El ábaco tradicional vuelve a las aulas y cada vez más niños se divierten mientras desarrollan destrezas matemáticas y de cálculo mental. Este instrumento sencillo, en sus distintas formas, mejora la concentración, la orientación espacial y la memoria fotográfica.

Por José Antonio Méndez

¿En qué familia no se ha escuchado alguna vez frases como “no me gustan las matemáticas, no sirven para nada, no se me dan bien…”? Cansados de que las mates sean la asignatura maldita, cada vez más educadores recurren a un método tan ancestral como innovador para que los niños disfruten con los números: el ábaco.
Solo en YouTube hay más de 10.000 videos con tutoriales para enseñar a los niños a sumar, restar, multiplicar y dividir con los distintos tipos de ábacos que existen –el japonés, el ruso, el chino, el vertical…–, y academias y colegios han desarrollado sus propios métodos de trabajo basándose en este instrumento de cuentas y barras.
“Las matemáticas es la asignatura más odiada desde que existe la estadística, porque los niños no le ven utilidad. Su carácter abstracto les resulta difícil, porque su cerebro está preparado para ver que aquí hay una bola y aquí tres, pero cuando están ante la grafía del tres o del uno, no perciben de forma natural cuál representa más”, explica María José Lluy, especialista en neuroeducación y subdirectora de Aloha España, un método que se sirve del ábaco japonés para entrenar las habilidades matemáticas de los niños.
Tocar los números
¿Y para qué sirve el ábaco? “Al emplear el ábaco –afirma Lluy–, los niños pasan de lo abstracto a lo concreto, son capaces de identificar los números no solo con su grafía, sino también con las posiciones que ocupan en la tablilla (o con los colores, en el caso del ábaco ruso), y pueden tocar de forma real los números que tienen en la mente”.
De hecho, Lluy asegura que “los niños necesitan tocar las matemáticas para sentir interés por los números y ver que tienen utilidad en la vida real: que el niño tenga su hucha y vea cuánto tiene, cuánto cuesta el juguete que quiere y cuánto le falta; que en la compra le demos el dinero y pague él, que vea cuánto le piden, cuánto da y cuánto le devuelven; que reparta la pizza de la cena en trozos iguales…”.
Suscitar interés
Porque no se trata solo de obtener mejores notas en el cole, sino de desarrollar su interés por las matemáticas: “Al recabar su interés mientras mejora su destreza matemática, el niño se lo pasa bien al mismo tiempo que desarrolla su capacidad de concentración, de resolución de problemas, de orientación espacial y de memoria fotográfica”, señala Lluy.
Y la subdirectora de Aloha aporta ejemplos concretos: “Para entender el volumen de las cosas, el tiempo, el movimiento, las distancias, la arquitectura, incluso la lectoescritura de derecha a izquierda y de arriba abajo, o para hacer la grafía de las letras con círculos y líneas, el niño necesita aplicar conceptos matemáticos. Y el ábaco es una herramienta perfecta para que los niños aprendan y disfruten con esos conceptos”.

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