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Flevit super Illam de Enrique Simonet

Para conmemorar el bicentenario del Museo del Prado, vuelve a las páginas de Misión la escritora María Vallejo-Nágera, hoy dedicada a acercar a sus estudiantes a los estudios bíblicos a través de grandes piezas del arte sacro en la pinacoteca madrileña, gracias a la formación en Teología y Humanidades que ha cultivado en Harvard.

Por María Vallejo-Nágera y José Antonio Méndez

Querido lector: he escogido esta bellísima obra de Enrique Simonet, expuesta en el Museo del Prado, por la impactante belleza que evoca. Flevit super Illam (Al ver Jesús la ciudad, lloró por ella) es, sin duda, una de mis obras favoritas: Un día pasé dos horas, arrobada, deteitándome en cada uno de sus detalles.
El autor valenciano fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y un hombre de gran fe que, en su juventud, albergó deseos de ser sacerdote. Finalmente, se decantó por la paleta y fue a Roma, donde conoció de cerca el  arte sacro. De allí fue a Málaga, donde desarrolló casi toda su producción artística.
Sus viajes a Tierra Santa le acercaron a los paisajes que pisó Jesús. Allí se documentó para elaborar el Flevit, que recibió numerosos premios.
En él, Jesús está llegando a Jerusalén justo antes de la Pasión. Su corazón está herido y asustado: era todo Dios, ¡pero también todo hombre! Jesús sabe de la frialdad de los fariseos, del odio que suscita su amor. Derrama lágrimas amargas: ¡su propio pueblo lo rechaza y sabe que lo van a matar de una forma atroz!  Jesús se lamenta hasta llorar porque ha intentado convocar a su pueblo, el pueblo de Dios, al que ama con toda su alma, pero que lo rechaza. El drama de la obra es el amor inconmensurable de un Dios rechazado. Jesús nos ama. Muchísimo. Y en ese momento, como en tantos otros, el Amor no es amado. Simonet capta el corazón angustiado de Dios y, a la vez, la magnanimidad, la rectitud, la fuerza del Rey del mundo que está decepcionado con sus hijos, entre los que ha hecho todo lo grande y lo bueno: curaciones, milagros, aviso de la llegada de Dios a la tierra y su permanencia para siempre… En este momento clave en la vida de Jesucristo, su postura refleja su dignidad, su realeza, sus entrañas de misericordia, su dolor, su compasión.
Y el observador no sabe bien qué hacer: ¿Contemplar? ¿Rezar ante el cuadro? ¿Pedir perdón?  Yo creo que todo un poco a la vez…
Flevit super Illam de Enrique Simonet
Flevit super Illam de Enrique Simonet
(1) Las palmas y el borrico. Quienes aclaman a Jesús como Mesías vienen en su busca. Entrará en Jerusalén sobre un pollino y en un suelo alfombrado de palmas y mantos, como los profetas habían previsto. Pero Jesús es rey de un reino, el de Dios, de humildad, mansedumbre y entrega sin medida. ¡Qué decepción para quienes buscan un salvador político! La próxima comitiva que lo busque en el Monte de los Olivos será para prenderlo.
(2) El lucero del alba. El amanecer aún deja ver el lucero del alba, “estrella matutina que no conoce el ocaso”, como canta el Pregón Pascual en alusión al Resucitado. Al inicio del día con que dará comienzo la Pasión y Muerte, se mantiene inextinguible la promesa de la Resurrección.
(3) Bendición a quien le rechaza. Entre lágrimas, Jesús anuncia la destrucción de Jerusalén y constata su dureza de corazón. Pero no hay ira en Él, sino dolor amante. Por eso, alza sus manos y derrama su bendición. El Amor no es amado, pero Él no puede dejar de amar…
(4) Desde donde sale el sol hasta el ocaso. Las manos de Jesús,  “el Sol que nace de lo alto”, parecen provocar la salida del astro rey como una Hostia consagrada, cuya blancura rasga la tiniebla en que viven quienes rechazan a Dios. En ese Jerusalén, Cristo va a instituir la Eucaristía, asegurando, para siempre, su presencia en el mundo, “desde donde sale el sol, hasta el ocaso”.
(5) El templo luminoso, presencia del Padre. A pesar de la oscuridad, el templo parece irradiar luz, pues allí permanece la presencia de Dios, a quien Jesús ha enseñado a llamar “Padre”. Al anunciar que será destruido, el Hijo asume que también su propio cuerpo será «triturado por nuestros pecados», pero permanecerá invicto por el Espíritu. Es el misterio de la Santísima Trinidad, comunidad de amor que no abandona a los hombres.
 

Curso de Biblia en El Prado

El curso de Biblia impartido por María Vallejo-Nágera en el El Prado consta de cuatro ciclos: Pentateuco; libros Históricos; Proféticos y Sapienciales; y Nuevo Testamento. Los imparte los miércoles, de octubre a abril, con una duración de dos horas por clase, e incluye, además de las clases en aula, tres visitas al Museo. Se puede solicitar más información sobre horarios y precio enviando un e-mail a: oficina@mariavallejonagera.com

 

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