiar la vida de muchas personas”

Un crowdfunding para un cine diferente

El ocio y el entretenimiento parecen copados por una visión radicalmente contraria a los principios cristianos y, por tanto, responden mejor a los deseos profundos de la persona. Y no es casual: la industria del espectáculo se ha entregado a una visión consumista que genera grandes beneficios sin miramientos morales, mientras que quienes proponen alternativas constructivas se enfrentan, sobre todo, a la falta de medios.

“Un minuto de imágenes cuesta alrededor de 4.000 euros”, explica José María Zavala, escritor y director de la película El Misterio del Padre Pío, recién estrenada en España y que pronto llegará a las salas de cine de más de 30 países. Según explica a Misión, Zavala asumió el proyecto de hacer una película sobre este gran santo del siglo xx, tras publicar un bestseller sobre san Pío de Pieltrecina. Acostumbrado, por tanto, a remar en contra de la cultura dominante, Zavala no se arredró ante las dificultades económicas. Y para crear un cine diferente, Zavala apostó por financiar la producción con el crowdfunding, un sistema abierto de donaciones particulares, de cantidades muy variables y voluntarias.

La cinta está teniendo gran éxito. Participará en algunos de los festivales católicos más prestigiosos del mundo.“No es una superproducción de Hollywood, pero está hecha con profesionalidad, muchísimo esfuerzo y la ayuda de muchísimas personas”, precisa Zavala. Una propuesta alternativa, inviable sin el compromiso personal de un grupo enorme de personas.

 

El crowdfunding es un sistema de donaciones particular, de cantidades variables y voluntarias

Un nuevo arte al servicio de Dios

“Queremos poner nuestro don artístico al servicio de Dios, porque Él nos lo ha dado para que todos los hombres le conozcan”. Así de claro es el objetivo de la recién nacida asociación Arte y Fe, que pretende reunir a artistas capaces de romper con las tendencias artísticas más en boga (feísmo, antihumanismo, hipersexualidad, pensamiento ideologizado…) para mostrar “la belleza de la creación, y de la fe católica, a través de toda disciplina artística: pintura, poesía, escultura, artes escénicas…”.

María Diufain, pintora y una de las impulsoras de Arte y Fe, asegura que la peculiaridad de esta asociación es su intento no solo de cambiar el guion del pensamiento único, sino de centrarse en artistas contemporáneos y nuevas creaciones, a diferencia de lo que vienen haciendo –con gran éxito– asociaciones tan prestigiosas como Nártex, que explican teología basándose en el patrimonio histórico-artístico.

Para esta reconquista del espacio cultural, Arte y Fe quiere actuar como una pista de despegue: “Queremos agrupar a artistas con fe que quieran implicarse en el proyecto, y estimular a otros artistas a que creen obras que difundan la fe. En definitiva, lograr que haya creadores que acerquen al hombre a Dios”.

La primera acción de este grupo de 25 artistas católicos ha sido un concurso fotográfico y de poesía lanzado en 50 colegios de Madrid. Pero su plato fuerte va a ser una gran exposición multidisciplinar de Bellas Artes, que abarcará un estudio teológico y artístico, una muestra pública y una catequesis posterior. “Es urgente recuperar la presencia de Dios en el mundo artístico y proclamar, sin vergüenza, que el arte viene de Él, que nos hace partícipes de su capacidad creadora”, concluye Diufain.

 

“Es urgente recuperar la presencia de Dios en el arte”

 

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