La Virgen del Pilar

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Virgen del Pilar
A principios del s. XX, muchas mujeres españolas, desde las más humildes hasta las de cuna real, se desprendieron de sus grandes o pequeños tesoros para ofrecérselos a la Virgen del Pilar. Con ellos se elaboró esta corona, que fue llevada a Roma y bendecida por San Pío X. La coronación canónica fue en 1905.

Santiago, apóstol, hijo de Zebedeo y hermano de Juan, “llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia… en las riberas del Ebro”. Así comienza la escena en un escrito del siglo XIII conservado en la catedral de Zaragoza. La Virgen, rodeada de ángeles y de pie sobre un pilar, bendijo la misión de Santiago y prometió su protección hasta el fin de los tiempos: “Para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión”. 

Por Redacción con la colaboración de Francisco Javier Villar García (Nártex)
La Virgen desapareció de la vista de Santiago, pero quedó el pilar, y sobre él vemos hoy la talla de la Virgen que data del siglo XVI, de estilo gótico tardío. La devoción a la Virgen del Pilar arraigó firmemente desde nuestro pasado remoto. Por esa razón –cuenta el sitio oficial de la Guardia Civil, que está bajo su patronazgo–, la Santa Sede permitió establecer el Oficio del Pilar, en el que se consigna esta aparición como “una antigua y piadosa creencia”. El testimonio más antiguo de esta devoción es un relieve del siglo IV. El más reciente tiene lugar cada día en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar. 
  1. Santa María. La talla de madera de la Virgen del Pilar mide 36 cm de alto. Probablemente, fue elaborada gracias al mecenazgo de Blanca I de Navarra. La Virgen, Reina, va cubierta de un manto que agarra, a la altura del vientre, con su mano derecha y que solo deja ver unos mechones ondulados. Lleva un vestido sencillo, abotonado hasta la cintura, que permite ver sus pequeños pies.
  2. El Niño Jesús. María sostiene al Verbo Encarnado con su brazo izquierdo y apoyado en su cadera. En la mano izquierda tiene una pequeña ave, símbolo del carácter divino del Niño o del alma humana a la que trae la salvación.  
  3. Coronas. La coronación canónica de la Virgen del Pilar tuvo lugar en 1905. Mujeres españolas, desde las más humildes hasta las de cuna real, se desprendieron de sus grandes o pequeños tesoros para ofrecérselos a la Virgen. Con ellos se elaboró una corona de oro macizo y platino, con 10.000 piedras preciosas, que fue llevada a Roma y bendecida por San Pío X (foto de la derecha). Normalmente, la Virgen lleva otra corona. Se conservan 10. La más antigua data del siglo XVI.
  4. Mantos. Desde finales del siglo xv hasta hoy, el pilar ha sido cubierto con unos 450 mantos distintos. Su valor trasciende lo puramente material: cada uno encierra una historia, quizás el agradecimiento por un milagro. Muchas personas e instituciones quieren demostrar su amor a la Virgen de una manera tangible: las telas más preciosas, los bordados más delicados, las genialidades textiles…
  5. La “medida”. Antiguamente, los mantos que habían vestido la columna se llevaban a los enfermos para “cubrirlos” con la protección de la Santísima Virgen del Pilar. Al no haber sufi cientes mantos, se empezó a enviar a las casas una cinta de tela de 36 cm de largo, “medida” de la imagen. Hoy, muchas personas cuelgan la “medida” en sus casas o coches, la llevan en bolsos o atada en la muñeca como símbolo de unión con la Madre celestial.
  6. El pilar. Es el dato en el que se funda esta tradición y que distingue la devoción a la Virgen del Pilar entre las mil mariofanías que se veneran en el mundo entero. Consiste en una columna de jaspe de 1,77 m de altura, con un diámetro de 24 cm. Está cubierto por una capa de bronce y otra de plata labrada. Del pilar solo son visibles unos centímetros, cuyo desgaste es evidencia plausible de la devoción popular.
Puedes encontrar este artículo en el número 57 de la revista Misión.
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