Eutanasia: cuando el Estado te anima a morir

 

El Gobierno ha anunciado que en los próximos meses aprobará la Ley de Eutanasia. Los expertos y la experiencia internacional alertan de que bajo el disfraz de la autonomía y la compasión se esconde una práctica homicida que cada vez asesina con menos excusas, alienta al suicidio y establece una peligrosa idea en la sociedad: algunas personas estarían mejor muertas y el Estado puede decidir quiénes son.

Por José Antonio Méndez

Los gemelos Marc y Eddy tenían una relación muy especial. Zapateros de profesión, gozaban del cariño de su familia y vivían de forma cómoda e independiente en la localidad belga de Putte, entre Amberes y Bruselas.  Tenían 46 años.

Marc y Eddy eran sordos de nacimiento, aunque aquello nunca les había supuesto más complicaciones que las que experimenta cualquier otra persona sorda, entre otros motivos porque además de conocer la lengua de signos se relacionaban entre sí con un lenguaje que ellos mismos habían inventado.

Sin embargo, unas molestias en la vista les trajeron un diagnóstico inesperado: ambos padecían un glaucoma degenerativo que, con el tiempo, podía llegar a dejarles ciegos. Corría el año 2011.

Nueve años antes, en mayo de 2002, el Gobierno belga –una coalición formada por liberales, socialistas y ecologistas, que se habían unido para evitar que el partido conservador formase parte del Gobierno por primera vez desde 1958– había legalizado la eutanasia. La ley había sido presentada como un alarde de progreso, compasión y autonomía personal; y era la segunda legislación eutanásica del mundo, tras la aprobada en Holanda un mes antes.

¿Casos extremos?

El primer texto aprobado por el Gobierno belga remitía a casos en los que un paciente mayor de edad, libre y en plenas facultades mentales, padeciese  “una enfermedad incurable”  que le provocase  “sufrimiento físico o psíquico constante e insoportable”. Casos “extremos”, como no cesaban de repetir los promotores de la eutanasia en los medios de comunicación.

Para lograr la aceptación social, durante la década que antecedió al diagnóstico de Eddy y Marc, los grupos proeutanasia habían esgrimido situaciones de enfermos en fase terminal, con dolores o alta dependencia (como el español Ramón Sampedro), que trasladaban un mensaje nítido: algunas vidas no tienen dignidad por su grado de incomodidad y la muerte es la mejor alternativa.

El glaucoma que padecían los gemelos no se ajustaba a ese patrón y, por eso, cuando se dirigieron a su médico de Amberes para solicitarle la eutanasia, mostrando su angustia “ante la insoportable perspectiva”  de quedarse ciegos y comenzar  “una vida de dependencia”, este se la denegó.

Sin embargo, Marc y Eddy parecían haber entrado en una espiral depresiva que los llevó a asumir el argumento propagandístico de que sus vidas serían tan indignas que era preferible morir. Así, buscaron un médico proeutanasia, el doctor David Dafour, del Hospital Universitario de Jette, en Bruselas, que en lugar de prescribirles un antidepresivo aceptó hacerles la eutanasia justificándose en el supuesto de  “sufrimiento psíquico”.

El 14 de diciembre de 2012, una inyección letal acababa con las vidas de Eddy y Marc. El veneno, entre otras muchísimas cosas, hacía saltar por los aires la posibilidad de que los gemelos llegasen a conocer la presentación, en 2013, de un microchip capaz de devolver parte de la vista a personas con ceguera degenerativa, como la suya.

A las dos semanas de sus muertes, el Gobierno belga extendía la eutanasia a enfermos de Alzheimer y a niños de hasta 5 años  “que demostrasen capacidad de discernimiento”.

Realidad ya en España

La ley belga que amparó el asesinato de Eddy y Marc –y el de las más de 17.000 personas que han sido eutanasiadas en Bélgica desde 2002, según cifras oficiales– es un calco de los argumentos que el pasado junio esgrimió el PSOE al presentar en el Congreso de los Diputados la que será la primera ley del Gobierno de Pedro Sánchez: la Ley de Eutanasia.

