Naprotecnología: La ayuda médica para que lleguen los hijos

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Cada hijo es un acto infinito de la confianza de Dios en un matrimonio que dispone su amor para acogerlo y cuidarlo. Sin embargo, algunos matrimonios tienen su corazón abierto a los hijos… y no llegan. ¿Qué pueden hacer? ¿Ofrece la ciencia alguna opción que respete el diseño de Dios para su matrimonio? Sí: la Naprotecnología: la ayuda para que lleguen los hijos.

Por Isabel Molina Estrada

María Fernández de la Mora es monitora (practitioner) del método Creighton, el modelo de reconocimiento de la fertilidad en el que se apoya la Naprotecnología (Natural Procreative Technology o Tecnología de Reproducción Natural). Pero María no solo enseña este método, sino que lo ha vivido “en primera persona”, tal y como ella misma explica a Misión. “Después de casarnos, mi marido y yo buscamos un embarazo, pero no llegaba. Fue entonces cuando conocí la Naprotecnología en Irlanda. Me diagnosticaron un déficit hormonal y una intolerancia alimentaria que me alteraban la fertilidad y, tras ocho meses de tratamiento, me quedé embarazada de forma natural. Hoy soy madre de tres hijos gracias a la Naprotecnología”.  Tras vivir esta dura experiencia con final feliz, Fernández de la Mora decidió formarse como monitora del método y hoy acompaña a matrimonios que acuden a la clínica Fertilitas, especialista en Naprotecnología. “Tanto me había cambiado la vida que quise hacerme practitioner para ayudar a otros matrimonios que están pasando por la misma situación que yo atravesé”, cuenta.
Salud reproductiva
Los métodos de reconocimiento de la fertilidad y los avances de la medicina procreativa hacen posible ir a la raíz de los problemas médicos que pueden estar causando infertilidad. Así, muchos matrimonios como el de María llegan a concebir un hijo.
Patricia Alonso, ginecóloga de Ferti­litas, especialista en Naprotecnología, explica a Misión que “la Naprotecnología nació en Estados Unidos gracias a la iniciativa del doctor Thomas W. Hilgers”, fundador y director del Instituto Papa Pablo vi para el Estudio de la reproducción humana, quien comenzó hace 40 años “a estudiar la salud de la mujer y los problemas de fertilidad de la pareja basándose en el método Creighton”. Así inició esta ciencia mé­di­ca, que da una respuesta idónea a los problemas de infertilidad de los matrimonios, pues respeta la naturaleza del acto conyugal y la dignidad de los esposos y de los hijos.
La Naprotecnología resguarda “la naturaleza del acto conyugal, porque no interfiere en él de ningún modo”, explica la doctora Helena Marcos, miembro fundador de la Asociación Española de Naprotecnología (Naprotec), que ejerce la Naprotecnología en el cof Getafe. Así, el matrimonio continúa su vida conyugal de forma normal, a la vez que realiza las gráficas de reconocimiento de la fertilidad. Al estudiar estas gráficas, los médicos especialistas en Naprotecnología inician un proceso de “diagnóstico sobre los problemas de salud que pueden estar causando la infertilidad”, puntualiza Marcos.
Conceptos clave

  • Esterilidad: Incapacidad para concebir.
  • Infertilidad: Dificultad para que la concepción prosiga. Puede ser primaria, cuando no se ha podido llevar a término un embarazo después de al menos un año de mantener relaciones sexuales (porque no se queda embarazada o sufre abortos espontáneos), o secundaria, cuando se ha llevado a término un embarazo al menos una vez en el pasado, pero actualmente ella no logra quedarse embarazada o llegar a término.
  • Subfertilidad: Disminución temporal de la capacidad para concebir. En muchos casos la fertilidad se puede restaurar con métodos de reconocimiento de la fertilidad y la medicina procreativa.
El método Creighton
El Creighton es un método de reconocimiento de la fertilidad que surgió del método Billings, y que se diferencia por hacer “un registro estandarizado de los marcadores biológicos del ciclo de la mujer, como el sangrado y el moco cervical”, explica Fernández de la Mora. La ginecóloga Alonso puntualiza entre sus ventajas que es un método “universal, reproducible y objetivo”.
El Creighton permite a los esposos conocer los momentos de mayor fertilidad y “los ginecólogos especialistas en Naprotecnología estudiar qué alteraciones se pueden estar produciendo, y realizar pruebas diagnósticas en determinados días del ciclo menstrual para prescribir tratamientos en fases concretas y con dosis personalizadas, para corregir las alteraciones y restaurar la fertilidad”, añade la practitioner de Fertilitas.

