Las ideologías que nos envenenan

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Estas son las claves (y los errores) de las principales corrientes de pensamiento que están alterando nuestra forma de ver el mundo, al ser humano y a Dios.

Por José Antonio Méndez e Isabel Molina E.

Se cuelan en nuestras casas y escuelas, en nuestros cines y televisiones, en la moda, en las sugerencias de Amazon, en las redes sociales, en los libros, en los parlamentos… y en más de una sacristía. Son, siguiendo un símil del cardenal Robert Sarah, las “ideologías peligrosas” que actúan como “gotas de veneno” capaces de contaminar poco a poco el agua de un acuario (la sociedad), hasta contaminarlo por completo y sin que nos demos cuenta.
Reconocer las corrientes culturales e ideológicas que transforman la sociedad occidental es cada vez más necesario. Pero es insuficiente: la Iglesia (en su Magisterio y Doctrina) no se queda muda y es capaz de rescatar lo que tiene de bueno cada una de estas realidades, denunciar sus errores y plantear alternativas. Siete expertos analizan para Misión siete de las principales corrientes ideológicas de hoy.
1. ¿En qué consiste esta ideología?
2. ¿En qué se equivoca?
3. ¿Cómo puede responder el católico?
José Ramón Ayllón
Materialismo: el error de todas las ideologías. 
José Ramón Ayllón: Filósofo, profesor de la UNAV y autor de El mundo de las ideologías
1. Es una seña de identidad del mundo configurado por las ideologías: el que surge de la Ilustración francesa y transmite su visión del hombre y de la vida a través del positivismo, del liberalismo y del marxismo; del evolucionismo y de la revolución sexual; del feminismo radical y de la ideología de género. Sostiene que toda la realidad es material, niega la existencia de Dios y del alma, así como el juicio y la vida tras la muerte. Reduce los procesos espirituales y psicológicos a fisiología: la libertad, el conocimiento y el amor se entienden como meros procesos fisicoquímicos de las neuronas, similares a la bilis, el sudor o la saliva, aunque más sofisticados.
2. El auge del materialismo es paralelo al de la ciencia experimental, pero ambos carecen de respuesta para las cuestiones fundamentales. Tiene seguidores porque parece razonable negar lo que no se puede ver. Pero la verdad es muy diferente. Un alumno de Medicina, que negaba la realidad del alma por ser invisible, pidió una prueba a Viktor Frankl. El profesor le preguntó por qué pedía esa prueba. “Por amor a la verdad”, respondió el joven. Frankl le preguntó si el amor a la verdad se podía ver. “Aquel muchacho comprendió que lo invisible, lo anímico, no puede encontrarse mediante el microscopio, pero es un presupuesto para trabajar con él”.
3. Los clásicos señalan la conexión entre materialismo e inmoralidad. Si no se concede a Dios la capacidad de pedir cuentas, menos se concederá a los hombres. Si el ser humano deja de ser hijo de Dios y solo es primo del mono, ¿tiene derechos inviolables? Confucio decía que si no se respeta lo sagrado, no hay nada sobre lo que edificar una conducta. El materialismo se supera con formación cultural y reflexión. ¿Dónde están la autoconciencia, el conocimiento, la libertad, la responsabilidad, el juicio estético, el amor? Sócrates dijo: “Si no tuviera huesos ni músculos, no podría moverme, pero decir que son la causa de mis acciones me parece una estupidez”.

 