La normativa, que los socialistas prevén sacar adelante en un año con apoyo de Unidos Podemos y los nacionalistas, y la abstención –o el concurso– de Ciudadanos, establece que la eutanasia y el suicidio asistido dejen de ser considerados un homicidio en el Código Penal, y sean redefinidos como  “derecho”  financiado por la Seguridad Social, es decir, con dinero de todos los contribuyentes.

La ley considera merecedores de solicitarla (y, por tanto, se les podrá proponer) a la persona que tenga  “una discapacidad grave” , un  “sufrimiento físico o psíquico intolerable, insoportable e irreversible” , o una  “altísima dependencia”  de otras personas. No contempla las expectativas de vida del paciente ni la velocidad de la enfermedad, sino  “el sufrimiento que genera” .

Muy similar a Holanda

Se trata de una redacción similar a la primera ley de Holanda, donde se acaban de aceptar  “las complicaciones propias de la vejez” como argumento para aplicarla, y donde en 2016 un padre de familia de 41 años fue eutanasiado solo por ser alcohólico.

También como en Holanda, la ley española prevé controles médicos y éticos que exigen que cada solicitud sea valorada por dos médicos y, después, por un Comité de expertos que tendrá que crear cada Comunidad Autónoma.

Sin embargo, como alerta Theo Boer, exmiembro de la Comisión para la Eutanasia en Holanda y firme defensor de esta práctica hasta hace pocos años, estos controles son un mero trámite sin peso real, como ya ocurre en España con el aborto:  “Quienes, como yo, apoyaban la eutanasia, argumentábamos hablando de compasión, autonomía, controles y libertad individual.

Viéndolo con retrospectiva, estábamos equivocados: la eutanasia se ha convertido en algo cada vez más difundido, y muchos tipos de sufrimiento, sobre todo existencial, social y psiquiátrico, se han convertido en motivo para pedirla y aplicarla”,  ha afirmado en la revista italiana Tempi.

El médico no quiere matar

Las reacciones en España no se han hecho esperar, y los primeros han sido los profesionales sanitarios, a través de la OMC, la Organización Médica Colegial, que aglutina a los Colegios de Médicos de España:  “El Código de Deontología Médica dice que el médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa por parte de este” , recuerda la OMC en un comunicado.

Además, señala la contradicción de que se haya propuesto una ley de eutanasia cuando la OMC ha denunciado  “reiteradamente”  que en España falta inversión en los cuidados paliativos, única práctica médica que garantiza  “el respeto a la vida humana, la dignidad de la persona y el cuidado de su salud”.

Breve diccionario sobre eutanasia

Eutanasia activa. Un médico o equipo médico aplica un cóctel letal de fármacos para envenenar a un enfermo, con el objetivo de acabar con su vida.

Eutanasia pasiva. Los médicos retiran o niegan al enfermo los tratamientos necesarios e imprescindibles para seguir viviendo, con objeto de matarlo.

Suicidio asistido. Un equipo médico entrega al enfermo una o varias sustancias letales e instrucciones precisas de uso, para que él mismo acabe con su vida.

Sedación paliativa. No es eutanasia, sino cuidados paliativos: ante la muerte inminente, los médicos sedan al paciente con dosis mínimas e imprescindibles para disminuir la consciencia. No busca la muerte del enfermo sino aliviar su dolor.

Sedación terminal. Aunque algunas asociaciones lo usan como sinónimo de sedación paliativa, también puede referirse a una práctica eutanásica: inyectar dosis de anestesia incompatibles con la vida a pacientes en agonía, no para aliviar su dolor, sino para provocar su muerte.

“La ley española considera merecedor de pedir la eutanasia a quien tenga “una discapacidad grave”, un “sufrimiento físico o psíquico intolerable” o una “altísima dependencia” de otras personas”

El efecto pendiente resbaladiza

A pesar de que los promotores de la eutanasia esgrimen que se aplica en casos extremos, los países donde es legal (Holanda, Bélgica, Suiza, Luxemburgo, Canadá, Colombia y 6 de los 51 Estados de Estados Unidos) demuestran una realidad distinta.

