La revolución que estamos esperando

La ingeniería social a la que ha sido sometida la sociedad española en las últimas décadas ha cambiado por completo nuestra forma de ver y vivir la vida, y aboca a los católicos, en un futuro cada vez más próximo, a permanecer arrinconados. Lejos de resignarnos, Misión celebra sus 10 años mirando al futuro con realismo, pero también con la determinación inquebrantable de revertir la situación. Y así queremos hacerlo.

Por José Antonio Méndez

Quienes vivimos este momento histórico nos enfrentamos a un cambio de época que guarda pocos precedentes con cualquier otro tiempo reciente. No lo decimos nosotros, sino pensadores tan heterogéneos como Fabrice Hadjadj, Zygmunt Bauman, Yuval Noah Harari, Jim Goad o los obispos estadounidenses Robert Barron y Charles J. Chaput, entre otros. Todos ellos son autores de los libros de análisis sobre la actualidad más vendidos en el mundo y, con distintos enfoques, han explicado cómo en muy pocas décadas la mayor parte de los pilares sobre los que desde hace siglos se asentaba la cultura occidental, y que nacían de la tradición judeocristiana, han sido cuestionados, combatidos e incluso reemplazados.

Esta labor de reingeniería social ha afectado de lleno a España, dibujando una nueva forma de comportarnos y ver la vida en ámbitos como el ocio, la economía, las leyes, las relaciones, la política, la religión, la familia, la ciencia e incluso la sexualidad. Y ante este cambio de guion, que pretende borrar del escenario social y familiar los valores cristianos, cada vez más católicos se preguntan si es posible revertir la situación, o si solo queda resignarnos a padecer.

Podemos cambiar las cosas

En Misión no lo dudamos: si quienes nos han traído hasta aquí han trabajado a corto, medio y largo plazo, con planificación y distintos focos, también nosotros podemos transformar la sociedad. Solo hay que tener la determinación de querer hacerlo.

Por eso, esta revista celebró sus 10 años de vida mirando al futuro con ilusión, a través del coloquio El futuro de la familia en España, en el que tres expertos de diferentes ámbitos trazaron una hoja de ruta para lograr esa revolución social: la expolítica María San Gil, hoy muy activa en la regeneración moral de la sociedad civil desde la Fundación Villacisneros; el obispo de San Sebastián, monseñor José Ignacio Munilla, conocido por su actividad evangelizadora en las redes sociales; y la experta en familia y bioética María Lacalle, vicerrectora de la Universidad Francisco de Vitoria y participante como auditora en el Sínodo de la Familia de 2014.

Tres consejos para padres

Monseñor José Ignacio Munilla da tres consejos para que las familias católicas puedan preservar la fe de sus hijos ante la influencia del pensamiento único actual, sin replegarse en sí mismas:

1. Frente a las propuestas ideológicas del mundo, como la ideología de género.

2. Para que, sobre todo en la adolescencia, los hijos puedan relacionarse con otros jóvenes cristianos en un entorno sano, que no les exija siempre ser héroes.

3. Vivir la alegría de ser familia en el día a día. Este mundo está amargado, y la alegría de la familia es contagiosa.

Ser activistas y militantes

“Nuestro modelo social –explicó María San Gil– va a ser arrumbado en los próximos años. Somos el núcleo de la diana: los católicos, y la familia, molestamos muchísimo en el nuevo orden mundial que nos quieren imponer. Pero si unimos fuerzas conseguiremos que no nos aparten del debate cultural, y que no nos hagan pasar por el aro de la ideología de género”.

Esto, sin embargo, no ocurrirá al azar, sino a través del compromiso y la responsabilidad personal de cada católico: “Quienes proponen un mundo sin Dios tienen claro su objetivo y no cejan, son incansables, tenaces, constantes. Así que nosotros no podemos tener desidia, sino que cada uno en nuestro ámbito debemos ser activistas, ser militantes radicales de forma pacífica” , añadió San Gil.

Es decir, no tener miedo a entrar en cuestiones como la defensa de la vida, el cuidado de enfermos y ancianos (y no su asesinato), la defensa de la familia natural y del matrimonio entre hombre y mujer, o el derecho de los padres a educar a sus hijos.

