Mar Echánove, @_chinadelalma_: “La adopción no es un acto de generosidad”

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Hace cuatro meses concluyó el “embarazo” de Bao Le. Mar Echánove y Jorge Matas junto a sus dos hijas mayores han esperado 18 meses para abrazar al pequeño de 2 años, cuyo nombre, puesto por las cuidadoras del orfanato en China, significa “Tesoro Feliz”.

Por Margarita García

Fotografía: Dani García

¿De dónde viene este deseo de la adopción?
Con 18 años trabajé como voluntaria con las hermanas de la Madre  Teresa de Calcuta, en un centro para niñas con necesidades en Rumanía. Allí se me plantearon dos caminos:  “O me enrolo en este equipo de hermanas, o me caso con Jorge y tenemos una familia abierta a la vida”. A la vuelta de este viaje le conté estos sentimientos y él también sintió esto como bueno para su familia futura. A los cuatro años de noviazgo nos casamos, nació nuestra primera hija y con la segunda iniciamos el proceso de adopción. Adoptar para nosotros siempre ha sido una primera elección; es un llamada física porque te llaman para preguntarte, pero también tienes la llamada del corazón. Nuestra vocación y nuestra paternidad responsable era dirigirla a la adopción. Ha sido el hijo más responsable en el sentido de haber sido el más esperado (económicamente, emocionalmente…).
¿Por qué China?
De China vimos la vía del pasaje verde, que es la vía paralela a la ordinaria (niños sanos). Tú sabes que tu hijo tiene una patología o varias. Dijimos un sí, sin condiciones. Es una elección dura, pero por mi experiencia –trabajo en un colegio de necesidades especiales– sé que es posible la integración de las capacidades. Sé que no es una losa, es un regalo. Nos enseñaron el informe médico, sin fotos y leímos:  “Tretratología de Falot, microtia auditiva en el oído izquierdo”. Y dijimos:  “Es la ecografía de mi embarazo, es mi niño”.
¿Cómo fue el primer encuentro?
Viajamos a China el 5 de enero de este año, y el día 7 la responsable del orfanato y la cuidadora nos llevaron a Bao al hotel. Allí entró mi pequeño con un tomate cherry en la mano y con la otra agarraba el dedo índice de su cuidadora. Cuando nos encontramos, le soltó y le dijo  “Mamá”  dirigiéndose a mí, y cambió el dedo. Nosotros sabíamos quién era él, pero él no sabía nada de nosotros. Es un momento de mucha tensión, pero con fe y amor sale bien.

 

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Y llegó Bao. ¿Cómo es?
Bao ha sido un regalo, no solo para nuestra familia, también para nuestros amigos. Para los que nos han seguido por Instagram ha sido una forma de demostrar que se puede vivir con un niño diferente. Queremos que se vean las patologías de Bao como parte de la vida. Todos somos diferentes y tenemos un valor.
Sobre la adopción existe mucho desconocimiento. ¿Cómo ha sido su experiencia?
La adopción tiene dos caras. Una, el abandono, que es lo peor que le puede pasar a alguien, una herida para toda la vida, y además es un fracaso social porque una mujer no puede hacerse cargo de su hijo. Pero también existe la otra cara: todo lo relacionado con reconstruir, recomponer su herida, darle una familia en la que va a ser amado tal y como es. El proceso lo hemos vivido con mucha paz dentro de la incertidumbre. Teníamos una confianza muy grande en que todo saldría bien porque Bao estaba al otro lado, él era el valiente, nosotros hemos estado en casa esperando. Es una decisión que nos ha unido mucho como familia: hay que estar fuertes pero sin olvidar que el que ha sufrido ha sido Bao. La gente nos dice  “¡qué valientes!”, pero el valiente es él.
Al iniciar el proceso de adopción se abrió una cuenta en Instagram, @_chinadelalma_. ¿Por qué?
Para volcar ideas, sensaciones, y verme entendida por personas que estaban pasando lo mismo que yo. Pero, además, gracias a Instagram, 7 familias han abierto expediente en China. Esto es lo que recibimos de Bao: un amor que se multiplica y abre camino… Es lo más grande de la vocación: alimentarla con la fe y compartirla con los demás. Instagram da normalidad a estas historias. Hay embarazos del alma, de ahí el nombre de mi perfil china del alma.

 

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¿Qué errores ha descubierto en torno a la adopción?
Que está ligada únicamente a la infertilidad. Pienso que en todos los cursillos prematrimoniales se debería hablar de que en la apertura a la vida la adopción fuese un camino más. Luego también, que se diga que un niño que se adopta es  “menos hijo”. Mi experiencia es que Bao ha sido el más buscado de mis hijos: papel tras papel, firma tras firma. Es una decisión tomada todos los días.  Otro tema es el de ser hijo biológico. Biológicos son todos. Bao no ha salido de la nevera. La etiqueta de adoptado es una cosa que me gustaría quitar. Adoptar es un verbo, no un adjetivo. Fue adoptado, pero ya no es adoptado. Ahora es mi hijo.  Hay madres que se sienten de segunda por ser adoptivas, y para mí parir ha sido cruzar el charco. Además, me encuentro con mucha obsesión por diferenciar que es chino. Mis tres hijos son españoles y son mis hijos. Creo que cuando interviene el amor, la diferencia racial no existe. Tengo familiares que me dicen:  “Casi no parece chino”.  Y yo contesto:  “¡Es chino! ¡Su madre es china!” . Para su madre tengo agradecimiento porque le dio la vida y nos dio la oportunidad de tenerle aquí. Hay que darle un valor y un respeto a su origen porque es lo que es él. Amar toda su historia, pasado presente y futuro.
¿Adoptar, como suele decirse, es un acto de generosidad?
¡Qué va! Es un acto de amor hacia la familia. Bao no me debe nada, no soy su salvadora. La familia no se forma con generosidad, sino con amor.
¿Qué papel juega la fe en su vida y en su familia?
Nos conocimos en una Semana Santa misionera, así que la fe nos ha unido. En Dios nos hemos apoyado porque en la adopción es todo intangible: a nuestro hijo no le veíamos, a Dios tampoco. El proceso de adopción ha sido un reflejo de ese amor de Dios por nosotros como matrimonio y como familia. Si Dios te llama a algo es que vas a estar preparado para afrontarlo. No sabemos de dónde nos viene la fortaleza, somos unas personas muy impacientes y lo hemos vivido con mucha paz. Ha sido una forma de vivir un camino de fe con la certidumbre de que iba a estar Bao.  Y esta luz nos la da ser creyentes y no ver esto como caridad sino como familia.

 

El hilo rojo:

El hilo rojo. “En China existe la leyenda del hilo rojo del destino: un hilo mágico que une al niño con su familia. Para nosotros, fue la psicóloga que está en China y nos asignó a Bao”, dice Mar mientras señala la pulsera de hilo rojo que lleva en la muñeca.

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