El delito de ser cristiano

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El avance del Estado Islámico en Irak ha ocasionado la muerte de miles de cristianos, mientras que otros huyen de sus hogares. Es el culmen de largos años de persecución religiosa en este y otros países islámicos ante la que solo caben dos opciones: renunciar o no a la fe

Por Ángeles Conde Mir y Belén Manrique

Joseph Anwar tuvo que abandonar precipitadamente su país natal, Pakistán, después de que su hermana y su marido, Shagufta Kausar y Shafqat Emmanuel, fueran detenidos y encarcelados en 2013 por enviar unos supuestos mensajes de móvil blasfemos contra varias autoridades locales. A pesar de que el matrimonio negó los cargos aportando pruebas en su defensa, el marido fue duramente torturado y ambos continúan hoy en prisión sentenciados a muerte, mientras que sus cuatro hijos, de entre 6 y 12 años, se encuentran a cargo de una ong. Tras la detención de su hermana, Joseph recibió también la llamada de la policía informándole de que dos horas después sería detenido para ser interrogado. Consciente de cuál sería su sino –sabe que la ley antiblasfemia es una excusa para acabar con los cristianos en Pakistán–, el joven abandonó el país clandestinamente con ayuda de un amigo sacerdote. Desde hace un año reside en España, donde ha recibido asilo político. Está acogido por los salesianos y busca trabajo para comenzar una nueva vida lejos de su país, adonde no sabe si podrá volver. Está convencido de que le ha sido concedida una nueva vida para liberar la de otros, y aunque confiesa sentirse hundido, saca fuerzas para buscar salidas a la situación de su familia y tantos otros acusados de blasfemia falsamente. “Quiero ser la voz de los cristianos perseguidos en Pakistán”, asegura.
Cada cinco minutos muere un cristiano
Joseph es solo un ejemplo de los millones de cristianos en todo el mundo que no pueden vivir su fe libremente. Para ser más exactos, el Centro para el Estudio del Cristianismo Global en Estados Unidos estima que cada año son asesinados cerca de 100.000 cristianos a causa de sus creencias religiosas, es decir, uno cada cinco minutos. De hecho, el cristianismo es la confesión religiosa más perseguida, como afirma el último Informe de Libertad Religiosa en el Mundo que la organización Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) elabora cada dos años. Según el mismo, el derecho a la libertad religiosa se vulnera en 82 países. De los 20 donde la religión está más perseguida, en 14 la persecución está ligada al islam extremista, y en los seis restantes, a regímenes autoritarios, como es el caso de China o Corea del Norte.
Una de las razones de que los seguidores de Cristo sean tan vulnerables ante la opresión –asegura el informe– es el hecho de que, por razones históricas, se encuentren dispersados, conviviendo con culturas muy distintas a la propia. Esto es lo que ocurre en Irak, país multicultural, multiétnico y multireligioso, cuya población cristiana se ha reducido drásticamente por el ascenso del grupo yihadista Estado Islámico (EI). En la ciudad de Mosul, al norte del país, los yihadistas dieron a elegir a los cristianos entre convertirse al islam o marcharse en un plazo de 24 horas; de lo contrario, perecerían “por la espada”. De esta manera, una ciudad que hasta hace poco contaba con 30.000 cristianos, hoy ya no tiene ninguno. De hecho, es la primera vez en 1.600 años que ya no se celebra la liturgia dominical.
En un vídeo que ha dado la vuelta al mundo, el arzobispo siroortodoxo de Mosul, Nicodemus Daoud Sharaf, rompe a llorar desconsoladamente porque no quedan iglesias en pie. Llora además porque, por primera vez, los cristianos siroortodoxos no han podido celebrar una de sus fiestas más importantes. Este hecho adquiere una connotación todavía más dramática si tenemos en cuenta que en Irak residen los cristianos de origen más antiguo, fruto de las predicaciones del apóstol santo Tomás en el siglo i. Todavía hoy, su lengua materna es el arameo. A pesar de las guerras que han azotado las tierras iraquíes durante siglos, los cristianos no habían dejado nunca de rezar en sus templos hasta la llegada del ei el pasado verano.
Decapitaciones y crucifixiones en Irak
“Lo que se oye sobre violaciones, decapitaciones, crucifixiones, gente enterrada viva, etc., es cierto y está comprobado. Miles de personas han sido torturadas y asesinadas mientras que cientos de mujeres están siendo vendidas como esclavas en los territorios tomados por el Estado Islámico”, cuenta a Misión el padre Luis Montes, sacerdote del Instituto del Verbo Encarnado, que lleva más de 20 años viviendo en el Medio Oriente, los últimos cuatro en Bagdad, la capital iraquí.
