Mi madre es instagramer

Desafiando al postureo y a las corrientes de opinión que reniegan de la maternidad, las Instamamis son el nuevo fenómeno de Instagram: mujeres normales que comparten sus experiencias de familia, su fe y su capacidad de superación, de modo real y optimista.

Por Margarita García

Peligrosa, superficial y puro postureo. Así es para muchos la experiencia en Instagram, la red social con fotografías y stories (microvídeos visibles durante 24 horas) que más ha crecido en el último año.

Sin embargo, en esta comunidad con más de 500 millones de perfiles existen mujeres que comparten sus experiencias de la maternidad, moda y tendencias, sin perder autenticidad y mostrando el estilo de vida de una familia auténtica.

Porque aunque el encuentro personal es insustituible, las redes sociales esconden historias dignas de contar, como las de @lylivive y @soyunamadrenormal. Dos mujeres jóvenes, modernas, normales –les gusta recalcar:  “¡somos normales!”– y católicas, a las que Misión sigue con interés.

“Compartir es vivir”

Con más de 40.500 seguidores, Lydia Vives empezó a compartir fotos con sus amigos como cualquier joven de su edad, hasta que, como ella misma reconoce,  “el matrimonio me cambió la vida” , y no solo porque al poco tiempo se convirtió en madre, sino porque su segundo hijo, Mateo, le hizo experimentar lo bueno que hay en esta  “comunidad”.

Mateo nació en 2014 y al mes de vida le diagnosticaron leucemia. “Seguía en Instagram a una mamá que también tenía a su hijo enfermo, y me sentía tan identificada que empecé a subir fotos del hospital.

Entonces me di cuenta de que compartir tus experiencias ayuda”.  Y no solo se sintió acompañada, sino que desde todas partes del mundo comenzaron a rezar por su hijo.

Después de ocho meses y un trasplante de médula, Mateo murió en agosto de 2015. “Me planteé dejar el perfil, pensaba me haría daño continuar, pero fue tal la cantidad de mensajes que recibía de seguidores que se preocupaban por mí que empecé a pensar: ‘Ahora es cuando Mateo va a hablarles a todos’”.

Un motivo, mil razones

Tras la muerte de Mateo nació la web #1motivomilrazones, para recordar que cada año 1.000 niños son diagnosticados de cáncer en España.

En la web venden productos de la marca Happy Man, que ellos mismos han creado en recuerdo de su hijo, pues Lydia asegura que Mateo fue un happy man (hombre feliz) hasta el final.

De esta forma, apoyan económicamente la investigación en la lucha contra el cáncer que lleva adelante la Fundación Josep Carreras.

Tres años después, Lydia explica que  “su padre y yo hemos descubierto que tantas oraciones han servido para que no nos derrumbemos. La historia de Mateo nos ha salvado a mi marido y a mí”. Algo que pueden comprobar los seguidores de @lylivive.

Y es que realmente ese sufrimiento les ha cambiado la vida: “Nos ha puesto las pilas, y hemos aprendido a vivir con intensidad pero relajadamente, saboreando cada momento en familia”, que es precisamente lo que transmite en su perfil: la familia y Happy Man son los protagonistas de sus fotos, con las que  “trato de mostrar que incluso con un sufrimiento muy gordo se puede vivir”.

Al margen del testimonio de fe que, sin habérselo propuesto están dando, Lydia también habla de moda y de planes familiares, belleza… porque  “¿por qué los católicos no vamos a ser activos en la red? Hay que transmitir que somos gente normal”, explica.

Una madre normal

Este es justamente el objetivo de Irene Alonso, una madre que descubrió que en Instagram existía una corriente de madres frustradas e infelices con la maternidad, así como un sinfín de perfiles que vendían una vida ideal… e irreal. “Pensé que hacía falta poner un poco de realidad, y también transmitir que una casa con ocho hijos no es la jungla”.

Tal ha sido el éxito de su cuenta @soyunamadrenormal , con su “vida y fotos normales”, que hace tres meses decidió abrir un blog con el mismo nombre para poder escribir sin límite de caracteres.

“Tengo espíritu misionero y para mí dar testimonio de familia y de fe es una misión”, nos cuenta. Una misión que ha llegado incluso a salvar vidas: una de las entradas del blog que más impacto ha tenido es la que habla de Nazaret, la hija que perdieron con pocos meses de gestación, pero que logró nacer con vida y recibir el bautismo.

“A raíz de esta entrada he recibido cientos de mensajes, uno de ellos, el de una chica que, tras leer mi historia, anuló la cita que tenía para abortar”, explica para Misión.

Mi madre es instagramer

La otra cara de su cuenta de Insta­gram es la de sus hijos, su marido y la vida privada de la familia. ¿Cómo compaginar la autenticidad y la intimidad?  Tanto Lydia como Irene lo tienen claro:  “En ningún caso hay que forzar fotografías”, pero si lo que quieres es mostrar la vida real de la familia no pueden faltar los hijos.

Sin embargo, el respeto a los mayores es crucial, señala Irene, porque a partir de cierta edad ellos tienen que aprender a usar responsablemente el móvil y las redes sociales.

Y ante el miedo real en cuanto a la exposición de menores en la red, estas madres responden:  “Al final, es como si voy al parque con mis hijos: no sé quién puede estar mirando y son tantas cosas las que pueden pasar… que al final no vives”.

E Irene añade:  “Si concibo mi presencia en redes como una misión, también confío en que Dios cuida de mis hijos”. 

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