Poco a poco se intenta cambiar la percepción social sobre la eutanasia, para que las personas lleguen a verla como una práctica normal. Sin embargo, la experta en bioética Mónica López-Barahona, miembro del Consejo Directivo de la Academia Pontificia para la Vida, explica que el suicidio asistido y la eutanasia son “un asesinato-homicidio” y que “establecer categorías en las que se justifica acabar con una vida es perverso”.

Por Isabel Molina Estrada

En enero de 2016 se emitió por la cadena de televisión holandesa NTR el documental Levenseindekliniek (Clínica para Morir), que registró durante un año y medio tres casos de personas que deseaban que se les practicase la eutanasia y a quienes sus médicos de familia se lo habían denegado.
Ante la negativa, los tres acudieron a la Clínica para Morir a reiterar su solicitud. El documental concluye con la muerte de las tres personas.
En su blog, el profesor canadiense Trudo Lemmens, coautor de Los peligros de la eutanasia bajo pedido (2016), traduce un artículo de Chris Rutenfrans publicado en el periódico holandés De Volkskrant, donde explica que en especial uno de los casos suscitó gran controversia entre los mismos holandeses, ya  “acostumbrados”  a la eutanasia: la historia de Hannie Goudriaan. Se trataba de una mujer que padecía demencia semántica, una enfermedad neurodegenerativa progresiva que se caracteriza por la pérdida gradual de la memoria semántica verbal y no verbal.

«La eutanasia establece una clasificación entre vidas que vale la pena vivir y vidas que no merecen la pena ser vividas»

Debido a su incapacidad para expresarse, en el documental es su marido quien defiende su caso ante el personal de la Clínica para Morir, y en el vídeo se puede ver de principio a fin cómo el médico le administra una inyección letal mientras el marido la abraza.
Una matanza
Rob Bruntink, un holandés experto en cuidados paliativos, escribió en su blog que  “nunca antes había visto una eutanasia tan parecida a una ejecución. A una matanza. Pero al esposo le parece que ha sido hermosa.  Y al doctor le parece que ha merecido la pena, ‘porque ella no ronca (no se queja) durante el proceso’”.
Ocho días antes de su muerte, Hannie disfrutaba en la pista de patinaje y conducía para su marido, tal como lo había hecho durante 35 años. Al presentar el documental en su web, la cadena NTR formuló preguntas como: ¿Qué dilemas y consideraciones están en juego en la adjudicación o el rechazo de la eutanasia? ¿Quién puede informar sobre cada caso? ¿Cómo se determina si alguien está sufriendo de manera insoportable o tal vez no está recibiendo un tratamiento adecuado? ¿Está la Clínica para Morir ensanchando las fronteras de la ley de eutanasia?…
Las preguntas podrían continuar, pues casos como estos demuestran que la eutanasia está siendo introducida y normalizada poco a poco para encontrar un mayor respaldo social, a pesar de que “establece una clasificación entre vidas que vale la pena vivir y vidas que no merecen la pena ser vividas”, según explica la doctora Mónica López-Barahona. Esta experta en bioética da argumentos para entender por qué la eutanasia no debe ser socialmente aceptada, ni mucho menos legalizada, en España.

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