Esposa de fallecido por cornonavirus: “Cuando te enfrentas a la muerte, es Dios quien tiene la última palabra”

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En el momento que Pilar Carmena Ayuso se despidió de su marido, Guillermo Gómez, antes de que le sedaran en la UCI del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, no pensó que fuera la última vez que le vería consciente. Él tampoco lo intuía. Sin embargo, ella consiguió estar presente cuando su marido falleció: “El médico que me llamó me dijo que no podía ir, y yo lo acepté. Pero después la enfermera jefe me llamó para decirme que fuera rápido. Me alegró mucho. Aunque por otro lado me asusté porque sabía que me iba a enfrentar a una cruz muy grande”, cuenta a Misión. Pocos días después sintió la llamada de dar su testimonio por redes sociales.

Por Isabel Andino
¿Qué la movió a compartir su historia en medio de tanto dolor?
Cuando vi a Guillermo tan mal, empe-cé a pensar en la posibilidad de la muerte, así que decidí: quiero compartir con los demás que Dios está a nuestro lado. Después pensé en dar el testimonio en matrimoniocatolico.com, pero para grabarlo necesité esperar justo al día anterior de la publicación, porque es un gran esfuerzo decir: la tristeza está ahí, pero no va a poder conmigo. Yo me imaginaba envejeciendo con mi marido. La muerte te enseña que tienes unas seguridades, pero al final estás en manos de Dios. Es un paso decir: “Señor, si me haces pasar por aquí, también me vas a sostener”.
¿Y cómo la ha sostenido?
Durante los días previos al fallecimiento de mi marido, cada vez que sonaba el teléfono le pedía paz para aceptar las noticias, y Dios me la dio. Cuando le hospitalizaron, se lo conté a todos mis grupos, y me decían que estaban rezando. Eso me ayudaba mucho. Rezábamos el Rosario cada día en familia, e incluso pasamos dos noches de vela, con turnos. Me dolía no estar físicamente con mi marido, pero me consolaba saber que existe la comunión de los santos.
En su testimonio, invita a ver al cónyuge como aquel que te completa y a valorar sus cosas buenas.
Cuando fallece tu marido, tienes recuerdos de cosas que no han ido bien, y piensas: si hubiera sabido que en dos meses iba a morir, le hubiera tratado con más amor. Durante años nosotros hemos tenido dificultades para encajar. Luego las hemos ido superando. Los últimos dos años han sido increíbles. Había entre nosotros un cariño especial. Llega un momento en que te das cuenta de que no es verdad esto de que yo tengo que hacer feliz al otro y al revés. En esta sociedad en que tenemos que dar la talla, nos cargamos fardos complicados. Pero el matrimonio es aceptarnos como somos. Nosotros nos habíamos rendido ante el Señor y habíamos dejado de exigirnos el uno al otro.
¿En algún momento se ha rebelado?
He tenido días de preguntarle por qué y decir: “No lo entiendo”  He tenido que gritar: “No puedo si  Tú no me ayudas”. Cada vez que tengo un momento así, me remito a mi conversión, cuando tuve la gracia de sentirme completamente querida. La muerte de alguien tan amado te hace relativizar las cosas y ver que lo importante es que nos queramos. Te das cuenta de que nos preocupamos por tenerlo todo perfecto, pero luego no te llevas nada. Veo aquí todas sus cosas (ropa, ordenador, móvil…), pero confío en que él está en el Cielo, y allí no necesita nada de eso.
¿Cree que su marido había cumplido ya su misión en la tierra?
Eso no lo sabremos hasta la otra vida, aunque me gusta pensar que sí. Esto trasciende, porque a veces la misión de la persona continúa después, o le toca a Dios hacer el resto. Lo que sí sé es que los últimos años de Guille fueron de entrega: a la familia, al colegio donde daba clases, a la parroquia con la música (que vivía con pasión), al grupo de matrimonios… Muchos matrimonios me dicen que Guillermo les dejó huella. Él tenía siempre una sonrisa para los demás.
¿Qué cree que quiere Dios decirnos con esta pandemia?
El hombre se ha hecho muy soberbio y la muerte es un baño de realidad. Cuando te enfrentas a ella de repente, ves que Dios es quien tiene la última palabra. El virus ha matado a Guillermo, pero Dios lo ha permitido. El coronavirus es para que el ser humano reflexione: nosotros no controlamos nuestra vida.
Puedes encontrar este artículo en el número 56 de la revista Misión
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