Personal y en equipo

Este compromiso personal implica dos aspectos esenciales, como apuntó monseñor Munilla. El primero, la conversión personal, pues “España será lo que nosotros seamos: es muy fácil hablar del Gobierno, pero donde se juega el futuro de la sociedad es en nuestra conversión. De verdad: la capacidad que yo tengo para influir en el futuro de la sociedad pasa por mi conversión a Jesucristo” .

La segunda condición es la capacidad de trabajar en equipo e integrarnos –con nuestro tiempo, y en la difusión o apoyo material y espiritual– en iniciativas y asociaciones que defiendan los principios que más nos preocupan: “El poder del pensamiento único es muy fuerte. Y ante este influjo, tan grande que llega a asustarnos, solo podemos vencer si estamos unidos a Jesucristo y unidos entre nosotros. Por eso es importante que existan asociaciones, y que las familias se unan a ellas. Una familia no se puede quedar sola ante las dificultades, sino que hay que ampararla desde iniciativas concretas que puedan ayudarle a desenvolverse en situaciones heroicas” , aseguró Munilla.

Cambiar las estrategias

Para construir un nuevo modelo de sociedad no basta con aplicar la estrategia de la revolución, que exige que todas aquellas personas que ansían un cambio se impliquen, sino también abandonar las estrategias mediocres o fracasadas utilizadas hasta ahora. Para lograr resultados diferentes, hay que arriesgarse a probar estrategias distintas. Esta máxima es especialmente urgente en tres ámbitos en los que la ingeniería social ha sido más eficaz: el aborto, la maternidad y la educación.

En palabras de María Lacalle, “tenemos que cambiar las estrategias. El éxito de campañas provida como Salvemos las dos vidas, de Argentina, nos enseña que hay que poner el énfasis en el apoyo a la mujer” y en paralelo, “presentar las evidencias científicas de que existe vida humana desde la concepción”, sin descuidar un discurso emotivo que conecte con una sociedad que prefiere las emociones a los argumentos.

Respecto a la maternidad, María San Gil lanza una propuesta provocadora: “Las mujeres tenemos el don de ser madres y no podemos ponerlo en segundo plano por un tema profesional. Tenemos que lograr que una mujer pueda poner en su currículum, y que se vea como un valor, soy madre de tantos hijos y llevo tantos años casada, porque hablar idiomas está bien, pero puede hacerlo cualquiera, mientras que sacar adelante la unidad familiar requiere muchísimo valor”.

La revolución empieza en casa

Los matices para una nueva sociedad son tantos que no se agotan en un reportaje y exigen de la reflexión y la creatividad de cada lector. En todo caso, y a modo de broche, Lacalle concluye con un llamamiento a la acción ante la tendencia de “minar la autoridad de los padres con ataques tan intolerables a la patria potestad como las leyes LGTBI, que introducen contenidos contrarios a la antropología cristiana como doctrina estatal obligatoria”. Ahora, más que nunca, “los padres tenemos que asumir nuestra responsabilidad como principales educadores de nuestros hijos”, sin que les tiemble el pulso. A fin de cuentas, la revolución que estamos esperando no puede prescindir de nadie y comienza en nuestra casa.

Nuestra hoja de ruta

1. Nos enfrentamos a un cambio de época que es un desafío histórico. Si no reaccionamos, nuestro modelo de sociedad y nuestra fe quedarán arrumbados.

2. No basta con lamentarse, ni es sensato esperar a que otros lo arreglen. Es necesario que cada católico asuma su responsabilidad personal y se convierta en activista en su entorno: la asociación de padres del cole, el trabajo, una asociación de barrio, la parroquia, los amigos, el club deportivo…

3. El ocio, el arte, la familia, la política, el voluntariado, la economía, la educación… hay muchos ámbitos en los que un católico se puede implicar según sus gustos y ambientes.

4. La ingeniería social que hemos padecido ha estado bien coordinada y ha sido tenaz. Para revertir la situación es necesario trabajar en equipo e implicarnos en asociaciones e iniciativas, con nuestro tiempo o respaldo material y espiritual.

5. Es necesario abandonar las estrategias que no dan resultado: implicarnos en la educación de los hijos sin confiarla solo al colegio; hablar del aborto, la familia y la sexualidad con argumentos y apelando también a los sentimientos…

6. Conversión personal. Nuestra capacidad para influir en el futuro de la sociedad pasa por nuestra conversión a Jesucristo. La frontera del bien y del mal atraviesa nuestro corazón.

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