Debilidad, fatiga, agotamiento mental… Con el cambio de estación, un estado de apatía general invade nuestro organismo. La receta para hacer frente a este trastorno consiste en practicar deporte y en mantener una alimentación sana con una aportación extra de vitaminas.

Por Carmen Ledesma

Con la llegada de las buenas temperaturas, sin un porqué definido, aparecen signos de cansancio y fatiga en nuestro organismo. Según los datos que recoge el Estudio Vytal, realizado por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), la debilidad y la falta de energía afectan a siete de cada diez españoles durante la primavera; este estado es lo que los especialistas denominan “astenia primaveral”. El aumento de horas de sol influye en la producción de melatonina, la hormona que regula las fases de vigilia y sueño y, al mismo tiempo, pro-voca una disminución de endorfinas, hormonas responsables del bienestar. Por ello, en poco tiempo el organismo ha de reajustarse, periodo en el que puede aparecer la astenia.
Sufrir estrés, dormir poco y trabajar muchas horas son las principales causas de ese cansancio, del que se resienten, sobre todo, las mujeres. La astenia, entendida como esa falta de vitalidad y energía, “es un concepto que manejamos mucho los médicos”, apunta José Luis Llisterri, presidente de Semergen. Además de los síntomas físicos, también se presenta la fatiga mental, que lleva a un estado de apatía general.
Señales clave
Parece que salir del letargo del invierno para muchos significa enfrentarse a un estado general de cansancio. El Estudio Vytal indica que, para siete de cada diez personas, la astenia es responsable de cambios importantes en su vida social: un 70 por ciento abandona aficiones y hobbies, mientras que un 17 por ciento deja de hacer deporte. El estado de ánimo también se ve afectado. Cerca del 54 por ciento descuida su imagen. El estudio también incide en las causas del cansancio: un 74 por ciento lo atribuye al estrés, un 61 por ciento considera que es por dormir poco y un 43 por ciento lo achaca al trabajo.
En estos casos, la mujer acumula más alteraciones que el hombre. Son ellas las que sienten que el cansancio, la debilidad y la fatiga son tanto mentales como físicos, lo que dificulta sus relaciones en el entorno familiar y laboral. Asimismo, según el trabajo de Semergen, los más jóvenes son los que tienen un mayor grado de fatiga; los separados, más falta de vitalidad, y, los solteros, los que menos padecen estos trastornos.
Los especialistas advierten de que estos síntomas, no deben durar más de dos semanas. Por tanto, si uno arrastra el cansancio y la fatiga durante más tiempo, ha de consultar con un médico para descartar el desarrollo de una enfermedad más seria. La encuesta también refleja que la falta de vitalidad repercute directamente sobre la vida laboral, familiar, social y el cuidado personal, por ese orden, según manifiesta Marisa López, presidenta del Grupo de Nutrición de Semergen.
¿Cómo combatirla?
Una receta sencilla que muchos ponen en práctica para combatir este trastorno es aumentar el tiempo de descanso dedicando más horas al sueño. Otros intentan luchar contra esta apatía general con la energía que proporciona el ejercicio físico regular, practicándolo tres o cuatro días a la semana. Y otra mayoría recurre a una dieta basada en un aporte extra de vitaminas. Aunque se pueden tomar complementos vitamínicos, López subraya que no son recomendables de manera generalizada, ya que pueden provocar una hipervitaminosis con efectos colaterales, por lo que, en caso de necesitarlos, debe consultar primero al médico de cabecera o al farmacéutico, sobre todo, si se toma algún otro tipo de medicación.
Además del descanso y el deporte, “la alimentación, juega un papel clave en la prevención y superación de este trastorno”, subraya la presidenta del Grupo de Nutrición de Semergen. En este sentido, Conchi Maximiano Alonso, nutricionista en iNutralia, apunta que “para combatir la astenia primaveral, es importante no saltarse las cinco comidas diarias recomendadas; seguir una alimentación equilibrada; tener una regularidad en los horarios, tanto para la comida como para el sueño, y practicar una actividad física que nos guste, de modo que descarguemos el estrés diario a la vez que nos sentimos realizados”.
Maximiano recuerda que “no hay ningún alimento que prevenga la astenia primaveral; en ocasiones, se recomiendan suplementos de vitaminas y minerales, pero no es la solución. De hecho, si seguimos una dieta equilibrada, obtendremos todos los micronutrientes que nuestro organismo necesita, incluso antes o durante la aparición de la astenia primaveral”. 
Claves para una dieta contra la astenia 
Beber mucha agua: debemos hidratarnos frecuentemente, sin esperar a tener sed para beber agua (la bebida más recomendable). Se recomienda consumir, como mínimo, dos litros de agua al día, y combinarlo con infusiones y zumos de fruta naturales.
Tomar frutas, verduras y cereales integrales: son la base de nuestra alimentación y nos aportan vitaminas y minerales indispensables para una completa nutrición. Algunos ejemplos son: fresas, aguacates, plátanos y albaricoques.
Consumir alimentos ricos en triptófano: como, por ejemplos, pescados, carnes de ave, huevos, lácteos y legumbres. Estos alimentos consiguen aumentar los niveles de serotonina (un neurotransmisor importante para el estado de ánimo).
Evitar cereales refinados y alimentos industriales ricos en azúcares y sal: es preferible elegir alimentos integrales que aportan energía durante más tiempo. Además, conservan muchos más nutrientes.
Tomar, al menos, cinco raciones de frutas y verduras al día. Una de las raciones de verdura se debe consumir en crudo y una de las frutas tiene que ser un cítrico.
Limitar el consumo de cafeína: no conviene combatir el cansancio con un aporte extra de cafeína que se logra mediante el abuso de refrescos o café, sobre todo, después de la hora de la comida.
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En caso de necesidad, y solo bajo supervisión médica, se pueden tomar complejos vitamínicos disponibles en la farmacia. Es indispensable consultar con profesionales antes de consumirlos, especialmente si se está tomando otro medicamento de forma regular.

 

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