¿Qué deberes tienes hoy?

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Niña haciendo deberes Revista Misión
Cómo ayudar a los hijos (y cómo no hacerlo) con las tareas escolares

Más allá del clásico debate sobre su utilidad, hoy por hoy los deberes siguen siendo una constante en nuestro sistema educativo. Por eso te explicamos qué hacer y qué evitar para ayudar a tus hijos con las tareas en este nuevo curso.

Por José Ramón Navarro Pareja

¿Son buenos los deberes para la formación de nuestros hijos? Para algunos, las tareas refuerzan los aprendizajes de clase y ayudan a crear hábitos de trabajo, concentración y disciplina. Para otros, son una fuente de estrés para los niños (¡y para las familias!), perpetúan las diferencias entre los alumnos que pueden recibir ayuda y los que no, y convierten los horarios infantiles en jornadas propias de adultos, hurtándoles tiempo para el juego, la familia y los amigos. Pero más allá de este debate, ¿qué pueden hacer los padres a la hora de los deberes?
Momento, lugar y horario
Los expertos coinciden en que los niños deben percibir que el  “momento deberes”  es importante. Por eso, lo mejor es hacerlos en un lugar fijo, como su zona de estudio, con ambiente de silencio y apartado de otras distracciones. Se acabó hacer los deberes en el salón mientras otros ven la tele, en la cocina mientras se prepara la cena “porque así están controlados”, o con el móvil sobre la mesa.
También conviene establecer un horario fijo cada día, con límites de tiempo. Resulta complejo concluir cuántos deberes pueden tener los niños, pero sí se pueden establecer unos máximos diarios. En Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y en muchos colegios de España, se aplica la regla de los 10 minutos, que asigna diez minutos a los alumnos de 1.º de Primaria y va aumentando diez minutos por curso, hasta 6.º.
Cuatro horas a la semana
“Los datos de PISA indican que después de unas cuatro horas a la semana, el tiempo adicional dedicado a los deberes tiene un impacto insignificante en el rendimiento”, señala un informe que la OCDE publicó a finales de 2014. Los resultados evidenciaban que el número de horas dedicadas a los deberes no tiene relación directa con los resultados académicos globales. De hecho, países como Finlandia, Corea o República Checa, referentes por sus buenos resultados en las pruebas PISA, dedican menos de tres horas de deberes a la semana, mientras que los alumnos españoles dedican una media de 6,5 horas semanales, y nuestros resultados en PISA están siempre por debajo de la media.
Cuando hay demasiados
Entonces, ¿qué podemos hacer si nuestros hijos superan esas horas de trabajo en casa? Lo primero, hablar con el tutor para conocer los motivos. Quizá sea una señal de que nuestro hijo no trabaja lo suficiente en clase –y habrá que saber el motivo–, o de que tiene alguna necesidad educativa.
Si, por el contrario, se debe a una decisión del profesor o a la mala coordinación entre ellos, conviene iniciar un debate con el centro para promover la racionalización del trabajo, eso sí, sin desautorizar a los profesores en presencia de los niños.
Deberes en clase
El tipo de deberes que los alumnos llevan a casa está muy condicionado por la metodología que los profesores usan en clase. Por eso es importante que, a principios de curso, los tutores expliquen a los padres cómo van a trabajar en clase las distintas materias. Mientras una clase magistral, en la que el profesor tiene todo el protagonismo, se presta más a tareas repetitivas de lo que el docente explica en el aula, otros métodos más activos, como el aprendizaje por proyectos, promueven actividades de indagación o creación de contenidos. El caso extremo lo plantea el flipped class­room, la clase en la que se invierten los papeles: los alumnos asisten en casa a la lección a través de un vídeo y, una vez comprendido el concepto, hacen los  “deberes” en clase, bajo la supervisión del docente.
Sin llegar a esos extremos, lo ideal es que los deberes sean autocorrectivos: lecturas, trabajos de indagación, tests online, o perfeccionar tareas que ya controlan previamente. Esto favorece que se puedan realizar de forma autónoma, y además reduce el estrés.
Mejor que la mochila llena
En todo caso, en lo que sí coinciden los expertos es en que la efectividad del sistema educativo no depende de los deberes, sino de la calidad del profesorado. En Visible Learning, una investigación científica basada en el metaanálisis de más de 800 estudios universitarios, John Hattie,  profesor y director del Instituto de Investigación en Educación de la Universidad de Melbourne, Australia,  plantea que son las diferencias en los profesores  “las que marcan la diferencia en el aprendizaje de los estudiantes. Los deberes en los que el profesor no participa activamente no contribuyen al aprendizaje de los estudiantes”. En otras palabras, lo que realmente influye en nuestros hijos es un buen docente y no una mochila cargada de deberes.
La mejor ayuda es no ayudar
A la hora de hacer la tarea concreta, la mejor ayuda suele ser no ayudarles. Al menos, no desde un estilo controlador, como el de esos padres que preguntan “¿Qué deberes tenemos hoy?” en lugar de “¿qué deberes tienes?”. En abril de 2019, el Observatorio Social de La Caixa presentó un informe sobre la implicación de los padres en la educación, que concluía que los alumnos con familias más controladoras y menos comunicativas presentan peores resultados escolares. Sin embargo, los mejores resultados –con casi medio curso escolar de ventaja– se dan en aquellas familias que fomentan la autonomía de sus hijos y el diálogo en casa sobre su evolución escolar y sus amigos, sin centrase en aspectos concretos de los deberes. “Que un niño pida puntualmente ayuda para hacer los deberes no es malo”, señala Rubén Fernández-Alonso, profesor de la Universidad de Oviedo y uno de los autores del trabajo. Y añade: “Lo que hay que intentar es que los niños sean lo más responsables posibles. Lo ideal sería que todos los deberes pudieran realizarse de forma autónoma por los chicos, tengan la edad que tengan”.

 

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