La otra cara de la conciliación: ¿Trabajar o cuidar de la familia?

¿Conciliación? Históricamente, familia, hogar y trabajo han ido siempre de la mano, sin embargo, aunque hoy se habla mucho de conciliación, el trabajo no está siempre al servicio de la familia (sino de intereses personales) y la familia ha dejado de ser hogar. Para lograr conciliar, es preciso comenzar desde el interior de la propia familia: que madre y padre reclamen espacios irrenunciables de su hogar que ha invadido el trabajo profesional.

Por Isabel Molina Estrada

El ritmo de vida actual, en el que tanto la mujer como el varón tienen un trabajo profesional fuera de casa para mantener a la familia, ha llevado a muchos a plantearse un dilema: ¿trabajo o tengo hijos? ¿Trabajo o cuido del hogar?… “Las dos cosas a la vez parecen un imposible”, sugieren el periodista Alfonso Basallo y su esposa Teresa Díaz, autores del libro Manzana para dos (Planeta Testimonio, 2014), en su artículo “Hacer hogar: una tarea común que da sentido al trabajo” (publicado online en noviembre de 2015). En términos generales, comentan Díaz y Basallo, el trabajo se ha convertido para muchos “en un absoluto y, al final, se hace más vida de empresa que de familia”. Y por si fuera poco, se han invertido los términos: “Las empresas se presentan como familias, y las familias se reinventan como empresas”.

Misión conversó con Díez y Basallo para indagar sobre el origen de este dilema. Según estos esposos, que además son padres de siete hijos, la raíz se encuentra en el capitalismo que “dinamitó la conciliación, pues lo que hizo fue dividir el salario entre dos: el marido y la mujer. El engaño fue hacer creer a la mujer que se emancipaba al dejar de trabajar gratis para el hogar, para pasar a trabajar cobrando en una empresa”. Es un dilema reciente, pues, históricamente, “trabajo y hogar siempre estuvieron unidos porque respondían a un mandato único: ‘Creced, multiplicaos y dominad la Tierra’. Es decir, familia, hogar y trabajo constituían un mismo pack”. “Ahora, las mujeres nos vemos obligadas a elegir entre el trabajo o el hogar”, añade Díaz. O, para ser más concretos, entre trabajar o tener hijos (o más de un hijo).

Unidad entre los cónyuges

¿Qué hacer entonces para recuperar la armonía entre trabajo, hogar y familia? Díez y Basallo comentan que, durante el último medio siglo, “a la mujer la han educado para lanzarse a la jungla laboral y han borrado de su horizonte la palabra ‘hogar’”. Es decir, no solo se ha perdido el sentido del trabajo, sino también el de la familia: “Hoy no se concibe el trabajo como un servicio para la familia, sino como un fin en sí mismo. El trabajo ha dejado de servir al hogar”, explican. Por eso, sugieren que, “en lugar de conciliar hogar y trabajo, lo primero es que se concilien marido y mujer. Si hay sintonía entre los cónyuges, no tiene por qué haber problema, porque ellos son los artífices del hogar”.

Así lo están viviendo la francesa Louise Millon de La Verteville y su esposo español, Ignacio Marinas Monsalve, padres de cinco hijos de entre dos meses y cinco años. Además de madre de familia numerosa, Millon de La Verteville es directora de marketing para Europa en L’Oreal: “No soy una madre perfecta, muchas cosas las voy aprendiendo. Pero hay dos cosas importantes para llevar una vida tan densa a nivel profesional y familiar: la primera, estar en comunión con mi marido y compartir con él la educación de los niños. Las veces que nos cuesta más o que peleamos, me falta la energía y las cosas se llevan peor. La segunda, madurar y aceptar vivir menos acomodados: dormir menos, salir menos y gastar menos para nosotros mismos”.