María-Lacalle-Noriega
Feminismo radical: la enemistad de los sexos.
María Lacalle: Doctora en Derecho y directora del Centro de Estudios para la Familia de la UFV
1. Bajo el paraguas del movimiento feminista se incluyen distintas corrientes que difieren en sus fundamentos teóricos y en sus modos de acción. El feminismo radical surge en los años 60-70 y entiende la historia como una larguísima sucesión de oprobios cuyo sujeto activo siempre ha sido el hombre y el sujeto pasivo, la mujer. Siguiendo a Friedrich Engels, considera que la primera fuente de opresión del hombre sobre la mujer es el matrimonio, y la principal causa de desigualdad es la maternidad. El hombre es, por tanto, un enemigo a combatir, y la mujer solo podrá alcanzar la liberación cuando “se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción”. De ahí que los llamados derechos sexuales y reproductivos, que incluyen el acceso universal a la anticoncepción y al aborto, sean su principal caballo de batalla, así como la abolición de la familia, a la que considera la principal generadora de roles sexistas e injustos. Su meta final no consiste tanto en alcanzar la igualdad jurídica entre hombre y mujer, sino en acabar con la distinción de sexos. Como decía Shulamith Firestone: “Las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarán culturalmente”.
2. Su principal error es considerar que hombre y mujer son enemigos irreconciliables. Es cierto que históricamente no ha habido igualdad entre ellos, pero tampoco entre el señor feudal y el siervo, o entre el blanco y el negro. El victimismo que adopta produce rencor y resentimiento e impide el diálogo. El hombre no es el enemigo de la mujer, y la diferencia sexual no es una amenaza, sino una fuente de enriquecimiento. La mujer y el hombre se complementan mutuamente, y el criterio que debe guiar sus relaciones es el de la cooperación.
3. Es cierto que la mujer ha vivido en casi todas las culturas y civilizaciones en una posición jurídica menos ventajosa que la del hombre. En este sentido, hay que agradecerle al feminismo los avances que ha logrado para alcanzar la igualdad entre el hombre y la mujer, ya que, como decía san Juan Pablo II, las estructuras sociales y laborales necesitan el genio de la mujer para hacerlas más habitables y humanas. Por eso, no debemos renunciar a ser lo que somos: mujeres. Solo podremos defender a la mujer si recuperamos lo propiamente femenino y redescubrimos la riqueza de la complementariedad. Ningún tiempo será de verdad el de las mujeres si no es también el de los hombres.

 

Blanca-Castilla-de-Cortázar
Ideología de género: supremacía contra la realidad
Blanca Catilla de Cortázar: Doctora en Teología y Filosofía, antropóloga y miembro de la Real Academia de Doctores
1. Hay que explicar que la “perspectiva de género” no es lo mismo que la ideología que lleva ese nombre. El término “género” entra en el vocabulario de la antropología a mediados del s. xx. Con el término “sexo” se designaron los datos provenientes de la ciencia biológica, y con el de “género” los de las ciencias sociales (costumbres, creencias, sistemas sociales…). El ser humano es sobre todo un ser personal, con una dignidad innata, que en muchas ocasiones no ha sido culturalmente respetada. De ahí que los análisis de sexo-género –sin separar estos términos–, son un avance antropológico y científico innegable, una herramienta legítima para detectar errores del pasado y del presente. Pero, bajo el paraguas de la noción del “género”, se ha elaborado una ideología que defiende una radicalización del igualitarismo, donde el género anula al sexo y la diferencia sexual, proponiendo el neutro como modelo de lo humano.
2. La diferencia entre sexos comenzó a negarse porque todas las ideologías interpretan erróneamente la diferencia, incluida la sexual, como sinónimo de “subordinación”, inferioridad y degradación. De ahí que la ideología de género pretenda erradicar la diferencia sexual como la “solución”, y la presente como intrascendente, elegible y cambiable –mediante cambios hormonales u operaciones transexuales–. Como banderín de enganche parece defender la libertad individual, pero al concebirla de modo voluntarista y arbitrario, que se puede cambiar sin respetar la realidad humana, se comporta como imposición propia de una estructura de poder.
3. Los católicos pueden ser los nuevos héroes si se embarcan en la tarea de defender la realidad, desatando los nudos que enredan esta cuestión. Borrar la diferencia sexual no resuelve la desigualdad que ha provocado una ideología patriarcal, fruto del pecado original, que ha imperado durante milenios y que no solo no está erradicada, sino que está arraigada, por ejemplo, en la cultura islámica, sobre todo la radical. El reto es profundizar y alumbrar con palabras nuevas la alianza entre el varón y la mujer. Ser varón y ser mujer es una realidad originaria de lo humano, imagen de Dios, en su intimidad, donde igualdad y diferencia se conjugan armónicamente sin jerarquías ni subordinación.

