Para la ternura siempre hay tiempo

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Para la ternura siempre hay tiempo

Por Eva Fernández. Corresponsal de COPE en Roma y autora de El Papa de la ternura (Planeta 2019)

El día que cumplí 25 años cayó en mis manos un álbum de Víctor Manuel y Ana Belén que llevaba por título Para la ternura siempre hay tiempo, que me pareció toda una declaración de intenciones. Un fogonazo en medio de la aceleración de la vida, cuando te crees propietaria de un tiempo sin fecha de caducidad. Hasta que llegó la cuenta atrás de un ser querido y ese álbum se convirtió en una especie de mantra que invitaba a convertir cada segundo en tiempo para la ternura.
¡No somos conscientes de todo lo que nos perdemos si no dejamos espacio para la ternura en nuestra vida! Querer a los demás es lo más parecido a transformar lo que nos rodea en un hogar. Esgrimir el estandarte de la ternura como forma privilegiada de mejorar las relaciones humanas, conjugar la lógica de darse, desterrando el egoísmo y el interés. Mirar a los demás como objetos preciados que requieren cuidado y cariño. De eso va la ternura: de querer porque sí, y a ser posible a fuego lento, sin prisas, sin mirar el reloj.
La ternura no se mide en porcentajes ni estadísticas, pero su huella tiene siempre un rostro y deja poso. Defender la ternura no admite ñoñerías. Solo los realmente tiernos saben que a base de caricias no se resuelven los problemas, pero sí se curan heridas y se crea el caldo de cultivo adecuado para resolver conflictos aparentemente complicados.

Derrite a los rudos, interpela a los tibios y transforma a los agoreros. Basta una persona que no tenga miedo a comportarse con ternura para cambiar su entorno.

¡Cuántas veces hemos comprobado lo que nos cambia el día tener a nuestro lado caras sonrientes! Quizás es el momento de atreverse, de tener el coraje y la valentía de manifestar ternura de forma efectiva dando importancia a los detalles, al abrazo sincero, a la llamada oportuna o al acompañamiento generoso sin esperar nada a cambio. Siempre estamos a tiempo de desplegar todo el elenco de efectos secundarios que provoca la ternura. Hagamos recuento: cordialidad, misericordia, simpatía, afabilidad, sensibilidad, cariño, dulzura, afecto. Una mirada llena de ternura que genera esperanza y sabe ponerse en el lugar del otro.
Ahora que arranca un nuevo curso e iniciamos la época de los recomienzos, conviene tener en cuenta que la ternura obra milagros. Alienta a los desencantados, derrite a los rudos, interpela a los tibios y transforma a los agoreros. Basta una sola persona que no tenga miedo a comportarse con ternura para cambiar su entorno. En el fondo se entiende que el Papa Francisco dé tanta importancia a la revolución de la ternura. Pero para eso se necesitan conspiradores a los que no les importe el combate cuerpo a cuerpo, corazón a corazón, utilizando el arma de los gestos y de la ternura. Algo tan sencillo como vivir el Evangelio.