Irremplazable como madre El capitalismo disoció trabajo y familia. Por su parte, la ideología de género llegó para agregar un ingrediente más: proclamar la supremacía de la igualdad. Así, desdibujó la frontera entre los sexos. “Pero la igualdad es un mito, pues, como decía Chesterton, ‘la mujer ha dejado de ser reina de su familia para convertirse en esclava de su jefe’”, apunta Díez.

Mar Sánchez Marchori, directora del Instituto Valenciano de Pedagogía Creativa-IVAPEC, añade que el acceso de la mujer al mercado laboral se produjo desde un modelo masculino. “La mujer se ha convertido en otro ‘hombre’, trabajando sin poner en valor su diferencia, su maternidad y su genio femenino. Estas cualidades, propiamente suyas, las ha dejado en su esfera íntima, con lo cual, debe renunciar a la diferencia –que es la maternidad– porque no puede mantener el ritmo del hombre ante el trabajo que ha asumido”. Además, la experta en conciliación insiste en que, “al regresar al hogar, la mujer sigue con el trabajo que dejó al salir de casa y el hombre no lo asume. Hasta que no se reconozcan su gran diferencia con el varón y el valor de la maternidad para la sociedad, las cifras de la natalidad seguirán cayendo en picado”, comenta.

Díez apunta que la solución no es que la mujer renuncie a trabajar fuera del hogar, pero sí que recuerde que hay algo en lo cual nadie puede reemplazarla: “En la generación y crianza de los hijos”. Basallo y Díaz precisan que, “anteriormente, la mujer tenía un poder inmenso, dentro y fuera del hogar: el poder de hacer personas, de transmitir la vida y también la cultura. Ahora, la mujer ha tirado el cetro y se ha convertido en una superwoman que está inevitablemente frustrada porque ha renunciado a ser madre”.

Como ejecutiva y madre, Millon de La Verteville afirma que, desde el punto de vista laboral, “para una mujer, nunca es ‘buen momento’ para tener un hijo. Ante cada nuevo embarazo, pienso que puede poner en entredicho mi carrera, pero, en todas las ocasiones ha resultado ser al contrario: los hijos han venido con más abundancia. Hemos experimentado, también en lo material, la expresión ‘Dios provee’”.

El varón en el hogar

Sánchez propone que, aunque “el rol más importante dentro de la familia es el de la mujer por su liderazgo en la gestión del hogar y de su propio trabajo, este hecho no debería suponer la renuncia del hombre a la intervención en la gestión del hogar”. En este sentido, Basallo, como padre de familia numerosa, comenta que, por inercia histórica, el varón tiende a sumergirse en el trabajo, a olvidar un poco a la familia y dejarle la responsabilidad a la mujer. Por eso, invita a los padres a que se impliquen más en el hogar. “Eso no quiere decir que sea él quien cocine o bañe a los niños (o sí, eso depende del pacto al que llegue con su mujer), sino que recupere dos viejos oficios que se están apolillando: los de esposo y padre. El esposo ama a la esposa, la trata con delicadeza, la escucha con toda la ternura del mundo (el varón debe desarrollar más el oído, pues su mujer es el ‘argumento’ de su vida). Si esto es así, la conciliación surge sola. Y el de padre, porque parece que el varón del siglo XXI ha sido defenestrado y ya no pinta nada. Pero en su papel de padre, también es insustituible: ha de lanzar al hijo al mundo; enseñarle a sufrir; a fracasar; a hacerle sobrio y sacrificado; y a luchar, que no significa ser impecable, sino a intentarlo, que no es lo mismo. Es él quien mejor puede trasmitir estas virtudes varoniles, castrenses. Nadie mejor que un soldado para comunicar que la vida es lucha. Y luchar no significa ganar siempre, sino levantarse siempre. El padre tiene un papelón”.

