Gloria Safdar: “La persecución que sufrimos por Jesús hace mayor nuestra fe”

Durante tres días, Madrid ha acogido el XIII Congreso de Escuelas Católicas bajo el lema “Sabemos educar. Libertad y compromiso”. José María Alvira explica a Misión la importancia de los centros concertados y sus beneficios para toda la sociedad.

Por Blanca Ruiz Antón

Mafias, falsas acusaciones, persecución, ataques, viajes en secreto… Gloria Safdar todavía tiene muchas cosas que no puede contar con detalle de su huida de Pakistán. A pesar de que salió de allí hace ya ocho años, y de que tres de sus hermanos están en España, su padre y un hermano permanecen en la República Islámica de Pakistán, y sus vidas corren peligro.

Todo comenzó hace cerca de diez años, cuando uno de sus hermanos conversaba con unos compañeros de trabajo. Lo que empezó como un intercambio normal de opiniones, terminó costándole ser denunciado ante los tribunales islámicos y acusado de haber hablado contra el Corán y, por tanto, de atentar contra la ley antiblasfemia. Una acusación que significa ser perseguido de manera inmediata con riesgo de muerte.

En semiesclavitud

Pakistán es el sexto país más habitado del mundo, con 192 millones de habitantes censados, y un sistema de Gobierno de república islámica que se rige por las leyes de la sharía, inspiradas en la interpretación más radical del Corán.

Su índice de desarrollo humano, según Naciones Unidas, ocupa el puesto 147 entre 180, lo que muestra el subdesarrollo de un país centrado en la economía textil y manufacturera.

El 65 por ciento de la población es analfabeta y la educación es un lujo al que muchos no tienen acceso. Con ese panorama, los más pobres entre los pobres son los cristianos, que representan el 4 por ciento de la población y están sumidos en una espiral de marginación de la que es casi imposible salir.

El 95 por ciento de los cristianos no sabe leer ni escribir, y como los que acceden a la escuela ocupan los últimos lugares, suelen abandonar pronto para acceder a trabajos poco cualificados, como la construcción de ladrillos en régimen de semiesclavitud.

La familia Safdar, sin embargo, es una excepción en todos los sentidos, porque el padre trabajaba en la empresa estatal de ferrocarriles, y tanto sus hermanos como Gloria pudieron acceder a una buena educación. Ella estudió Primaria y Secundaria interna en un colegio católico que la congregación Jesús y María dirige en la provincia de Punjab, pero cuando tuvo que ir al instituto, “fui la única cristiana de todo el centro, lo que me hizo aislarme mucho.

Casi siempre prefería no hablar u opinar de determinados temas para evitar que me pudieran denunciar por la ley antiblasfemia”, explica. Una situación de aislamiento que vivió también cuando pasó a estudiar Trabajo Social en la Universidad de Punjab.

Para ayudar a los perseguidos

Según el último Informe sobre Libertad Religiosa en el Mundo publicado recientemente por Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), Pakistán es uno de los 23 países en los que la libertad religiosa está más perseguida.

En los últimos años, su situación ha empeorado desde que la Liga Musulmana, de tendencia radical, está en el Gobierno. Además, es el país del mundo con más madrazas, escuelas coránicas, en su mayor parte financiadas por Arabia Saudí.

Más de mil cristianos están presos por la ley antiblasfemia. ain centra en ellos su última campaña, con la que se puede colaborar desde la web www.ayudaalaiglesianecesitada.org y llamando al 91 725 92 12.

Perseguidos por sus vecinos

Fue en aquellos años cuando todo cambió. Un día, su hermano mayor fue acusado injustamente de haber hablado contra la fe musulmana. “Él había opinado sobre un tema cualquiera y resultó que para los musulmanes era algo que iba contra el Corán”. Al menos, eso dijeron quienes lo denunciaron.

Los Safdar tuvieron que cambiar varias veces de casa porque sus propios vecinos les delataron y atacaron. La pesadilla se prolongó más de dos años, hasta que aconsejaron a su hermano y a su cuñada escapar del país.

Él contactó con una mafia que le aseguró que podrían sacarlos de Pakistán de manera segura. Salir de forma ilegal, a pesar de ir contra la ley, era su única opción, ya que las autoridades pakistaníes lo arrestarían y entregarían para cumplir una condena injusta. La misma condena que se cierne como una espada de Damocles sobre los más de mil cristianos actualmente encarcelados en Pakistán por haber infringido, supuestamente, la ley antiblasfemia. “Hay casos que alcanzan notoriedad pública, pero otros cristianos son perseguidos por lo mismo y no lo saben ni sus vecinos. Es muy duro”, precisa la joven.

Alzar la voz desde España

Su hermano, perseguido por ser cristiano, dejó todo para salvar su vida… y su fe. Viajaron durante semanas por carretera, en furgonetas destartaladas con los cristales tapados. Después de un tiempo imposible de contabilizar, llegaron hasta La Rioja y, después, se asentaron en Valencia.

Según explica Gloria, su hermano y su cuñada nunca pensaron que España sería su destino final, pero se encontraron en un centro para inmigrantes donde, con paciencia y pasando por la inagotable burocracia, consiguieron adquirir el estatus de refugiados.

Gloria, por su parte, consiguió el visado para viajar a Europa, pero nunca dijo que venía a reunirse con su hermano, porque todavía sigue condenado a muerte en Pakistán y ella no habría podido salir del país.

Así, Gloria y su familia llevan más de ocho años en Valencia, donde han rehecho su vida. Con su testimonio, colabora con Ayuda a la Iglesia Necesitada en la sensibilización sobre la persecución de los cristianos en Pakistán.

“Mi gente no tiene voz, nadie los escucha. Estamos discriminados y perseguidos, porque la Constitución de Pakistán crea dos categorías de ciudadanos: los musulmanes y los demás. Los cristianos, por ejemplo, no pueden acceder a altos cargos, y los libros de texto incitan al odio contra los cristianos”, explica.

Sin embargo, subraya: “La persecución que sufrimos en Pakistán a causa de Jesús hace que nuestra fe sea mayor. Nadie deja de ir a la iglesia a pesar del alto riesgo de ataque con bomba o de los controles que hay que pasar, porque hay algo más fuerte que no nos pueden quitar: nuestra fe, que está en nuestra sangre, y nos hace vivir con esperanza y alegría”.

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