El 8 de abril vio la luz Amoris laetitia, una publicación pontificia que supone “la primera gran revolución pastoral” en la Iglesia –según monseñor Vincenzo Paglia, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia–, pues la exhortación postsinodal no reclama simplemente “un ajuste de la pastoral familiar, sino un cambio de toda la pastoral para hacer que la Iglesia sea madre, padre, hermana y amiga”. Veamos en qué consiste exactamente este cambio.

Por Isabel Molina Estrada y Ángeles Conde Mir

Es así de sencillo: “Familia y sociedad son inseparables, y cuando las cosas no van bien en la familia, tampoco van bien en la sociedad”, sentencia monseñor Vincenzo Paglia, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia. Para salir al paso de esta situación, el Papa Francisco ha trazado en Amoris laetitia (AL) un nuevo para­digma de la pastoral familiar.
Monseñor Paglia asegura con entusiasmo que se trata de una exhortación “histórica, porque pide una nueva forma de Iglesia: pide que la misma Iglesia sea una familia que no deja fuera a ninguno, que se conmueve por todos, que cuida a los que están un poco lejos, que va en busca de quien está perdido”. Por eso, resume con una imagen, basada en la parábola de la oveja perdida (Lc 15, 4 -7), la Iglesia que el Papa Francisco sueña en AL: “No solo es el pastor el que tiene que salir, las noventa y nueve ovejas se convierten en pastores y salen a buscar a la oveja perdida. Ninguna debe quedarse dentro para ocuparse de una ‘organización’”. Todas las ovejas se ponen en camino, tal como un padre o una madre de familia hacen con cada uno de sus hijos, sin excepción, cuando están en dificultades.
Y es ahí donde radica la esencia de esta exhortación, “porque si es verdad que el matrimonio es indisoluble, es todavía más indisoluble la relación de la Iglesia con las personas. Las personas pueden rendirse, pero la Iglesia jamás puede rendirse en su amor y su preocupación por sus hijos”, asegura monseñor Paglia.
Sin embargo, este nuevo enfoque en la pastoral familiar “no ha venido por una intuición del Papa –explica Juan José Pérez-Soba, profesor de Pastoral Familiar del Instituto Juan Pablo ii en la Pontificia Universidad Lateranense a Misión–. Responde a un proceso de conversión pastoral que el Papa ha impulsado, y al que toda la Iglesia ha respondido”. Así, el documento es fruto de un proceso sinodal extraordinario que ha durado dos años, y de tres años de reflexión de la Iglesia entera: un Consistorio (febrero de 2014), más de treinta catequesis del Papa sobre la familia y dos consultas a la Iglesia universal. Como broche de oro a este proceso, AL, en palabras del Papa, recoge todos estos aportes y agrega otras consideraciones que él ha visto necesarias para “orientar la reflexión, el diálogo o la praxis pastoral” (AL, n. 4).
Repensar los desafíos de las familias
El obispo de Bilbao, monseñor Mario Iceta, presidente de la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española y quien también fue padre sinodal, añade que lo que hace AL es “dar respuesta a los nuevos desafíos que encontramos tras la última exhortación postsinodal, Familiaris consortio, del año 1981. En este tiempo, han surgido situaciones que es preciso afrontar, dando nuevas luces y enfoques pastorales renovados”. Esas situaciones a las que se refiere monseñor Iceta son básicamente tres: “La de las parejas de hecho, es decir, de quienes no han contraído matrimonio, muchas veces por desconocimiento de lo que significa el matrimonio canónico; las personas que no acceden al matrimonio canónico y, en cambio, contraen matrimonio civil; y los matrimonios que se han roto y se encuentran en nuevas uniones”. Ante estos casos, que abundan hoy en día, Pérez-Soba asegura que “nada, ni en la doctrina ni en la disciplina, ha cambiado; todas las cosas siguen exactamente iguales en cuanto a la condición de acceso a los sacramentos en las situaciones irregulares, pero lo que hay, ante todo, es una convicción de decir: el matrimonio es la fuente donde el amor de Dios pueda regenerar el mundo”.
