La anónima rama contemplativa de la Orden de Malta: Tres monjas sostienen una Orden milenaria

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Sor Virginia 53) y sor María 87)

Solo en España, la Orden de Malta atendió a cerca de 230.000 personas necesitadas en 2018. Lo que pocos saben es que la inmensa labor asistencial que lleva a cabo esta orden en el mundo descansa sobre la oración casi desconocida de tres monjas españolas.

Por Lucía González Barandiarán

Isabel, María, Virginia tres enamoradas, tres valientes. Su vida es digna de una película. Son monjas de clausura de una de las órdenes más antiguas del mundo, la Orden de Malta, y permanecen escondidas como el más preciado de los tesoros.
Las descubrimos en un cuidado monasterio de 900 años en Salinas de Añana (Vitoria), donde cruzamos el umbral que preside una cruz de ocho puntas, que representa las ocho Bienaventuranzas: “Son el legado que nos dejó Jesús en la Tierra, para marcar Su camino”, nos dice sor Virginia, superiora de las llamadas “Comendadoras de San Juan” y quien nos ha traído hasta aquí.
Su vocación es muy especial. Al igual que Teresita de Lisieux (patrona de las misiones), se encargan de rezar por los frutos del trabajo y la santidad de miles de los miembros y voluntarios que sirven a esta institución en la que el 98 por ciento son laicos.
Una labor quijotesca
Sor Isabel es la mayor, curiosa, con una mirada avispada: “Entré a los 21 años, hoy tengo 91. Supe que este era mi lugar y vine decidida”. Lo que no se imaginaba era la intensa vida que le esperaba. Desde coser cientos de trajes para pueblos enteros en África, hasta crear una fábrica de velas que dejan poso a limón o lavanda.
Firmes cual Quijotes, las tres monjas permanecen convencidas de que llegarán nuevas vocaciones, después de haber cerrado ya varios conventos. Viven en esa certeza y la Providencia no les falla. Recientemente, han podido abrir una Hospedería para acoger peregrinos.
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Entrada al convento y a la hospedería
Lo suyo viene “de casta”, y es que su fundador, el beato Gerardo Tum, fue un pionero que vio la necesidad de atender y curar a quienes llegaban a Tierra Santa tras un largo viaje. Allá por el año 1099 fundó el primer Hospital del mundo y sus sucesores han hecho lo propio siglo tras siglo. ¿Su lema? Tuitio Fidei et Obsequium Pauperum (La defensa de la fe y el cuidado de los necesitados).
Hoy ellas también acogen a peregrinos como hermanas hospitalarias, con san Juan Bautista como patrón: “Él iba preparando los caminos y a sus gentes para la llegada”, explica sor Virginia.
Ancladas en la oración
Estas monjas sanjuanistas, en tan solo dos días, nos han conquistado. Resulta sorprendente su confianza para pilotar un barco de tales dimensiones que según la lógica del mundo ni se mantendría a flote.
“El mundo necesita de oración”, dice sor María, y añade: “Si supieran lo que rezamos… ¿Para qué estamos aquí, si no? ¡Para la salvación de las almas!”. ¡Touché!  Todo cobra sentido: ni las misiones seguirían en pie sin las oraciones de religiosas contemplativas, ni la Orden de Malta actuaría en primera línea sin las de estas monjas sanjuanistas. Ese es su secreto.
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