La Naprotecnología aborda la infertilidad con total respecto por la naturaleza del acto conyugal

Causas de infertilidad
“El modelo Creighton, como cualquier otro método de reconocimiento de la fertilidad, no diagnostica problemas de salud, pero sí permite sospechar qué puede estar fallando”, explica Marcos.  Y al rastrear médicamente esas sospechas, pueden detectarse problemas como riesgo de inflamaciones cervicales, disfunciones hormonales, abortos espontáneos, síndromes de ovario poliquístico, amenorreas hipotalámicas, síndromes premenstruales, quistes de ovario, endometriosis, anovulación o sangrados inusuales. También se pueden intuir disfunción lútea (en sus diferentes variantes), hipotiroidismo, hiperprolactinemia, enfermedad celiaca e intolerancias alimentarias (al huevo, a la leche…).
Al apreciar alguno de estos casos, los expertos en Naprotecnología acuden a estudios hormonales, ecográficos o quirúrgicos.  “No a todo paciente hay que pedirle todas las pruebas. Basándonos en su historial y exploración, pedimos solo las necesarias”, puntualiza Marcos. Ciertos casos, añade, requieren “medios quirúrgicos, como en casos de endometriosis, obstrucción tubárica, pólipos endometriales u ovario poliquístico”. Corregidas las patologías, muchos matrimonios logran llevar a término el embarazo.
Primero, la persona
Otro factor capaz de ocasionar problemas de infertilidad es el “estrés crónico, que puede alterar los ciclos de la mujer”, indica Fernández de la Mora. El estilo de vida e incluso su relación matrimonial también influyen. Por eso, la Napro­tecnología hace un estudio de toda la persona: “Se estudia al hombre y a la mujer para mejorar la salud de ambos”, indica Marcos.
Y si tras este proceso de acompañamiento personalizado, aun así no se logra un embarazo, la practitioner de Fertilitas asegura que los matrimonios sufren menos y “se quedan más tranquilos, porque conocen las causas” de su infertilidad/esterilidad, “mientras que la frustración es muy alta cuando no sabes por qué te ocurre a ti”. Aunque se trate de ciencia, la última palabra siempre la tendrá Dios.

 

Concebir sin maltratar a nadie

Algunos matrimonios conocen la Napro­­tecnología tras pasar por técnicas de reproducción artificial como la Fecundación in vitro (FIV), que dejan profundas secuelas físicas y psicológicas. Estas técnicas, asegura Patricia Alonso, “someten a la mujer a una carga hormonal alta y repetida, lo que implica riesgo de cáncer de mama, daños en el perfil hepático, riesgo vascular, riesgo de hiperestimulación ovárica…” Además, “varios estudios confirman la asociación entre FIV y resultados obstétricos y perinatales con mayor riesgo de malformaciones y alteraciones en el desarrollo”, añade la ginecóloga de Ferti­litas. Las técnicas de fecundación en laboratorio o de inseminación artificial “no respetan a la persona y se olvidan de sus sentimientos y de su relación, en este caso de la relación conyugal”, explica Helena Marcos. “Con la FIV, la vivencia de la sexualidad no es necesaria, y en caso de venir un hijo sucederá tras una serie de actos desligados de la relación conyugal, por una manipulación de gametos por técnicos de laboratorio”, añade. Al final, sufre el matrimonio, se altera la salud de la mujer, y se tratan millones de vidas como desechos de laboratorio.

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