Pocos santos son tan conocidas como Ignacio de Loyola. Sin embargo, sus años de juventud, como soldado y noble, aún están envueltos en un halo de misterio. Una bruma que el joven actor Andreas Muñoz despeja con su interpretación en Ignacio de Loyola, una producción internacional que ha contado con la asesoría de la Compañía de Jesús y que llega a los cines el 16 de junio.

Por José Antonio Méndez y Juan Orellana

 

¿Impone interpretar, no a un personaje de ficción, sino a un santo real y tan conocido por muchos? 
Lo primero que me planteé fue cómo llevar al cine la vida de un santo, porque me lo imaginaba con su halo… Pero al ahondar en su vida, me di cuenta de que fue un ser humano normal, al que le encantaban las mujeres y la buena vida; era vanidoso y le gustaba vestir bien… Incluso tuvo un romance con Catalina de Aragón que podía haber cambiado la Historia. Pero, poco a poco, fue convirtiéndose en santo. De hecho, murió sin intuir que era santo y, sin embargo, fue canonizado 50 años después de su muerte.
¿Qué ocurrió para que un soldado pecador acabase siendo canonizado?
Una conversión muy fuerte. En la película se ve que hay dos personajes: el soldado apasionado, apegado a la tierra, y que quiere la gloria; y el hombre que tras la conversión se vuelve peregrino y pasa de ser egocéntrico a dar la vida por los demás.
Usted tiene 27 años. ¿Le impactó ver la humanidad de un joven al que le gustan la fiesta, el lujo y las mujeres, y que llegó a ser santo?
Sí. Me ha llevado a pensar. Yo antes veía a los santos de otra manera y no estaba en lo cierto. Los santos no nacen santos.
¿Qué poso le ha dejado el personaje?
Me ha ayudado a tener paciencia y a entrar en el mundo del silencio. Como actor trabajo también mucho la observación y la escucha, y eso es algo que viven los jesuitas, que nos han asesorado muy bien en la película.
Dos virtudes poco frecuentes en el mundo del espectáculo…
Y en la sociedad en general. En esta época hay muchísimo ruido; vivimos en una sociedad egocéntrica en la que nos importa más qué pensarán los demás que cómo ayudar al prójimo. Por eso es tan interesante la vida de Íñigo de Loyola, que hoy habría sido un monstruo de las redes sociales, y tal vez las habría abandonado, igual que se despojó de todo.
¿Este papel le ha hecho poner los ojos en Dios?
Por supuesto. Me ha llevado a una escucha interna que hasta ahora no tenía.
¿Qué puede descubrir alguien sin fe en esta película?
Que no está solo. Y que, aunque la vida a veces parezca difícil, y la de quien está al lado parezca mejor, hay que ser fuerte y seguir luchando por lo que uno cree.
 
TÉCNICA
  • Director: Paolo Dy y Cathy Azanza
  • País: Filipinas
  • Género: Biopic
  • Duración: 118 min
  • Reparto: Andreas Muñoz, Javier Godino, Julio Perillán, Gonzalo Trujillo, Isabel García Lorca, Lucas Fuica, Mario de la Rosa, Jonathan D. Mellor.
Nos llega de Filipinas una película biográfica sobre san Ignacio de Loyola que recorre desde su etapa de militar noble hasta su marcha a París a estudiar la teología. Es decir, se centra en su conversión y en sus primeras andanzas anunciando el Evangelio.
La película, cuyos exteriores están rodados en España, comienza como una clásica cinta de aventuras y espadachines, para convertirse paulatinamente en un drama en el que incluso se nos sirven momentos místicos.
La película está lejos del antiguo modelo de hagiografías dulzonas, y está rodada con cierto naturalismo, subrayando especialmente los aspectos más humanos del santo, interpretado con solvencia por el madrileño Andreas Muñoz, más conocido por su trabajo en series de televisión.
El film subraya también la radicalidad en la vida del santo, que en muchos momentos recuerda a Francisco de Asís, así como la incomprensión de cierto aparato eclesiástico, poco amigo de novedades como los Ejercicios Espirituales. Todo lo cuenta con equilibrio, sin forzados maniqueísmos, ni tentaciones ideológicas. Y envuelto en una producción cuidada y realista, como se pone de manifiesto en las secuencias bélicas.
Más complicadas son las escenas que recrean sus experiencias místicas, siempre difíciles de plasmar; aun así, están correctamente resueltas y recurren al personaje desdoblado que ya vimos este año en Los últimos días en el desierto, sobre las tentaciones de Cristo. ¡Toda una sorpresa!

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