Arte: Inmaculada niña de Zurbarán

397
Inmaculada-Niña-(Zurbaran)-SiguenzaLa Purísima

Hace 165 años, el 8 de diciembre de 1854, en un contexto marcado por el materialismo liberal, la desigualdad, el desconcierto moral y una tensión creciente, la Iglesia proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción. Pero esta verdad de fe –profetizada en el Antiguo Testamento y cuya contemplación nos ayuda a vivir la confianza en la Providencia, la pureza y el combate contra Satanás– ya era reconocida por los fieles desde hacía siglos, especialmente entre el pueblo español. Oraciones, jaculatorias y fiestas populares se celebraban por toda España en honor de la Purísima, con un fervor que abanderó la Corona, y fomentó la creatividad de artistas como Ribera, Murillo o Zurbarán, autor de esta Inmaculada Niña de 1630 (Fundación Perlado Verdugo) que conserva el Museo Diocesano de Sigüenza.

Por Isabel Fernández (Nártex)
Fotografía: David Blázquez

  1. Imagen de la Iglesia. El cabello suelto y sin velo es señal de que no está casada, aunque la discreta cinta del vientre alude a su embarazo. Es casi una niña de doce o trece años, y reza. “En la plenitud de la gracia, es comienzo e imagen de la Iglesia, llena de juventud y de limpia hermosura”, dice el prefacio de la misa de esta solemnidad.
  2. Como en una visión. A partir del siglo xv, el vestido suele responder a las visiones de santa Beatriz de Silva, santa de origen portugués que, tras una revelación de la Virgen y con el respaldo de Isabel la Católica, logró fundar la primera congregación que difundiese el Misterio de la Inmaculada Concepción.
  3. Blanco y azul. La túnica blanca, sin mancha de pecado, hace referencia a la pureza de María. De ahí que la Inmaculada sea conocida, sobre todo en España, como “La Purísima”. El manto azul, pigmento muy difícil de conseguir, reservado a las grandes dignidades y que simboliza al ámbito espiritual, muestra que María es la Reina del Cielo, la Madre de Dios.
  4. Sobre la luna. El resplandor del sol, la luna bajo sus pies y la corona de doce estrellas hacen referencia al pasaje del Apocalipsis que anuncia la victoria de la mujer que alumbra al Hijo de Dios frente al demonio. Ella nos ayuda a vencer al tentador.
  5. Letanías lauretanas. Inspiradas en el Cantar de los Cantares, numerosas imágenes se refieren a las letanías lauretanas, un modo de dirigirse a la Virgen que se extendió desde el santuario de Loreto a lo largo de los siglos: speculum sine macula, espejo sin mancha que refleja a Dios y representa su pureza; Stela maris, la estrella que guía a los navegantes en la oscuridad; Porta Coeli, pues su “sí” abrió de nuevo las puertas del paraíso; Turris Davidica, pues así como la torre de David protegía a Jerusalén, María defiende a la Iglesia… Muchas de estas letanías se rezan aún hoy en el Rosario.
  6. Tres árboles y un huerto. En el paisaje aparecen el olivo, el ciprés y el cedro, símbolos de bendición, vida eterna y fortaleza. El Hortus Conclusus, huerto cerrado, es una alusión a su virginidad tomada del Cantar de los Cantares.

Puedes encontrar este artículo en el número 54 de la revista Misión.

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete gratis y recibirás la revista cada tres meses en casa.

Dona ahora: ayúdanos con tu donativo para que podamos seguir contando historias como esta.