Prácticas de humanidad

La Universidad Francisco de Vitoria (UFV) es la única universidad privada dentro de la red de cátedras de Responsabilidad Social del Banco Santander que incluye en todas las titulaciones la asignatura de Acción Social. Una materia con sus prácticas obligatorias.

Por Margarita García

La enseñanza de humanidades que vertebra todas las carreras de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) constituye una de las propuestas más novedosas de esta universidad. En la UFV saben que sus alumnos, además de aprender Derecho o Enfermería, han de saber quién es el hombre desde la visión humanista y qué responsabilidad tienen con él, de modo que luego puedan ejercer su profesión con sentido de responsabilidad social.

Por esto, todos los alumnos de la UFV cursan la asignatura Acción Social, dentro de la cátedra de Responsabilidad Social del Banco Santander. 

“Al inicio del curso académico, muchos alumnos se preguntan si realmente necesitan cursar esta asignatura, pero al finalizar el año, el 95 por ciento de los alumnos de todas las carreras agradecen a sus profesores esta experiencia”, asegura Susana García Cardo, responsable del área de Acción Social de la UFV.

Y no es para menos, ya que la parte práctica de la asignatura consiste en una acción de servicio a los demás en instituciones como Cáritas, Desarrollo y Asistencia o residencias para personas mayores. “Cada año, más de 1.200 alumnos hacen estas prácticas en más de 130 instituciones, donde desarrollan, en total, unos 400 programas sociales” , añade García Cardo.

Voluntariado internacional

Y como a muchos de estos alumnos la asignatura les sabe a poco, al final de curso se apuntan a un proyecto de voluntariado. Es el caso de Ángela Herrero, alumna de Diseño de la UFV que el pasado mes de junio viajó a Argentina para trabajar con las Misioneras de la Caridad en diferentes proyectos.

Con otros 20 compañeros, Ángela prestó asistencia en una casa para mujeres con discapacidad y en un comedor social para hombres en la región bonaerense de San Isidro.  “Nuestro día a día consistía en ayudar a las hermanas a limpiar, tender la ropa… y por la tarde, hablar con las mujeres o hacer talleres con ellas”, explica para Misión.

Los alumnos que viajaron a Ar­­gen­tina recibieron formación profesional y espiritual, y ese tiempo de oración y encuentro personal con Dios fue para Ángela el complemento que dio sentido a toda su experiencia.

Confiesa que, recién llegada a Buenos Aires, se preguntaba por qué Dios permitía tanto sufrimiento: “No entendía por qué permitía que existieran personas con discapacidad –relata–, pero un día, mientras barría, me topé con un cuadro de una Misionera de la Caridad aseando a un enfermo esquelético, junto a las letras Body of Christ.  Y entendí que cada persona, incluso las que nos resultan desagradables, somos parte del cuerpo de Cristo”.

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