Las aventuras son para el verano… y para jóvenes

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No por divertidas dejan de ser excelentes las novelas de aventuras. El profesor John Senior las recomendaba como puerta de acceso a los clásicos y, sobre todo, a una actitud valiente y generosa frente al mundo.

Por Enrique García-Máiquez

Vivir es una aventura en toda época y en cada edad. Sin embargo, las novelas de aventuras reclaman verano y lectores jóvenes. Por la deliciosa paradoja de estarse muy quietos a la sombra de un árbol viviendo, en realidad, trepidantes acciones en países exóticos con una imaginación ferviente y el alma creciendo. Pero también porque atrapan tanto que más nos vale tener horas por delante y noches libres para leer sin interrupciones.
Mario Crespo, aguerrido defensor del género, hace dos audaces defensas contradictorias. Por un lado, recuerda que  “Sandokán, Allan Quatermain, Ed Malone o Miguel Strogoff, todos ellos lejanos descendientes de Ulises, son esforzados soldados en la guerra contra el imperio del tedio. Y siempre ganan”. Por otro, constata su valor ético: “En tiempos de antihéroes, no hace ningún daño leer historias de personajes sin dobleces, con un código de honor y una cierta arquitectura moral”. Ese duelo a florete entre el carácter puramente hedónico y entretenido de la novela de aventuras y su indiscutible utilidad ética no es la menor emoción del género.
El autor de la gran Enciclo­pedia de la narrativa de aventuras, Don D’Ammassa, afirma que, en las mejores historias, el viaje físico del protagonista es reflejo de un viaje interior. Las peripecias más extraordinarias se entrelazan con el crecimiento espiritual como ya ocurría en las leyendas del ciclo artúrico, brillantemente recopiladas y ordenadas en Arturo y sus caballeros de la Tabla Redonda por Roger Lancelyn Green (editadas con galanura caballeresca por la editorial Siruela). Un amigo de Lancelyn Green, J. R. R. Tolkien, trasplantó ese espíritu a su Tierra Media en la saga de El señor de los anillos.
A muchos de nosotros, ya no tan jóvenes, se nos hace la boca agua con tantos títulos por leer o, aún mejor, por releer. ¿Se nos pasó la edad para las novelas de aventuras? En absoluto, son para jóvenes, sí, pero es que leerlas quita años a base de emociones a flor de piel y de ideales eternos.

 

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