Más tiempo de familia

La familia necesita recuperar el terreno que le ha ganado el trabajo profesional, fuera de casa. Para lograrlo, Sánchez propone “prestigiar la unión familiar y el tiempo para estar juntos en familia: el tiempo de juego, de descanso y los domingos en familia”. Y esto, en medio del reto que aún plantea para muchos la jornada partida en España: “Es muy complicado disfrutar del tiempo libre con nuestros hijos cuando las jornadas de los niños y sus progenitores se solapan: el colegio termina aproximadamente a las 17 h, que es cuando acaban de comenzar los horarios de tarde de las jornadas partidas”. Por eso, uno de los cambios necesarios para superar el dilema trabajar fuera de casa o tener hijos, según la experta, consistiría en vincular el horario laboral y el tiempo familiar para que así los padres puedan pasar más tiempo con sus hijos y logren fomentar con ellos relaciones de calidad. 

“Los hijos me recuerdan que el trabajo no puede ser el centro de mi vida”

Profesional exitosa y madre de cinco niños, ¿por qué ha querido Louise Millon de La Verteville tener una familia numerosa? “Mi marido y yo vivimos varios años pensando que, tal vez, los hijos nunca llegarían, así que, el día que por fin llegaron, fue una alegría tan grande que lo vivimos todo de forma diferente”. Tardó cinco años en quedarse embaraza de su primer hijo y hace dos meses nació su quinta hija: “Cinco en cinco años”, comenta orgullosa. Pero, además, Millon de La Verteville tiene otras razones para poner su maternidad por encima de su trabajo profesional: “Un hermano es el mejor regalo que puedo dar a mis hijos. Además, los hijos me sitúan en en la realidad: teniéndolos a ellos es muy fácil quedar absorbidos por el trabajo, por el egoísmo, por los planes de futuro. Los hijos me traen a la realidad con sus necesidades concretas, me dan humildad, me hacen tocar cada día mis limitaciones, me recuerdan que el trabajo no puede ser el centro de mi vida. Mi experiencia es que los niños me acercan a Dios”, asegura. Millon de La Verteville y su familia vivieron diez años en Madrid; apenas hace un año se trasladaron a París. Para ella y su esposo, “más que de dinero, tener hijos es una cuestión de ganas, de disponibilidad, de visión de la vida. Es verdad que en Francia hay más ayudas que en España y ventajas fiscales para los matrimonios con varios hijos, y esto influye, pero tener hijos representa, ante todo, renunciar a una cierta comodidad y no vivir para uno mismo. Y esto supone ir a contracorriente”.

Una agenda compartida

Desde la fundación Más Familia (www.masfamilia.org), una entidad creada para desarrollar acciones profesionales que supongan una mejora de la calidad de vida y bienestar de las familias, afirman que las nuevas tecnologías han de ser las grandes aliadas de la conciliación. “El hecho de poder trabajar desde cualquier parte gracias a Internet o al concepto de la nube dibuja un nuevo sistema laboral más centrado en el cumplimiento de objetivos que en el presentismo”, apunta Isabel Hidalgo, su directora de comunicación. Entre las ayudas tecnológicas que puede brindar “la nube” a la familia está el concepto de la “agenda compartida”, que permite a los esposos ir agendando sus compromisos en el calendario personal, familiar y laboral, de modo que cada uno puede acceder a la información de las actividades del otro y, a la vez, sincronizar sus agendas: “Se trata de tener una agenda adecuadamente estructurada donde padre y madre colaboran conjuntamente en las tareas domésticas, el cuidado de niños, el trabajo, el ocio y la vida en común. Este sería el ideal que toda familia debería conseguir en sus hogares para que puedan realizarse profesionalmente sin mermar su crecimiento personal, su maternidad/paternidad y la vida conyugal”, explica Mar Sánchez Marchori, directora del Instituto Valenciano de Pedagogía Creativa IVAPEC (www.ivapec.com), desde el cual están ayudando a numerosas familias a que aprendan a gestionar de una manera más eficaz sus agendas, sin olvidar ningún ámbito de sus vidas. “El objetivo prioritario es conseguir el equilibrio y bienestar entre los diferentes pilares de las personas: salud, familia y trabajo”, añade Sánchez.

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