La criatura se nos ha hecho mayor

Pedirme a mí que hable de Misión es como dar alas a una madre para que cuente cosas bonitas de su hijo. No en vano podría decir que esta revista ha sido el primero de mis vástagos. Empecé a trabajar en ella en noviembre de 2007, justo un día después de regresar de mi viaje de novios. Me incorporé entonces a un grupo de profesionales capitaneado por Isabel Molina con el fin de concebir una publicación que podría revolucionar el panorama de las publicaciones católicas de España.

Por Isis Barajas
Ilustración: Rikki Velez 

Durante una larga y trabajosa gestación de 6 meses, contactamos con los primeros colaboradores (muchos de ellos siguen hoy) y desarrollamos una cuidada propuesta, tanto en el fondo como en la forma. Tras semanas de desvelos, nuestro corazón rebosó de alegría cuando sostuvimos en brazos el número 1 de Misión en mayo de 2008. Solo cuatro meses después, nació, ahora sí, mi primer hijo biológico.

Pero nuestra revista, que por entonces era solo una bebé, vino al mundo con dificultades. Justo el año de su nacimiento estalló también el crash del 2008, la crisis económica que nos trajo de cabeza durante años. La nuestra, una publicación todavía desconocida y que deseaba ser gratuita a toda costa, necesitaba una inversión publicitaria que por entonces no hacía más que descender. Muchas veces creímos estar sosteniendo la mano de nuestra hija agonizante por no tener recursos económicos para imprimirla y enviarla a nuestros lectores.

Sin embargo, el Señor tenía planes para Misión más grandes de los que sus propios padres podíamos aventurar. Nosotros seguíamos cambiándole los pañales día tras día, poniendo todo nuestro mimo en cada palabra, cada dibujo, cada titular, y, mientras tanto, se iba haciendo solo el gran milagro de Misión.

Nuestra pequeña criatura fue ganándose los corazones de decenas de miles de familias que han querido suscribirse y que, en muchos casos, han contribuido con sus donativos a la viabilidad de este proyecto. También se fue haciendo el milagro de que tantos anunciantes y empresas apostaran por la que era y es la niña de nuestros ojos.

Les contaré un secreto. Hace ya tiempo que dejamos de pensar que Misión dependía de nosotros. En 2010, María José Arranz, una de las personas que lleva trabajando aquí desde el principio, propuso que consagráramos la revista al Sagrado Corazón de Jesús. Desde entonces, y coincidiendo con esta fiesta, se renueva cada año la consagración. La revista no es nuestra, no; esta hija predilecta la ha asumido como propia el Señor y es Él mismo quien obra a través de sus páginas.

Hace dos años que yo dejé de estar en las bambalinas de Misión. Después de mucho tiempo como redactora jefe llegó el momento de pasar el relevo a mi buen amigo José Antonio Méndez. Ahora, sin embargo, no puedo evitar emocionarme recordando a tantas personas que he tenido el privilegio de conocer y entrevistar, así como las innumerables historias de luz que hemos llegado a contar en estas humildes páginas de papel couché.

Me siento muy afortunada por haber trabajado con periodistas y columnistas increíbles, con maravillosos ilustradores, fotógrafos y diseñadores, y, por supuesto, con las grandes personas cuya labor no siempre se ve pero que han hecho posible cada una de estas 50 ediciones. Todas ellas, que están ahora o han estado en alguna etapa de estos diez años, han sido artífices de lo que hoy es Misión.

Finalmente, déjenme que mencione a Isabel: mi jefa, mi compañera de fatigas y, sobre todo, mi gran amiga. Cuánto hemos pasado juntas, cuidando a esta criatura que se ha hecho tan mayor. ¡Y qué guapa e interesante se está poniendo esta hija con el paso de los años!