El sacerdote relata que cuando Qaraqosh, la mayor ciudad cristiana de Irak, fue tomada por los yihadistas el pasado agosto, una familia no pudo huir porque la madre era anciana y estaba enferma. “Los presionaban todos los días para que se hicieran musulmanes, les decían que si no lo hacían matarían al marido y entregarían a la mujer a un soldado o la venderían”. Esta venta estaría presuntamente probada por un documento que han publicado los medios de comunicación iraquíes y que atribuyen al ei, en el que se desglosan los precios de venta de las mujeres yazidíes y cristianas secuestradas: las niñas de entre 1 y 9 años se venden por el equivalente a unos 140 euros, mientras que las mujeres mayores, de entre 40 y 50 años, se venden por algo menos de 50 euros. El resto tienen un precio intermedio.
La edición israelí de la revista Forbes acaba de situar al ei como el grupo terrorista más rico del mundo, seguido del movimiento islamista Hamás. El ei se embolsa tres millones de dólares diarios por la venta de petróleo de los campos que se ha apropiado en Irak y Siria. La pregunta que surge entre los prelados de la Iglesia sirocatólica es quién compra ese petróleo. Y es que, como explica el metropolita en Europa de la Iglesia sirocatólica de Antioquía, Theophilos Kuriakose, el nacimiento del ei no ha sido algo repentino, sino que lleva tiempo gestándose y cuenta con aliados que lo financian.
Llegan caminando en mitad de la noche
Rita Musallem vive en Amán, la capital de Jordania, pero viaja con frecuencia a Irak para prestar ayuda a las familias que han huido de la feroz violencia del ei. Misión habla con esta mujer del movimiento de los focolares después de uno de sus viajes a Erbil –en el norte del país, la capital del Kurdistán iraquí–, donde decenas de familias han acogido a refugiados de otros puntos de Irak. Ha sido testigo de cómo, en mitad de la noche, llegaban a pie cientos de personas prácticamente sin nada: “Ha sido muy duro verlos. Pero, en medio de la angustia que sentimos, hemos encontrado fuerzas para salir a su encuentro y no encerrarnos en el dolor”, relata. Allí, algunas familias han acogido a 30 o 40 personas en sus propios hogares. Cuenta que un padre de familia le dijo que tuvo que irse a dormir al coche porque no había una esquina libre en su propia casa. Lo comparten todo: lo material y también lo espiritual. Por las noches, se congregan para rezar el rosario mientras que hacen colectas para comprar colchones, ventiladores, frigoríficos… “Parecía la multiplicación de los panes y los peces, porque no dejaban de recibir cosas”, cuenta Rita.
De esta manera, en pleno siglo xxi, como en los primeros siglos de la Iglesia, miles de mártires nos muestran cómo el amor a Dios es el fin último de su existencia. “Quienes son torturados y expulsados repiten siempre lo mismo: ‘Soy cristiano’; una y otra vez respondían lo mismo”, revela el padre Montes sobre la respuesta de los perseguidos en Irak. El sacerdote pide al mundo entero rezar por ellos: “Necesitan nuestra oración porque sufren lo indecible, y la merecen porque están dando lo mejor de sí”. Rita también ha visto signos de santidad en estas personas. “En medio de las lágrimas, hemos visto a gente con esperanza”, nos cuenta conmovida. “¿Cómo puede ser esto posible?”, le preguntamos. “Porque han experimentado un amor más fuerte que el odio, por eso no buscan venganza. Se preguntan dónde está el mundo ante su sufrimiento, sí, pero también han visto cómo la solidaridad ha salido a su encuentro en estas familias que les han acogido. Lo único que quieren es volver a sus casas”.
Cuando se recupera del llanto, el arzobispo de Mosul reconoce que tanto él como sus fieles están contentos por una única cosa: por no haber abandonado a Cristo. “Nos sentimos orgullosos de saber que todo lo que nos está sucediendo es porque somos cristianos. Es un honor. Ellos creen que esta persecución hará que abandonemos nuestras creencias, y no saben que nos hace tener una fe más profunda”.

La Navidad que les espera a los más de 1.600.000 refugiados de Irak será bastante similar a la primera Navidad de la historia; desplazados de sus hogares, a la intemperie en tiendas de campaña y sometidos a las bajas temperaturas. Para proporcionales ayuda humanitaria, un techo y ropa de invierno, varias organizaciones religiosas han lanzado una campaña urgente a través de internet con la que pretenden recaudar 1.000.000 de dólares antes del 12 de diciembre. ain también lanza una campaña especial en Navidad para familias refugiadas atendidas por la Iglesia local.
Más info:
www.indiegogo.com/projects/relief-fund-for-persecuted-christians-in-iraq y www.ain-es.org