En la localidad de Boadilla del Monte, muy cerca de Madrid, existe un lugar en el que la vida amenazada del no nacido es acogida con alegría, esperanza y dignidad.

Por Jesús García-Colomer
Fotografía: Luis Díaz

Con tan solo dos meses de vida, Justin tiene una historia que merece ser contada en una revista. Él, que no sabe leer ni escribir, no se da cuenta. Él, tan pequeñito que parece caber en un nido. Él, que no conoce otra cosa que el amor de una madre a la que la vida no ha tratado tan bien como por ahora le está tratando a él.
Yesica perdió el trabajo por quedarse embarazada, tras dos años como interna en una casa. Sí, en pleno siglo xxi y en España, se siguen presentando situaciones en las que se incita a chicas jóvenes, mujeres que tratan de abrirse camino en medio de muchas dificultades, a abortar sin ofrecer alternativas.
Abandonada también por su pareja, todo su entorno empujó a Yesica hacia la única salida que ella no estaba dispuesta a tomar. “Simplemente, yo sabía de alguna manera que abortar no era algo bueno”.
Justin, con apenas dos meses de vida, oye sin escuchar una historia que no siempre acaba tan bien como en su caso. Solo en el año 2013, más de cien mil mujeres en España decidieron abortar a sus hijos. ¿Cuántas lo hicieron presionadas como lo estuvo Yesica? Es imposible saberlo. Tal vez, una de las diferencias entre la vida de Justin y la muerte de los demás radique en que sus madres no conocieron el Hogar de Vida San Francisco Javier.
En Boadilla del Monte, muy cerca de Madrid, se encuentra esta casa, que no podría tener un nombre más adecuado: Hogar de Vida –iniciativa de la Fundación Golfín–, cuyo objetivo es “salvar vidas de niños no nacidos, acogiendo a sus madres cuando, a raíz de su embarazo, se encuentran en situaciones personales muy complicadas tales como la falta de recursos, la exclusión social, el rechazo familiar o cualquier otra circunstancia que las pueda hacer vulnerables a la hora de acoger la vida de su bebé”, explica Laura Almela, directora del Hogar.
Desde septiembre de 2012 han pasado por la casa nueve madres a las que se ha atendido en sus necesidades más básicas: vivir con dignidad, su manutención y, sobre todo, “tener la experiencia de la acogida, de lo que verdaderamente es un hogar”, nos cuenta Almela. “Además –añade–
sabemos que muchas mujeres que abortan no lo harían si se las informase de iniciativas como esta. La verdadera libertad de la mujer empieza cuando se le ofrecen otras ayudas e información sobre ellas”.
Una vez que dan a luz, las madres tienen once meses para normalizar su nueva vida con su bebé, y en el Hogar se las ayuda a buscar trabajo y casa. Mientras tanto, ellas y sus hijos ven satisfechas sus necesidades más básicas, que se cubren gracias a la generosidad de benefactores, bien en especie, bien mediante donativos. Así, no es de extrañar que un día llegue alguien con un montón de leche en polvo, otro día con unos cuantos paquetes de pañales y, al día siguiente, con maletas llenas de ropa de segunda mano para bebé que se recibe con la misma ilusión que si fuese nueva.
Abortar no es justo
Yesica llegó al Hogar orientada por la asistente social. Rocío, de 18 años y embarazada de cinco meses, porque leyó un artículo en una revista. Al igual que a Yesica, también la abandonó su pareja al quedarse embarazada. Aunque no tenga estudios ni trabajo, no contempla abortar. “No me parece justo. Me he quedado embarazada, voy a tener un hijo, así que lo acojo y ya saldremos adelante”.
Si estas chicas son auténticas madres coraje, un caso nos llama la atención sobremanera: Judit llegó al Hogar con la idea de dar a su bebé en adopción, un acto de generosidad extrema que tanto su pequeña como sus futuros padres agradecerán eternamente. “Yo lo que quiero es lo que menos daño me haga a mí y lo que menos daño le haga a ella. Yo no quiero ser madre, pero abortar no es la solución”.
La vida en el Hogar se rige por un cuidado horario y una disciplina que a las chicas les viene muy bien cuando van a ser mamás en cuestión de meses. Para cuidar ese orden, además de la dirección de Laura Almela, con las chicas conviven dos religiosas Siervas de la Pasión, congregación fundada en Barcelona en 1891 y con experiencia en misiones similares, tanto en España como en México y Camerún.
En el día a día, y entre unas y otras, tienen la mañana ocupada. Primero, en el aseo personal y el orden de la casa, y después, en diferentes talleres y tareas que ayudan a las chicas a formarse para ser madres. Costura, cocina, limpieza y algunas pautas de salud, vividas en un entorno de solidaridad, cariño y acogida, de caridad sin más recompensa que la de saber que así, facilitando la bienvenida a estos niños y sus madres, se está construyendo un mundo mejor que el que propone la opción de abortar.
Así, como si nada, transcurre la vida del pequeño Justin. Una vida que, sin que él se dé cuenta, merece ser contada en Misión.
¿Cómo se sustenta el Hogar?
Tanto el Ayuntamiento de Boadilla como la Comunidad de Madrid aportan su granito de arena al Hogar de Vida con subvenciones, pero la parte más importante la ponen los socios y benefactores de la Fundación Golfín, a través de ayuda económica o en especie. Es co­nocido el caso de una benefactora que les hace “la compra semanal” de lo más básico.
Más información en: www.fundaciongolfin.org.
Teléfono: 654 638 502
A quien hace un donativo, se le deduce un 25% en el irpf .
Cuenta corriente: 0081-7064-10-0001472451 / IBAN: ES66.

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