La formación de sacerdotes es nuestra responsabilidad

La revista Misión también tiene su obra de Responsabilidad Social Corporativa (RSC): contribuir a la promoción de vocaciones al sacerdocio y ayudar al sostenimiento de los jóvenes seminaristas.

Por Juan Uribe Arbeláez

También nuestra revista tiene una RSC. En Misión estamos convencidos de que la mejor inversión para una sociedad no son tanto los proyectos técnicos o económicos, sino los que se refieren a los valores morales y al espíritu. Algo que solo se consigue a través de personas entregadas, casi heroicas, que vivan y transmitan esos principios y virtudes al resto de la sociedad. Personas que antepongan el nosotros al yo, y el ser al tener; que prefirieran servir a ser servidos, y que actúen por amor.

Todo esto y más debe ser un sacerdote. Su vida da testimonio de fe, esperanza, generosidad, entrega, constancia… Donde hay un santo sacerdote siempre hay una iglesia llena y una comunidad que vive en armonía. Y detrás de cada sacerdote siempre hay años de formación recibida en el seminario hasta llegar a la ordenación sacerdotal; y, sobre todo, detrás de cada uno está la gracia de Dios sosteniéndole para ser ministro de Cristo al servicio de los hombres.

Misión pide ayuda a sus suscriptores para contribuir a la formación de futuros sacerdotes

Esta visión es lo que movió a la revista Misión a contribuir activamente en la promoción de vocaciones al sacerdocio y en el sostenimiento de jóvenes seminaristas, que serán los futuros sacerdotes de España y del mundo. Nosotros no podemos darles dinero directamente, porque no lo tenemos. Pero ponemos a su servicio lo que somos, una revista católica, y lo que constituye nuestro mayor tesoro, nuestros suscriptores. Por eso, enviamos cartas en las que damos voz a las necesidades de los seminaristas, y tocamos a la puerta de nuestros lectores para que quien pueda les ayude.

Muchas personas piensan que la mayor parte de la financiación de los seminarios está cubierta con las aportaciones de las familias de los jóvenes o con la ayuda de la diócesis al seminario. Nada más lejos de la realidad. Hemos comprobado que, con mucho esfuerzo, con esto apenas se llega a cubrir menos del 15 % de los costes que suponen el sostenimiento y formación de estas vocaciones.

Al permitirnos enviarle las cartas que menciono, y, si está en su mano, al ayudar económicamente a la formación de sacerdotes, cada lector hará posible que Cristo reine en el corazón de los hombres, de las familias y de la sociedad. “Dios, que ve en lo secreto, te recompensará.” (Mt. 6,4).

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