El Homer Simpson que todos llevamos dentro (o no)

Universidades como las de Glasgow (Escocia) y Berkeley (California) han dedicado asignaturas y programas a analizar la figura de Homer Simpson como uno de los más emblemáticos iconos culturales del varón contemporáneo. Más allá de las deformaciones propias de una caricatura, su mezcla de virtudes y defectos tiene un trasfondo antropológico, neurocientífico y filosófico que permite comprender las fortalezas y debilidades del sexo masculino.

Por José Antonio Méndez

Con la asesoría de Nacho Tornel, terapeuta de pareja y autor de Enparejarte (Editorial Planeta, 2016)

Mente en blanco

No es de estúpidos, aunque pueda parecerlo. Los estudios en neurociencia demuestran que cuando el cerebro masculino se fatiga o sufre estrés, entra en una especie de letargo que le lleva a tener la mente en blanco y a reducir el tráfico de su actividad neuronal. Cuando a un hombre le preguntan “¿En qué piensas?” y responde “en nada”, seguramente sea cierto: no está pensando en nada.

“No Bueno, sI.  Bueno. Ouch!”

 El varón tiende a ser más reservado y comunica peor sus sentimientos, entre otras razones porque su cerebro tiene el mismo número de neuronas que el femenino, pero es casi un 15 por ciento más grande. Eso hace que tenga peor conexión entre el hemisferio izquierdo (lenguaje) y el derecho (afectividad). Eso se demuestra en su preferencia a hablar de lo que le pasa sin establecer contacto visual, por ejemplo, mientras conduce.

Goooool!

El varón se deleita con la actividad física y deportiva ya que la testosterona, la “hormona masculina”, lo empuja a la acción. Incluso ver los deportes lleva a segregar testosterona, algo que puede ser positivo o negativo según sus “efectos secundarios”: exceso de tiempo frente al televisor, ausencia de otros hobbies, preocupación desmedida por la propia imagen…

Como un niño

Las hormonas masculi­nas tardan más en madurar que las femeninas. Mientras ellas madu­ran entre los 10 y los 23, ellos lo hacen entre los 13 y los 30 (o más tarde). Juegos, bromas o comportamientos infantiles que para una mujer de 40 años quedan muy lejos dentro de su evolución biológica siguen estando “frescos” para un hombre de la misma edad.

¿Has dicho sexo?

El hombre es más demandante de sexo y en situaciones de estrés busca liberar tensión a través de la actividad sexual. La neurobióloga Louann Brizendine ha demostrado que la zona del estímulo sexual es casi dos veces y media más grande en el cerebro masculino y que en la pubertad los niveles de testosterona se multiplican por 25 en los chicos. Por eso es necesario aprender desde niños a liberar testosterona a través del ejercicio o la relajación, que producen oxitocina: la hormona que “aplaca” a la testosterona.

Ternura paternal

Aunque tiende a ser menos dado a la ternura y al romanticismo, él también puede ser sensible y cuidadoso de sí mismo y de los demás. Su ternura suele ir barnizada con tintes de protección y cuidados casi paternales, como Homer hace con Marge o Maggie. Ante la llegada de un nuevo hijo, se disparan los índices de prolactina y se reduce la testosterona, haciéndolo menos agresivo y más empático.

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