Gabrielle_Kuby
Gabriele Kuby. Socióloga y escritora alemana

Gabriele Kuby desveló la agenda de la ideología de género en 2006, cuando casi nadie hablaba del tema. La tildaron de “exagerada” y, desde entonces, recibe ataques feroces. Pero esta socióloga alemana no teme decir lo que ve: “Es mi responsabilidad. Si me retiro, mi infidelidad tendría serias consecuencias ante Dios”. Misión conversó con ella en el Congreso Mayo del 68, una época de cambios, un cambio de época, organizado por la UFV, donde presentó la ponencia “De la revolución sexual a la revolución global”.

Por Isabel Monina E. Fotografía: Guillermo G. Baltasar

Usted afirma que el desorden moral nos está llevando a una sociedad totalitaria. ¿Hay de verdad relación entre la esfera privada (“vivo mi sexualidad como quiero”) y un Estado que impone su “moral” a los ciudadanos?
Hoy, cincuenta años después de mayo del 68, vivimos en las ruinas sociales y psicológicas que crea una sexualidad sin normas morales. Al desregular las normas sexuales, se crea caos social, y ante el caos social, el Estado tiende a entrometerse más y más. La sociedad se está desmoronando. En ocho países miembros de la UE hay más niños que nacen fuera del matrimonio que dentro de él; en Alemania, la tercera parte de los niños inicia el colegio con graves desórdenes psicológicos; y la juventud está tan sexualizada que no es capaz de crear vínculos fuertes.
¿Ha jugado algún papel la normalización de la homosexualidad en este desmoronamiento social?
Un rol fundamental, porque el matrimonio crea un vínculo fuerte entre un hombre y una mujer, y la familia une a las generaciones. La homosexualidad rompe con ambas cosas: destruye la unidad hombre-mujer y no permite crear lazos generacionales. Donde se introduce la agenda LGTBI, se divide a la familia y se rompe el tejido social.
¿Existen paralelismos con alguna otra época de la historia?
Nunca habíamos tenido una generación que pensara que podía elegir voluntariamente su sexo. Siempre han existido minorías con problemas para identificarse con su sexo, pero eran fracciones mínimas. Tampoco habíamos vivido hasta ahora la insensatez de pensar que una pareja del mismo sexo podía casarse; eso no es un matrimonio. Y nunca habíamos tenido una ideología abanderada en las Universidades que dijera que existe el género fluido. Todo esto es una locura.
¿Hay conexión entre la ideología de género, el feminismo radical y la revolución sexual del 68?
Son un mismo pack. Y quienes los promueven tienen algo más en común: el ateísmo.
¿Cómo se puede creer en Dios si no se cree en el hombre y en la mujer?
La ideología de género, el feminismo radical, la revolución sexual del 68 y el ateísmo son una rebelión contra el Autor de la creación. Marx y Engels, desde el comienzo, querían crear la utopía socialista, y encontraron que en su camino se interponían la propiedad privada, la religión y la familia. Entonces decidieron expropiar los bienes, destruir a la Iglesia con una crueldad increíble –como ocurrió en China y Rusia–, y acabar con la familia.
¿En qué consistió ese último ataque?
Engels decía que el primer conflicto de clases ocurría entre el hombre y la mujer en el matrimonio. Por eso el feminismo radical va contra el varón, el matrimonio y los hijos. Todas las feministas radicales son de izquierdas, y entienden por liberación salir de la esclavitud del matrimonio y la maternidad. Esa fue precisamente la llamada de Simone de Beauvoir.
¿O sea, que desde el principio este movimiento busca destruir la familia?
Por supuesto. Los sociólogos socialistas de la Escuela de Frankfurt sostenían que la familia autoritaria alemana había producido el carácter nazi. Y, por tanto, su solución consistía en destruir a la familia para que esto no volviera a ocurrir. Utilizaron el sentido de culpa del holocausto para instigar en mi generación la idea de que la familia era mala. Destruir la familia autoritaria y sexualizar a los niños estaba en los preceptos de esta Escuela. Marcuse, Horkheimer y Adorno [sus abanderados] eran socialistas y comunistas de corazón. Vamos por partes. ¿Cuáles son los hitos que prepararon el camino a la revolución sexual del 68? En La revolución sexual global: la destrucción de la libertad en nombre de la libertad (Didaskalos, 2017) describí las pequeñas corrientes que desembocaron en la Revolución Francesa, que se pronunció contra la Iglesia y elevó la razón al nivel de una diosa. Más cercano a nuestra época, encontramos un hito muy importante en Sigmund Freud, quien dijo que todas nuestras neurosis son el resultado de haber reprimido nuestra energía sexual y, por tanto, es necesario liberar la sexualidad.
