La amistad que acerca a Dios

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La amistad que acerca a Dios. Abrazo Juan Pablo II y Stephan Wyszynski
San Juan Pablo II abraza al cardenal Wyszyński en 1979

Para un cristiano es clave cultivar buenas relaciones que lo acerquen a Dios. Está escrito en la Biblia: “Un amigo fiel es una protección segura; el que lo encuentra ha encontrado un tesoro” (Eclo 6:14). Os presentamos a varios santos que supieron cuidar este tesoro basándolo en el amor que todos ellos sentían por Jesús. La amistad que acerca a Dios.

Por Marta Peñalver
Fotografía: Servizio Fotografico Vaticano

Felicidad y Perpetua (s. III): La amistad en Dios no entiende de clases
Perpetua era una joven adinerada perteneciente a una de las familias más ricas de Cartago. Su familia se convirtió al cristianismo y también varios de sus sirvientes, entre ellos Felicidad, con quien mantuvo una profunda amistad que las unió hasta la muerte. En el año 202, el emperador Severo ordenó perseguir a los cristianos y estas dos amigas fueron arrestadas y encarceladas. Ambas fueron condenadas a muerte ante su negativa de adorar a dioses paganos. Son un ejemplo de cómo la verdadera amistad, iluminada por la fe, no entiende de clases o roles sociales.
Luisa de Marillac y Vicente de Paúl (s. XVII): La caridad como vínculo de la amistad
Luisa de Marillac era una joven viuda y Vicente de Paúl su director espiritual. El motor de sus vidas fue la caridad, inspirada siempre en el amor que ambos sentían por Jesucristo. Trabajaron durante 35 años juntos por los más necesitados y dejaron como muestra miles de cartas que ilustran cómo la evolución de su amistad y el apoyo mutuo que se brindaron llevó a ambos a la santidad. Juntos fundaron en 1633 las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.

Su amistad y el apoyo mutuo que se brindaron llevó a ambos a la santidad

Juan Bosco y José Cafasso (s. XIX): El buen ejemplo a seguir
Estos dos santos se conocieron cuando Juan Bosco era solo un niño. Éste cuenta cómo san José Cafasso, que entonces era un joven seminarista, le impactó por su amabilidad y simpatía. Desde entonces entablaron una gran relación. Cuando el joven Bosco, que venía de una familia extremadamente humilde, quiso entrar en el seminario, Cafasso le costeó parte de los estudios y consiguió que le dieran una beca. Cafasso dedicó gran parte de su vida a predicar a presos y criminales, y llegó a acompañar a condenados a muerte a la horca, que se convirtieron por su apostolado. De hecho, él llevó al fundador de los salesianos a las cárceles y centros de internamiento donde conoció las calamidades que pasaban los jóvenes que no habían tenido quien los educara. Del horror que presenció en estos encuentros nació su vocación por la infancia y la juventud de quien pronto sería conocido como Don Bosco. El padre Cafasso fue un gran benefactor de los salesianos. Al ver las penurias de la comunidad salesiana en sus inicios, buscaba ayuda en los más ricos para ofrecérsela a su amigo. Este humilde sacerdote fue, sin duda, uno de los grandes amigos de Don Bosco, y uno de los más grandes formadores de sacerdotes del siglo XIX.
Ignacio de Loyola y Francisco Javier (s. XVI): Desde la Universidad
Probablemente es una de las parejas de amigos santos más conocidas. De joven, Francisco Javier destacaba por sus habilidades y sus grandes aspiraciones de triunfar en la vida. Tras formarse en distintas ciudades de Navarra, en 1528 decidió irse a estudiar a París, donde conoció a Ignacio de Loyola, un joven militar español que tras su conversión había abandonado la vida belicista. Ambos compartieron cuarto en la Universidad de la Sorbona y se apoyaron mutuamente en los momentos más difíciles. Estos dos santos fundaron, junto a otros compañeros, la Compañía de Jesús, basándose en los ejercicios espirituales que san Ignacio había desarrollado tras su conversión. En 1536 fueron ordenados sacerdotes y terminaron sus días dedicados en cuerpo y alma a la espiritualidad misionera que juntos habían impulsado.

“No estaría sobre la Cátedra de Pedro si no hubiese sido por tu fe”

Josemaría Escrivá y Pedro Poveda (s. XX): Fundadores de distintos carismas de la Iglesia
El fundador del Opus Dei y el de la Institución Teresiana fueron grandes amigos y se ofrecieron ayuda mutua en los primeros años de sus apostolados. Josemaría Escrivá acudió a Pedro Poveda cuando este era capellán real, a pedirle ayuda para poder instaurar en Madrid la obra que Dios le había inspirado: el Opus Dei. Su espíritu humilde y su dedicación conquistaron a Poveda y desde entonces creció entre ellos una gran amistad. Tan honda fue que Josemaría escribió en una ocasión a un sacerdote amigo suyo estas palabras: “D. Pedro Poveda para mí es un padre queridísimo, él te orientará en cuestión de estudios: lo que diga D. Pedro, lo suscribo yo”.
Juan Pablo II y Stefan Wyszynski (s. XX):Discípulo y mentor
Una de las personas que más marcaron la vida de Karol Wojtyła fue el cardenal Stefan Wyszynski, quien está en proceso de canonización. Este fue profesor de Wojtyła en la universidad y su mentor. “Tu fe y confianza en María pese a las persecuciones me ayudaron a ser sucesor de Pedro”, aseguró en 1978 el ya Juan Pablo II al entonces cardenal primado de Polonia en una carta dirigida a los fieles polacos. Y añadió: “Permíteme que te diga sencillamente lo que siento: no estaría sobre la Cátedra de Pedro este Papa polaco que hoy, lleno de temor de Dios pero también de confianza, inicia un nuevo pontificado, si no hubiese sido por tu fe, que no se ha arredrado ante la cárcel y los sufrimientos”. La foto de ambos fundiéndose en un abrazo después de haber sido elegido Papa san Juan Pablo II es una muestra viva de su profunda amistad. Wyszynski será beatificado el 7 de junio de 2020.

 

Puedes encontrar este artículo en el número 54 de la revista Misión

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