 

Elena-Mª-Postigo-Solana

Tranhumanismo: dominar la condición humana
Elena Postigo: Doctora en Bioética por la Universidad Sacro Cuore de Roma y profesora de la UFV
1. Es un paradigma cultural, intelectual y científico que afirma el deber moral de mejorar las capacidades físicas y cognitivas de la especie humana, y aplicar nuevas tecnologías para eliminar el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento y la mortalidad. En resumen, alterar, alargar y “mejorar” la naturaleza humana. Para lograrlo, usa medios como la intervención sobre la genética, la dimensión neuronal, la Inteligencia Artificial, la nanotecnología y la farmacología. En él se cruzan las revoluciones de este siglo: la revolución genética; los conocimientos de neurociencia (neuroestimulación y nanotecnología aplicada al cerebro); y la revolución digital y tecnológica mediante la Inteligencia Artificial. Surge en los años 90 con la Asociación Transhumanista Mundial, hoy llamada Humanity +, pero hunde sus raíces en la revolución científica moderna, pasando por el evolucionismo de Darwin y los futuristas de los años 50.
2. Su concepto de naturaleza humana es materialista, mecanicista y reduccionista. Piensan que el ser humano es una máquina muy perfecta compuesta solo por genes, células y neuronas, y un agregado de componentes materiales. La dimensión inmaterial y espiritual no tiene cabida. Considera que el ser humano se hace a sí mismo, cuando en realidad depende radicalmente de su origen divino. En el plano práctico, algunas de las implicaciones éticas y bioéticas de las intervenciones que plantea son terribles: eugenesia de los embriones defectuosos, criogenización, implantes cerebrales que podrían controlar nuestra actividad cerebral; y otras, menos graves: uso de fármacos para mejorar la personalidad, sustituir miembros sanos por prótesis, nanotecnología (minirobots dentro del cuerpo), etc.
3. El transhumanismo sustituye a Dios Creador por un “nuevo hombre” que se autoconstruye: el posthumano. No se trata de demonizar la ciencia y la técnica, sino lo contrario: ponerlas al servicio del ser humano y de las futuras generaciones. Por eso, ni catastrofismo ni demonización a priori. Hay que analizar cada una de las intervenciones que plantean para dar una valoración ética adecuada. Además, mostrar cómo nos podría llevar a una deshumanización y, sobre todo, a causar graves daños a la salud e integridad de los más vulnerables, como los no nacidos o discapacitados, para quienes plantea la eugenesia prenatal.

 

Ángel-Barahona

Ecologismo: sustituir al ser humano por el planeta
Ángel Barahona: Doctor en Filosofía y director del Departamento de Humanidades de la UFV
1. El ecologismo tiene su origen en tres preocupaciones: preservar la biodiversidad, cuidar los recursos naturales, y reducir la contaminación. Esta corriente, que nació en la reunión del Club de Roma (1968) constituido por científicos y políticos preocupados por mejorar el futuro del planeta, ha evolucionado hacia una preocupación ideológica, el ecosocialismo, que incluye la crítica al capitalismo y la vuelta a la crítica marxista de la economía. Su poder/presencia aumenta a medida que la crisis provocada por los combustibles fósiles, la contaminación medioambiental, la masificación urbana, el cambio climático, etc., aumentan. Además, una serie de catástrofes han logrado que la conciencia del problema pase de grupos minoritarios a “conciencia planetaria”.
2. La situación es urgente y demanda una toma de conciencia y acción. La Laudato si’, del Papa Francisco, lo ha hecho. Pero el tema no es atajar los efectos o atender solo a las causas desde posturas ideológicas que atribuyen la catástrofe a la economía capitalista, las manos humanas o los grupos de poder. El error es, por una parte, señalar que esta es una tarea que el hombre ha de acometer contra otro hombre, buscando culpables: el capitalista, el consumista o algunas naciones y multinacionales que sacrifican todo al negocio y al enriquecimiento. Por otra parte, el error es no advertir que las amenazas al futuro de la humanidad más importantes son de orden conceptual porque, como denuncia Václav Havel, “sin una revolución global en la esfera de la conciencia humana, nada puede cambiar positivamente”.
3. La propuesta católica es, antes que bioecológica o política, que también, antropológica. El hombre y la naturaleza son fruto de la acción creadora y amorosa de Dios. Cristo es el centro del cosmos y de la historia, y el horizonte, el anuncio esperanzado de “un cielo nuevo y una tierra nueva”. Una ecología integral tiene que estar orientada al bien común, entendiendo al planeta como “casa común” y cuidando la justicia entre generaciones. No se puede sanar el medioambiente sin sanar antes las relaciones humanas y el concepto de hombre. No es Dios ni la naturaleza lo que está amenazado, sino el hombre mismo.

