No podemos tener hijos ¿y ahora qué?

Argumentario ante quienes desean tener hijos y no logran concebir

Cuando un matrimonio cercano nos cuenta su preocupación porque los hijos no llegan, y nos dice que van a probar “otras vías” artificiales para concebirlos, ¿qué podemos hacer? ¿Asentimos, sin más? ¿O podemos ayudarles a vivir con paz su situación y entender por qué no es necesario recurrir a producir vidas humanas en un laboratorio? En Misión queremos ayudarte a ayudar, con este argumentario que recrea una posible conversación ante un caso así.

Por M. Funes, I. Molina y J.A. Méndez

Asesoría: Antonio Pardo, Departamento de Humanidades Biomédicas de la Universidad de Navarra, y Tania Errasti, ginecóloga experta en esterilidad

Llevamos tiempo casados y los hijos no vienen, así que vamos a empezar a probar otras cosas…

Lo entiendo. Un hijo es fuente de ilusión para cualquier matrimonio, y cuando pasa el tiempo y no llega, puede ser muy doloroso. Pero conviene ir con cautela, porque no todas las “otras cosas” que se ofrecen para tener hijos son iguales, ni tienen las mismas repercusiones… Perdona la indiscreción, pero, ¿ya os habéis hecho pruebas para detectar si hay alguna causa médica que os esté impidiendo concebir?

Bueno, todavía no…

Es importante que os hagan un buen diagnóstico, porque es posible que exista alguna causa que os impide concebir y que, quizá, puede ser corregida: fallos en la ovulación, ovarios poliquísticos, problemas en las trompas, endometriosis, anomalías en el semen, problemas testiculares, factores relacionados con la edad o el estrés… Si se identifica el problema, es posible buscar la solución médica para allanar el camino.

Sea como sea, estamos dispuestos a aprovechar cualquier tratamiento que nos brinde la ciencia…

En realidad, si por tratamiento se entiende solventar un problema que hace estéril al hombre o a la mujer, es válido todo lo adecuado para conseguir la desaparición del problema, si tiene una eficacia comprobada y no provoca efectos secundarios desproporcionados. Sin embargo, hay técnicas que no son en realidad tratamientos para la infertilidad, sino más bien para “fabricar” hijos…

¿A qué te refieres? A ver si crees que vamos a ir al laboratorio del doctor Frankenstein.

¡No, claro que no! Eso ya lo sé.  Y sé que os mueven las mejores intenciones. Para comenzar, podríais probar un método de reconocimiento de la fertilidad, como el Método Billings, que os enseña cómo identificar los días más fértiles de cada ciclo; o también podéis recurrir a un test de farmacia para detectar esos días fértiles –como la prueba de ovulación Clearblue–, porque al mantener relaciones sexuales durante los días más fértiles del ciclo se incrementan muchísimo las posibilidades de concebir y, además, esto os unirá mucho más como pareja.

Conozco varios matrimonios que llevaban más de dos años intentando concebir y, una vez que aprendieron a detectar el momento de la ovulación, lo lograron. Cuando hablo de técnicas para fabricar hijos me refiero, concretamente, a los tratamientos de reproducción asistida.

Es justo de lo que nos han hablado.

Claro, eso es lo que ofrecen casi todas las clínicas y hospitales: la inseminación artificial (en la que se manipulan gametos pero no embriones); la fecundación in vitro (FIV), en la cual la fecundación tiene lugar fuera del claustro materno y, una vez llevada a cabo la fecundación, los embriones producidos se transfieren al útero mediante un proceso llamado fecundación in vitro y transferencia embrionaria (FIVET); y la inyección intracitoplasmática de esperma (ICSI). Y en las dos últimas que os menciono os ofrecen la posibilidad de acudir a un diagnóstico preimplantacional.

Lo primero que nos han propuesto es la inseminación artificial.

Claro, ese el primer escalón en este tipo de técnicas, porque consiste en obtener semen del varón, tratarlo en el laboratorio e introducirlo en el tracto genital de la mujer, generalmente en el útero. Es un procedimiento relativamente sencillo y que no tendría por qué matar a vuestros futuros hijos, pues no se hace una selección embrionaria, pero no siempre es respetuoso con vuestro amor como padres, ya que en la mayoría de los casos se sustituye la relación sexual…

También estaríamos dispuestos a hacernos una fecundación in vitro…

Es la práctica más frecuente, pero es una técnica bastante heavy y tal vez no os hayan contado todas sus repercusiones.

¿En serio? ¿Cuáles son?

Pues que en realidad lo que se hace es coger varios óvulos y espermatozoides, fecundarlos en un frasco, fabricar varios hijos, e implantar, según el criterio de un médico, solo los que tienen el aspecto más saludable en el periodo embrionario; los otros son descartados o congelados. Y entre los congelados y los que se pierden por no prender en la mujer, muere el 95 por ciento de los embriones… y también esos serían vuestros hijos.

Bueno… serían células.

Células son, claro, porque “células somos todos”. Pero esas células serían de un ser humano que ya tendría vida propia, un ADN propio… el de vuestro hijo, concretamente.  Y aunque ahora se promulga el “derecho a tener un niño”, no existe el “derecho” a tener una persona. Hoy, como todo se comercializa, también se comercia con la producción de niños a través de la FIV. Basta ver los altísimos costes de esta técnica para intuir lo que mueve a muchos especialistas.

Y, todo hay que decirlo, es una técnica que muchas veces se emplea a costa de la salud de la mujer.  Vosotros os queréis, y como el amor es expansivo, lo lógico es que queráis tener hijos. Pero sé que no queréis “poseer” a un hijo, ni fabricarlo en un laboratorio, y menos congelar o matar a otros hijos…

Tienes razón, ¿pero acaso Dios no quiere al hijo que nace por un método artificial?

Dios nos quiere a todos, pero no aprueba todas las formas de venir al mundo. Pensad en la violación o el incesto, que son muy anteriores a estas técnicas; una vez que los hombres hemos hecho algo que no tiene en cuenta sus leyes, y de lo que surge una nueva vida, Dios la ama y en su sabiduría tiene para ella una misión.

¡Pero no queremos resignarnos!

Tenéis la posibilidad de adoptar o, perdonad que os insista, podéis acudir a un método de reconocimiento de la fertilidad y, además, buscar ayuda de un diagnóstico médico.

A propósito: esto es justo lo que hace la Naprotecnología, que ya está disponible en España. La Napro utiliza el modelo Creighton para el reconocimiento de la fertilidad y realiza un seguimiento médico para detectar las causas de infertilidad en vuestro matrimonio y ayudaros a mejorar vuestra salud reproductiva. De este modo estaréis abordando el diagnóstico de modo totalmente científico, pero respetando plenamente vuestro amor y a vuestros futuros hijos.

¿Y si aun así no logramos concebir?

Hay muchas formas de vivir la fecundidad en el matrimonio. Acordaos de que no os habéis casado para tener hijos, sino porque os queréis. Si no vienen los niños, podéis descubrir una entrega más amplia del uno al otro y daros a quienes tenéis cerca. Dios os acompaña, y si se lo pedís, os ayudará a tomar las decisiones que respeten la vida humana, porque eso será, de verdad, lo que os haga felices y libres.

Dónde acudir

Método Billings:

www.woombesp.es

Teléfonos: 91 450 50 76 o 655 27 94 64

woombesp@telefonica.net

Naprotecnología:

www.naprotec.es

WhatsApp: 659 68 23 27

info@naprotec.es

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