Bajo esta perspectiva, la exhortación apostólica invita a la teología a renovar su reflexión, a la vez que impulsa a la Iglesia, en las distintas diócesis del mundo, a hacerse cargo de la responsabilidad de enfrentar los desafíos de las familias en cada contexto social y cultural. El Papa ha puesto un especial énfasis en que cada situación se vive en su contexto y, por eso, el Evangelio debe inculturarse: “No puedo hablar en italiano si voy a Madrid; no puedo hablar en inglés si voy a China”, explica monseñor Paglia. En cada país o región –escribe el Papa– “se pueden buscar soluciones más inculturadas, atentas a las tradiciones y a los desafíos locales” (AL, n. 3). “Por eso no es posible una regla fija –explica monseñor Paglia–, pero sí un camino, un itinerario que ayude a todos a vivir ese amor robusto y fuerte del que habla AL”.
De esta manera, la exhortación entrega a los obispos la responsabilidad plena de traer a casa a las ovejas perdidas, ya que, “el obispo es juez en su calidad de pastor”, afirma monseñor Paglia. Y el pastor –insiste–, no puede dejar a ninguna oveja a su propia suerte bajo la excusa de que “ella se lo ha buscado”, puntualiza.
“La alegría del amor”
Pero, si bien es cierto que la exhortación apostólica tiende su mano a aquellos que están en situaciones de fragilidad (y que, en realidad, somos todos), lo que late a lo largo del texto es un impulso por reafirmar el gran patrimonio que supone la familia para la vida de la Iglesia y la sociedad entera: “Todas las páginas del texto, impregnadas por una gran simpatía hacia las familias, reafirman la grandeza de la misión que les ha sido confiada por el Señor: ‘De ninguna manera la Iglesia debe renunciar a proponer el ideal pleno del matrimonio, el proyecto de Dios en toda su grandeza’ (AL, n. 307)”, sentencia monseñor Paglia.
El título mismo de la exhortación, Amoris laetitia o La alegría del amor, manifiesta esta aspiración del Papa: “La fuerza de la familia ‘reside esencialmente en su capacidad de amar y enseñar a amar. Por muy herida que pueda estar, puede crecer gracias al amor’(AL, n. 53)”. Así, la exhortación busca “recuperar el sueño del matrimonio y de la familia para evitar que sea un peso insoportable”. Y esto se logra mostrando que “el amor no es el sentimiento romántico que responde únicamente a la satisfacción individual. Eso no es amor, es otra cosa. El amor del que se habla es una vocación, un compromiso de cambiar la historia”, explica monseñor Paglia. “Se trata de ir más allá del romanticismo, pues estamos en el corazón de un sueño que vale la pena vivir, porque si este sueño se desbarata, la sociedad se desbarata”, concluye el purpurado.
Por su parte, monseñor Iceta anima a todos a recibir con el corazón abierto esta exhortación, que califica como “un instrumento precioso para renovar la pastoral familiar en la Iglesia y para que la familia sea la institución más valorada por todo el mundo, capaz de generar vida, fraternidad y justicia, y de renovar a la Iglesia y a la sociedad”.