¿Cómo era el ambiente social previo a esta revolución?
Yo crecí antes de esa época. En el año 64 terminé la secundaria y me fui a estudiar sociología a Berlín. Antes del 68, los fundamentos de una sociedad cristiana estaban aún en su sitio. El divorcio era un escándalo que despertaba sentido de culpa. El sexo era entre hombre y mujer; la homosexualidad era prohibida por ley, igual que la pornografía. Se practicaban en secreto y solo en círculos pequeños. En las películas, lo máximo que se veía era un beso con los labios cerrados. Todo esto fue así hasta que en el 68 se produjo un corte cultural radical, en un periodo de tiempo muy breve.
¿Quién detonó este cambio radical?
Alfred Kinsey, quien se presentó como científico y publicó su famoso informe Kinsey: Comportamiento sexual del hombre (1948) y Comportamiento sexual de la mujer (1953). A principios de los 80, Judith Reishman demostró que Kinsey había abusado de niños y reclusos para llegar a los resultados que deseaba. Kinsey fue homosexual, pedófilo y sadomasoquista, y dijo que el varón no era capaz de ningún tipo de comportamiento moral, y que todos los varones tienen experiencias homosexuales y buscan sexo fuera del matrimonio.
Pero eso es absurdo…
Y sin embargo, desde entonces, los países occidentales comenzaron a hacer cambios legislativos: aborto, anticoncepción, homosexualidad…
¿Qué reflejo tiene todo esto hoy día?
La agenda del movimiento del 68, que consistía en teoría socialista, feminismo radical y liberación sexual, fue asumida por las élites del poder financiero y político, y sigue siendo su agenda actual. La Unión Europea, las Naciones Unidas, Apple, Facebook, Google, Microsoft… todos la promueven. Mi pregunta es: ¿por qué lo hacen? Sin embargo, no existe un debate público entre filósofos y sociólogos que busque una respuesta.
¿Cómo interpreta ese silencio?
El movimiento LGTBI ha llegado tan lejos que cualquiera que se pronuncie en su contra es atacado ferozmente. Es un lobby militante con muchísimo dinero y con protección desde altas esferas. A los propios homosexuales que han dejado su vida homosexual se les persigue. A mí me han hecho muchos ataques y han levantado campañas en mi contra, pero yo no corro peligro porque soy una voz solitaria.
¿Y por qué se ha dedicado usted a denunciar la revolución sexual?
A lo largo de toda mi vida he buscado mi vocación, y solo la encontré tras mi conversión al catolicismo, en 1997. Mi esposo y yo nos separamos en 1996. Ahí toqué fondo. Quedé sumida en la desesperación hasta que un día una vecina me dio una novena y me dijo: “Rézala”. Comencé a rezarla frente a una estatua de Buda. Al concluir los nueve días, supe que me haría católica.
¿Se convirtió así, de repente?
Sí, y ahí comenzaron a ocurrir milagros en mi vida. Primero me pidieron escribir un libro para Bertelsmann, sobre apariciones marianas. Yo había traducido muchos libros, pero no había escrito ninguno. Ese libro se convirtió en un libro sobre mi conversión y fue muy exitoso (6 ediciones en dos años).
¿A qué se dedicó después?
Soy socióloga, y descubrí que el ataque a la sexualidad es el ataque más grave que se puede hacer a la persona y a la sociedad. Encontré el libro El sexo y la cultura (1934), del antropólogo británico J.D. Unwin, quien decía que cuando una sociedad renuncia a normas morales estrictas –como la virginidad hasta el matrimonio y la monogamia–, se baja del escenario de la historia, porque esa moral estricta es la condición previa al desarrollo de la cultura. Esa idea me entusiasmó, entonces escribí mi primer libro contra la ideología de género en 2006. La gente me llamó exagerada, pues nadie más hablaba del tema. Hoy reconocen que lo que escribí no era ninguna exageración.
¿Ha tenido miedo a decir lo que ve?
No. Sé que si me echo para atrás, mi infidelidad tendría serias consecuencias en mi relación con Dios. Los ataques no me preocupan.
Mirando al futuro: ¿Qué propone para revertir el caos en que vivimos?
No tengo una estrategia. Cada uno tiene que desempeñar el papel que le corresponde. Yo simplemente hablo claro. También me he planteado retomar algo que hice hace años: dictar cursos para jóvenes sobre la castidad. En ellos pregunto a los jóvenes: ¿qué quieres hacer con tu vida? Si me dicen que sueñan con una familia y con encontrar el amor, les digo: ¿qué vas a hacer con tu sexualidad para alcanzar eso que quieres?

 

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete gratis y recibirás la revista cada tres meses en casa

Dona ahora: ayúdanos con tu donativo para que podamos seguir contando historias como esta