El pastel de piel de patata y la piel de gallina

 

Si necesitásemos una coartada para recomendar el libro La sociedad literaria y el pastel de piel de patata (Mary Ann Shaffer y Annie Barrows), que ni es una novedad (se publicó en 2008) ni es aún un clásico, nos la brinda la película basada en la novela, que se estrena en España en octubre. En Inglaterra ha sido un éxito.

Por Enrique García Maiquez

Tras la segunda guerra mundial, la protagonista, la joven escritora Juliet Ashton arriba a la isla de Guernsey (Canal de la Mancha) dispuesta a reconstruir la historia de la ocupación nazi. Son muchas más las cosas que habrán de ser reconstruidas.

La novela quizá podría calificarse de ligera, pero muy a la ligera, porque, de serlo, lo es más por rápida que por frívola, por aérea más que por insustancial. Asombra la cantidad de cosas que pasan y, más aún, la variedad de tonos y de temas. Es, como avisa su título, una novela sobre la afición a lectura (y la produce); humorística, sobre la amistad; y, además, sin que lo avise el título, tiene épica, múltiples microrrelatos, tragedia, una aguda reflexión sobre el oficio de escribir, costumbrismo, historia y, por encima de todo, amor.

Como una receta fantasiosa de un pastel hecho con piel de patata, buena parte del mérito de esta obra estriba en conseguir, con ingredientes tan variopintos, un plato con un sabor único. Aunque en La sociedad literaria y el pastel de piel de patata falta la fe que sostiene el mundo de El despertar de la señorita Prim (Planeta Editorial, 2013), de Natalia Sanmartín, ambos libros tienen un inconfundible aire de familia. No solo por el carácter y las circunstancias de las protagonistas, ni por las continuas meriendas, ni por las hondas amistades repentinas, ni por las infinitas referencias literarias: sobre todo porque, de fondo, hay una enmienda al mundo moderno desde la ternura, el valor y los buenos libros.

Si quieren un consejo, no dejen tampoco ustedes que la película les estropee el placer de leer esta novela. La película ha recibido buenas críticas, pero es seguro que la previa lectura del libro triplicará el placer de verla, mientras que invertir el orden de los factores podría fácilmente fastidiarles unas horas de apasionante lectura que les pondrán, a menudo, la piel de gallina.

Única, póstuma y a cuatro manos

Esta novela son mil historias, y la una de sus mil y una es la de la autora. Mary Ann Shaffer nació en West Virginia en 1934, se casó, tuvo dos hijas y fue editora y bibliotecaria. Toda la vida acarició el sueño de escribir un libro.

Al frustrarse un proyecto que la había llevado a investigar a Inglaterra, pasó unos días en la isla de Guernsey. Ahí comenzó su amor con un paisaje, unos hechos históricos y un ambiente. Su amor por la literatura venía de lejos. De la colisión entre el deslumbramiento y la perseverancia nace, al fin, la escritura.

El libro exigió mucho tiempo y muchas revisiones por parte de los editores. Mientras tanto, la autora enfermó y tuvo que pedir ayuda a su sobrina, la escritora Annie Barrows. Pocos meses antes de la publicación, Shaffer moría sin ver ni la edición ni el éxito. No importa, porque toda su pasión y su amor por los libros y las historias laten en la novela, y porque en ningún sitio se dice que nadie tenga que ser el espectador del triunfo de sus sueños. Lo noble es realizarlos y regalarlos, como ella hizo.

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