Es el efecto conocido como Pendiente Resbaladiza: cuando se aprueba una ley proeutanasia, cada año la tolerancia social ante esta práctica es mayor, por la propaganda emotivista de los grupos proeutanasia y por el efecto “pedagógico” de las leyes: aquello que es legal es percibido como bueno, o como no-malo. En paralelo, los controles médicos se relajan, las exigencias de pérdida de salud son menores y los casos se multiplican.

Los datos de Bélgica son reveladores: en 2002, año de la aprobación de la ley, 24 personas pidieron la eutanasia. La cifra se multiplicó por 10 en un año: 234 en 2003. Una década después de su aprobación, en 2011, fueron asesinadas por eutanasia 1.133 personas; en 2015 se superó la barrera de las 2.000; y los últimos datos, de 2016, revelan más de 2.200 casos (seis al día). Médicos y familiares de pacientes eutanasiados denuncian múltiples irregularidades.

El escándalo más reciente, de enero de 2018, ha sido el de un médico que aplicó la eutanasia a una enferma de Párkinson y demencia, sin que esta la hubiese solicitado. La Comisión para casos de eutanasia (compuesta solo por miembros proeutanasia) avaló la práctica alegando “interrupción volun­taria de la vida sin petición del paciente”.

El enfermo no quiere morir

Y si la OMC recuerda que los médicos no quieren matar, quienes acompañan a los que sufren saben que los enfermos no quieren morir, sino vivir bien.

Francisco Almoguer, médico de formación y desde hace cuatro años sacerdote capellán del Hospital de Parapléjicos de Toledo, explica para Misión que entre los miles de casos de sufrimiento extremo que ha acompañado, solo un enfermo solicitó la eutanasia:  “Era un joven que estaba en la UCI; me dijo que estaba cansado y que no quería seguir viviendo. Se veía un estorbo para sus padres, y decía que no servía para nada. Le hice reflexionar sobre si sus padres no sufrirían más si él muriera que si siguiera vivo a pesar de las limitaciones. Al final, decidió seguir adelante con su vida”.

Almoguer explica que la eutanasia no tiene demanda social y que “pedirla depende del estado de ánimo del paciente, porque si está bien nunca pediría la muerte”.

Por eso insiste en ofrecer a cada enfermo la atención médica que necesita, así como ayuda psicológica y espiritual, en lugar de proponer el suicidio a quien sufre.

Eutanasia sin paliativos

El problema es que la experiencia internacional demuestra que, cuando se aprueba una ley de eutanasia, se reduce la inversión en paliativos.

El último ejemplo lo aporta Canadá, donde los médicos de Quebec acaban de denunciar el brutal descenso en la inversión en cuidados paliativos tras legalizarse la eutanasia y el suicidio asistido en 2016.

Valga el caso de Roger Foley, un hombre de 42 años afectado de ataxia cerebral (enfermedad que paraliza el cuerpo muy lentamente), que ha demandado a la Provincia de Ontario después de que su hospital le presentase una factura de 1.800 dólares al día para aplicarle los cuidados que necesitaba, antes de proponerle  “gratis”  el suicidio asistido.

En pocos meses, este catálogo de horrores que la eutanasia ha llevado a otros países será realidad en España. A no ser, claro, que quienes no desean que el Estado promueva el suicidio de enfermos, sean capaces de torcer el pulso al Gobierno o a alguno de sus socios parlamentarios.

La batalla que viene

En ese esfuerzo se enmarcó el Simposio contra la eutanasia organizado en el Congreso de los Diputados por One of Us, una federación europea compuesta por asociaciones y expertos en bioética de todo el continente, cuya acción política encabeza el exeurodiputado Jaime Mayor Oreja.

“La introducción de la ley de eutanasia –asegura Mayor Oreja para Misión– nos aleja de lo más importante: dar respuesta real a muchas personas que sufren porque no contamos con cuidados paliativos suficientes, que ni precipitan deliberadamente la muerte, ni prolongan innecesariamente la agonía, sino que cuidan al enfermo y alivian su dolor”.

Una pregunta queda en el aire: ¿el asesinato de enfermos y la promoción del suicidio encontrarán contestación de la sociedad española?

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete gratis y recibirás la revista cada tres meses en casa

Dona ahora: ayúdanos con tu donativo para que podamos seguir contando historias como esta