 

Miguel-Ortega

Sincretismo: supermercado para un Dios a la carta
Miguel Ortega: Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense y vicedecano de Comunicación de la UFV
1.El sincretismo se puede considerar como la mezcla de elementos de diversas religiones, espiritualidades, culturales, etc., que desdibujan los principios de los que provienen y dan lugar a un nuevo modelo de espiritualidad a la carta. Vivimos un sincretismo complejo, donde todo puede mezclarse, incluso cosas contradictoras que se asumen acríticamente. Esto se ve fomentado por el relativismo y el subjetivismo: estamos en un supermercado donde cada uno elige su religión particular. Parece que todo es lo mismo, que nada tiene más valor que el resto ni sirve más al bien de la persona y de la sociedad. Lo mismo da ser budista o católico, o ser una mezcla de católico y budista, o quedarse con cosas de una y otra religión según me convenga.
2. En el sincretismo no es todo negativo, porque ayuda a encontrar en las diferentes culturas, ideas o religiones aquellas aspiraciones o preguntas que son comunes al ser humano, y puede ayudar a desvelar los rasgos propios de la naturaleza humana. Además, enseña dónde están los errores y bajezas del ser humano a la hora de interpretar la realidad. La gran pregunta es: ¿por qué no da todo igual? La respuesta es evidente: todo lo que va más en consonancia con la naturaleza humana y contribuye a llevarla a su plenitud es mejor que aquello que no lo hace. Lo que desarrolla a la persona desarrolla a la sociedad, así que ver las sociedades que engendra una cultura o una religión ayuda como criterio.La naturaleza humana no es algo que yo me dé a mí mismo o que dependa de la cultura: es lo que soy previamente a todo lo que hago o a lo que me influye. No la fabrico, me es dado.
3. El cristianismo es la religión que tiene presente la naturaleza del ser humano de un modo más evidente: un ser individual, de naturaleza racional, con voluntad y afectividad, en unidad de cuerpo y alma, creado por Dios y redimido por Cristo, para una vida eterna gozando en la gloria del Padre. Lo que mire al ser humano desdibujado –solo como materia o como espíritu, solo como razón, como afectividad o como acción o como voluntad…–, significa cerrar el ser humano a una de sus partes y estar fuera de la realidad.

 

Alberto-Barcena
Globalismo: un único gobierno, un pensamiento único
Alberto Bárcena: Doctor en Historia Contemporánea por la USP-CEU y experto en masonería
1. Es una corriente internacional que trata de alcanzar un gobierno mundial. Afirma que se debe diluir y superar el concepto de patria por ser represivo y explotador; las identidades particulares, por arcaicas y opresoras; y la identidad nacional, para crear pequeñas repúblicas laicas o laicistas, que abandonen la que haya sido su esencia durante siglos. Esto supondría la mayor concentración de poder político, económico e ideológico que se haya visto nunca. Es un proyecto acariciado por la masonería desde su nacimiento, vinculado al marxismo desde la Internacional Marxista, e inserto en estructuras trasnacionales desde la Sociedad de Naciones, la onu y la Unión Europea.
2. Al diluirse las soberanías nacionales y las identidades particulares, los pueblos y sus individuos serán más fáciles de dominar. El globalismo trata de que los ciudadanos sean homologables y dirigibles, y que acepten de forma acrítica un pensamiento único. Disfraza de libertad, tolerancia y derechos un totalitarismo ideológico, beneficioso política y económicamente para una élite trasnacional que el pueblo desconoce. Introduce en el Gobierno de las naciones, las regiones y los ayuntamientos, ong y entidades que no han sido elegidas por nadie, financiadas por magnates como George Soros, con intereses ideológicos y económicos, y que evitan la gestión de los ciudadanos. Son ingenieros sociales que manipulan el lenguaje y se mueven en la sombra. Busca, por ejemplo, la Europa de las regiones, no de las patrias, para deshacerse de las identidades que otorgan el abrigo de una comunidad. Al nacer del marxismo y de la masonería, el globalismo es anticristiano.
3. La alternativa es defender nues­tras identidades nacionales, los principios de la Iglesia y, como dijo Benedicto XVI, un gobierno de la globalidad de tipo subsidiario, articulado en varios niveles y con la fuerza de la sociedad civil. Cuantos más individuos se organicen en niveles intermedios para defender intereses comunes, más libres serán. Hay que mantener la identidad nacional y la fe, pues, bajo el pretexto de la tolerancia, se pretende arrebatar al cristianismo su presencia pública. El principio de subsidiariedad defiende nuestras libertades, y como católicos, también el respeto de nuestras creencias para vivir nuestra fe y transmitirla a nuestros hijos.

 

Puedes encontrar este artículo en el número 55 de la revista Misión

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