Colmar la sed de amor verdadero
El capítulo octavo de la exhortación es, según monseñor Iceta, “el más complejo de leer y requiere el manejo de conceptos teológicos”. Por eso, preguntamos al teólogo experto en pastoral familiar, Pérez-Soba, cómo abordarlo. Al respecto, y como primera clave, él recomienda entenderlo “a la luz de los capítulos 4 y 5, donde se habla del verdadero amor”. Y pone como ejemplo la conversación de Jesús con la samaritana: “Jesús encuentra una persona alejada, pero con sed interna de amor verdadero…” Por eso, a aquellas personas que han experimentado fracasos en su vida, a las que a veces aquello que la Iglesia les presenta como pleno les resulta difícil y lejano, Amoris laetitia ofrece “ese acompañamiento que hace posible tantas cosas”. Además, hay que tener presente que “la misericordia distingue entre la condena del pecado y la invitación a la conversión del pecador. Esto, con la samaritana, Jesucristo lo hace diciendo: “No es tu marido, por lo tanto, la vida que llevas no es la vida verdadera, pero tienes un amor verdadero que yo tomo y hago mío”. Para llegar a este punto hace falta tiempo, pues la Iglesia sabe que si una persona ha tenido un fracaso, quedan heridas interiores. “La indicación de la exhortación en este sentido es que, según la enseñanza de la Iglesia y bajo la dirección del obispo, poco a poco, se vayan dando los medios adecuados para responder con misericordia y cercanía pastoral a todos los casos”, puntualiza Pérez-Soba.
¿A quién va dirigida?  Monseñor Vincenzo Paglia dice que “AL es un gran armario con nueve puertas –sus nueve capítulos– en el que hay ropa para toda la familia: para los pequeños, los patucos; los jeans, para los jóvenes; el pañuelo, para la abuela; la ropa de luto, para cuando se está en duelo…”. Por eso, anima a leerla a todos pues “es un texto del que cada uno puede coger algo”, asegura.
¿Qué es lo fundamental?  Monseñor Mario Iceta recomienda leerla completa, pero, a los esposos, los anima a leer los capítulo 4 y 5, “sobre el amor conyugal en sus dos vertientes: la dimensión unitiva (cap. 4) y la dimensión generadora de vida (cap. 5). El capítulo 6.º, a quienes tienen encomienda pastoral; el 7.º, a los educadores; y el 9.º, a novios y esposos, para ponerle fundamento a una espiritualidad propiamente familiar”.
¿Por dónde comenzar?  Juan José Pérez-Soba sugiere hacer una primera lectura general, que ayudará a otras lecturas, aunque advierte también de que hay que leer AL “dentro de la tradición de la Iglesia y, por lo tanto, a la luz de otros documentos” como Deus Caritas est, de Benedicto XVI, que da un sustrato más profundamente evangélico al tema del amor; las catequesis de san Juan Pablo II sobre el amor humano; y, sin duda, Familiaris Consortio, ya que AL no establece de modo sistemático la pastoral familiar, sino que hace indicaciones genéricas.
Monseñor Paglia explica que, en este nuevo enfoque de la pastoral familiar, “las familias son empujadas a abrirse a la comunidad cristiana para no estar solas. Y la comunidad cristiana es invitada a ser familia y a no quedarse solo como institución. Esta nueva alianza familia-comunidad permite lo que pide el Papa: acompañar, discernir e integrar, las tres palabras claves de la última parte de la exhortación”:
ACOMPAÑAR: significa, según monseñor Iceta, ponernos a caminar al paso de cada persona, “pues al Señor le interesan todas las personas, por lo tanto, todas las situaciones han sido iluminadas por el Evangelio”. En esto coincide con Pérez-Soba, quien añade que, además de “no dejar a las personas solas, hay que llevarlas en los procesos de la vida a una plenitud”.
DISCERNIR: consiste en “ver cuál es la verdad ante Dios de cada situación”, explica monseñor Iceta. Esa verdad, según Pérez-Soba, es “la verdad del vínculo matrimonial, porque toda la pastoral del matrimonio es una pastoral del vínculo, es decir, de la alianza que Dios ha hecho con los esposos”.
INTEGRAR: se trata de lograr la “participación en la Iglesia de cada persona en aquella medida en que se vea que es posible integrarla en la comunidad cristiana”, explica monseñor Iceta. Porque “la Iglesia ha recibido el mandato del Señor de ser valiente y proteger a los débiles, perdonar las deudas y curar las heridas, comenzando por aquellos que se reconocen prisioneros de su propia culpa y están desesperados por haber fracasado en sus vidas», añade monseñor Paglia. Así, la Iglesia quiere acompañar a todos hasta la plena integración al Cuerpo de Cristo.

 

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